LOS ÁRBOLES JAPONESES Y SU MADERA: CÓMO RECONOCERLA

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Japón es sin duda uno de los países con más árboles del mundo. Para los japoneses, los bosques siempre se han considerado sagrados, y en la Antigüedad eran venerados como lugares de morada de los kami (dioses) y se creía con firmeza que traían bendiciones a los seres humanos.

A pesar de las catástrofes y de la mano humana, Japón sigue siendo una de las regiones más verdes del planeta, y cuenta con 24,91 millones de hectáreas de bosque, o lo que es igual, el 66,8% por ciento de su territorio.

Los árboles de Japón son muy apreciados no solo por su belleza, sino por las propiedades de su madera, su color y su olor. Cuando veáis un objeto de artesanía japonesa, es interesante saber con qué madera está confeccionado, pues son muchos y muy variados los árboles japoneses.  Este es nuestro objetivo hoy. ¡Conozcamos algunos!

Cedro japonés (Sugi)

Cedro en Hakone, Kanagawa. © ernie

Nombre botánico: Cryptomeria japonica. Es un árbol de hoja perenne, con diferencia el más cultivado en Japón. Enorme, llega a medir 70 metros de alto y a tener 4 metros de diámetro en su tronco. Gracias a su rápido crecimiento, su cultivo es extensivo, y es utilizado comúnmente para repoblar áreas deforestadas. Se desarrolla muy bien en suelos profundos y bien drenados sujetos a climas templados y húmedos, en cambio, sufre en tierras pobres y calcáreas de los climas secos. Sus hojas son pequeñas, finas  y con forma de aguja.

Hojas de cedro japonés. Imagen de dominio público
Gran Cedro de Kayano. © Namazu

Se dice que el cedro es el árbol nacional de Japón, y se le puede ver rodeando templos y santuarios con su impresionante talla. Famoso es el Sendero de Sugi que conduce al santuario Tôshôgu de Nikko, consagrado al shôgun Tokugawa Ieyasu. Esta avenida de cedros, de 65 kilómetros de longitud, fue el regalo que un daimyô humilde presentó a Ieyasu como prueba de su lealtad. También es célebre el gran Cedro de Kayano, que es el más antiguo de Japón (2.300 años) y mide casi 55 metros de alto.

 

La madera de cedro sugi es suave y clara, ligera, de baja densidad y muy resistente a la lluvia, la nieve y los insectos. Se utiliza para la construcción ligera y aplicaciones de mobiliario, entre ellas los baños japoneses (furô), por la fragancia que desprende. Es esa misma fragancia y naturalidad la que hace del cedro el material perfecto para confeccionar tablillas  para el sushi o recipientes de bentô (comida para llevar).

Ciprés (Hinoki)

Ciprés japonés. © Ʃ64

Nombre botánico: Chamaecyparis obtusa. También de hoja perenne, es propio de climas templados, como el de Japón. Puede alcanzar los 35 metros de altura y 1 metro de diámetro de tronco. Se cultiva porque la madera que produce es muy resistente, e incluso se afirma que la fuerza y vigor de esta aumenta durante los 200 años siguientes a ser cortada. Sin embargo, se trata de un árbol de crecimiento lento, lo que encarece la adquisición de su materia prima.

© Hamachidori

La madera tiene un color que va del rosado al marrón, y su aroma tiene toques cítricos deliciosos. Además de fuerte, destacan sus propiedades antibacterianas y de absorción de humedad. Por tanto, es perfecta también para construir bañeras furô, un enser que en la actualidad se suele hacer de materiales sintéticos y que con esta madera de hinoki se convierte en un producto de lujo. No es raro ver también palitos de incienso fabricados con ella, pues tiene propiedades relajantes. El ciprés es, además, símbolo de la longevidad en Japón. El Santuario de Ise está confeccionado en su totalidad con ciprés.

Baño moderno hecho de ciprés. © Brad Beattie
Pintura horizontal de un ciprés sobre un fondo de nubes doradas, de Kanô Eitoku (siglo XVII). Imagen de dominio Público

Pino negro (Matsu)

El célebre pino negro de Omiya (Atami). Imagen de dominio público

Nombre botánico: Pinus thunbergiana. Se trata de un gran árbol que puede crecer hasta 40 metros si se dan las condiciones, pero generalmente es más pequeño, sobre todo cuando crece en las dunas de la playa, un hábitat común. No obstante, en algunos santuarios japoneses pueden llegar a alcanzar 66 metros. Este árbol es inconfundible, ya que luce una amplia copa en forma de cúpula en los ejemplares más antiguos, que ha sido representada mil veces en las pinturas japonesas. Sus hojas se distribuyen de dos en dos en agujas, de color verde oscuro y de hasta 12 centímetros de largo. Estas agujas son muy densas  en los árboles sanos y jóvenes.

Agujas de un pino. ©Kim Starr

Aparte de las dunas, este pino se encuentra en los interiores de Japón, dentro de los lechos rocosos y de las montañas hasta un nivel de 1000 metros, por lo que deduciréis que es un árbol muy apto para climas secos y extremos. Aunque hace siglos se aprovechaba en abundancia su madera, hoy día se ha frenado su tala por temor a la deforestación. La madera de pino es amarillo-rojiza, blanda aunque con muchas enervaciones, por lo que no es demasiado flexible. Actualmente se construyen con ella algunos instrumentos musicales. Pero sobre todo, el pino negro tiene un gran éxito como bonsái, donde alcanza cotas de belleza extraordinarias.

Bonsái de pino negro. ©Sarah Stierch

El pino representa en la cultura japonesa la longevidad y la virtud, pero también se asocia con la masculinidad y el poder. Su nombre japonés, matsu, significa también “esperar que el alma de un dios descienda del cielo”, por eso el pino está asociado con el Año Nuevo en Japón, gracias al adorno ritual kado-matsu (“pino de puerta”) que todo japonés coloca a las puertas de su hogar.

Zelkova (Keyaki)

Zelkova. ©Entre Semillas

Nombre botánico: Zelkova serrata. De la familia de los olmos, este árbol es endémico en Japón (además de China y Taiwán). Su hoja es caduca, ancha y aserrada, de color limón, aunque en otoño se convierte en amarilla o anaranjada antes de caer. Puede llegar a los 30 metros de altura, aunque su tronco, comparado con la totalidad, es corto, ya que su copa suele ser grande y abovedada. Este árbol requiere sol, parcial o total, y prefiere suelos húmedos y bien drenados. Por ello no es aconsejable para zonas muy frías, que pueden constituir una amenaza de muerte progresiva de sus ramas.

Hoja de zelkova. ©KENPEI’s photo
Mueble “tansu” hecho con zelkova. ©Kuraya Antiques

Su madera es de color amarillento, especialmente dura y resistente. Se trata de una madera cara, Dado que lleva muchos años hacer que un ejemplar de zelkova consiga un tronco ancho. Pero aún hoy día en Japón hay sectores que aprecian la madera de zelkova para fabricar tansu, el famoso mueble con cajoneras que vemos en muchas casas tradicionales japonesas. También se usa para elaborar esculturas, y cómo no, se cultiva en bonsái. Como curiosidad, os decimos que la zelkova es el símbolo de la Prefectura de Saitama.

Cerezo (Sakura)

Cerezo en el Parque de Juan Carlos I, Madrid (España). ©Gonzalo Vázquez

Nombre botánico: Prunus serrulata. Es el árbol símbolo de Japón. Qué no se ha dicho del sakura… El cerezo japonés puede alcanzar los 7 metros de alto, mientras que otros crecen a 15 metros de altura, dependiendo de su variedad y de que se le dé el hábitat adecuado. También existen especies enanas. Los cerezos japoneses crecen bien en suelos ácidos, con buen drenaje. Y si los plantamos en una zona de pleno sol, su floración será más abundante.

Detalle de flor de cerezo, Tohoku (Japón). ©Tomoyuki Kawashima

Las hojas del cerezo son simples y oblongas, con filo dentado. En cuanto a la flor, también sabemos muchas cosas. Suelen ser blancas o rosas, dependiendo de la variedad, de entre 2 y 3 cm de diámetro, formadas por haces de 2 a 6 pétalos. La flor de cerezo, tan bella y delicada como es, muere a la semana de haber florecido, por lo que se la compara con la vida del samurái: efímera.

La madera de cerezo se usa para fabricar muebles y algunos accesorios de construcción. Pero pocos conocen que su corteza es uno de los elementos más valiosos, sobre todo para los habitantes de Kakunodate (prefectura de Akita, al norte de Japón). Ellos fabrican kabazaiku, es decir, artículos hechos exclusivamente con corteza de cerezo a base de superposición de capas y con una cola natural que les da un acabado suave y a la vez rústico: recipientes para guardar el té, bandejas, ceniceros y pequeños muebles son una fuente de riqueza para esta pequeña ciudad septentrional japonesa.

Chazutsu o recipiente de té hecho con corteza de cerezo. ©Kayopos

La corteza utilizada en los productos kabazaiku proviene de cerezos silvestres, pues la que crece en los cerezos cultivados no es lo suficientemente resistente. La corteza de cerezo se cosecha en agosto o septiembre, justo después de la temporada lluviosa de Japón, que por lo general la deja más flexible y fácil de eliminar. Se corta y pela de los árboles en tiras, y se considera que es un material ecológico porque los árboles lo regeneran.

Paulonia (Kiri)

Paulonia. ©Jean Pol Grandmont

Nombre botánico: Paulownia tomentosa. Caducifolio, se trata de un árbol impresionante por su belleza, de copa grande y frondosa y flores espectaculares. Es originario de China, pero por su fácil cultivo se da en abundancia en Japón y Corea desde tiempos antiguos. La paulonia, llamada también “árbol de la Emperatriz”, suele crecer hasta los 27 metros de altura, con tronco de entre 7 y 20 metros de diámetro. Se distingue por sus grandes hojas, que llegan a los 40 centímetros de ancho.

Como antecedente, os cuento que se llama kiri (“cortar”) en japonés, porque se considera que este árbol crece más rápido si se poda con frecuencia. Pero la leyenda se remonta a China. Antiguamente, cuando una niña nacía, existía una vieja tradición de plantar un “árbol de la Emperatriz”; se pensaba que su crecimiento acompañaría al de la niña y cuando ésta fuera pedida en matrimonio, el árbol se cortaría y se usaría su madera para artículos de carpintería para su dote.

Paulonia con flores. ©Petr Filippov

La paulonia tiene unas propiedades ecológicas inigualables: absorbe más CO2 que otros árboles y expulsa más oxígeno al exterior, gracias a un particular metabolismo. Además, se adapta a suelos pobres, sobrecultivados o contaminados con sustancias sintéticas o hidrocarburos, y los recupera en poco tiempo. También se desarrolla a gran velocidad, por lo que se trata de un producto rentable, al ahorrar agua de cultivo a largo plazo.

Su madera es muy clara, ligera, flexible. Tan tierna que se la considera una especie de “joya” de la carpintería. Y lo más interesante de todo es que es la madera de paulonia la más apreciada para construir instrumentos musicales en China y en Japón. ¿Sabíais que el koto (arpa japonesa) se fabricaba hasta mediados del siglo XX con esta madera?

Koto del siglo XIX elaborado con madera de paulonia. ©Museum of Fine Arts Boston

 

Referencias bibliográficas

Hays, Jeffrey. Japanese Forests, forestry and Japan´s rice paddy ecosystem. Facts and details, 2009

Wetherille, Kelly. A Japanese Craft Founded on Samurais and Cherry Trees. The New York Times, 2013

Marimar, Marimar. La revolución del kiri, el árbol que puede salvar al mundo. El Blog Verde, 2018

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