CONOCIENDO BUNRAKU (I): ENTREVISTA A KANJURO KIRITAKE III

(Photograph: Kanjuro Kiritake III. All rights reserved)

BUNRAKU es el nombre por el que se conoce al teatro de títeres tradicional de Japón. Originado a finales del siglo XVII en la ciudad de Osaka, este arte combina el canto narrativo con la música de cuerda del shamisen, y unos títeres movidos por tres hombres que les dan vida y una expresión supra-humana. El teatro bunraku es Patrimonio de la Humanidad desde 2003.

KANJURO KIRITAKE III lleva más de 50 años dedicado al teatro bunraku, siendo en la actualidad el más renombrado maestro de su generación. Hijo de un Tesoro Nacional del Japón, ha llevado sus títeres por decenas de países, entre ellos España. Con conferencias, como la que acabamos de disfrutar en Madrid, con la representación de obras, y las actividades benéficas que lleva a cabo a través de la ONG que preside, pretende llevar el refinado y emocional teatro bunraku más allá de Japón.


 

Tres menos cuarto de la tarde. Mi compañero Jorge y yo cruzamos la calle de Atocha de una forma poco ortodoxa, pues nos preocupa llegar a tiempo a nuestra cita en el Hotel Catalonia. Voy a entrevistar a Kanjuro Kiritake III, el más conocido de los artistas de títeres de Japón. En el País del Sol Naciente se toman muy en serio el teatro bunraku, y sus artífices son leyendas vivas. Para mayor gloria del arte. Y para bien de los que lo amamos con pasión.

Tras constatar que hemos sido los primeros en llegar, examinamos el hall del hotel y, junto a la pared, bromeamos.  Cuando vamos por el tercer chascarrillo, aparece Risa. Ella es la responsable cultural de la Fundación Japón, por cuya mediación hablaremos con el maestro. Risa nos saluda de forma impecable. “Discúlpame, María Jesús. El maestro tiene poco tiempo, por eso te comenté que teníamos solo veinte minutos.” Al poco, se nos une Kosuke, nuestro intérprete, con quien suelo coincidir a menudo. Ya estamos todos. Eso sí, falta sensei.

Kanjuro Kiritake III .

A las tres en punto exactas, se abre el ascensor. Kanjuro Kiritake III, que dio vida a la bella Ohatsu de Los amantes suicidas de Sonezaki en nuestra ciudad allá por 2013, es un hombre elegante y sencillo, que viste de gris lápiz y blanco. Se acerca a nosotros. Risa nos presenta, y el maestro me hace una reverencia enorme que no merezco. Hecho esto, tomamos un pasillo que conduce a un salón. “¿Quieren un muñeco para hacer fotos…?” pregunta el señor Kanjuro. Le he entendido perfectamente (sé algo de japonés). Ante el silencio de todos, le digo yo con prudencia: “Kashira?” El maestro manda a su ayudante ir a por una cabeza de títere.

 

JE: ¡Oh! Es precioso. Se trata de un prototipo de héroe, ¿verdad?

KK: Esta es una cabeza bunshichi, que se usa para interpretar el rol de samurái. Y en efecto, es un héroe.

Bunshichi (así le bautizo) es tremendamente expresivo. De una delicada madera y con la piel blanca, su cara es de pocos amigos. El maestro coge al kashira y lo mira con cariño. Luego lo deja sobre la mesa, junto a nosotros. A Bunshichi parece no gustarle, pero es lo que hay. Comenzamos la entrevista.

 

JE: Maestro, es un honor para mí y para Japan´s Eye que haya accedido a hablarnos de su maravilloso arte. Bunraku es el término con el que se conoce comúnmente al teatro ningyô jôruri, que significa literalmente “canto con títeres”. Esto marca una diferencia esencial con respecto a otros géneros de títeres del mundo, porque se compone de tres elementos: el canto narrativo, la música de shamisen y el movimiento de los títeres. ¿Nos podría explicar qué función cumplen cada uno de estos tres elementos?

KK: Los tres elementos que menciona son los más importantes, todos ellos esenciales. Dentro de ellos podría decirse que katari, la narración, tiene mucho peso. Katari, junto con el shamisen, lo que hace es crear un mundo, y en ese mundo actúan los títeres. Desde Edo la narración tiene un papel central, aunque esto no va en demérito de los otros dos componentes; de hecho nosotros conocemos a los tres elementos como sangyô. Los tres han de tener fuerza en favor del conjunto, y cuando esas tres fuerzas confluyen, surge el arte escénico que ven los espectadores.

 

JE: El escritor de teatro japonés Toshio Kawatake afirmaba que los títeres de bunraku son “súper-humanos”, porque su expresividad no conoce límites. Pero lo extraordinario de esto es que el títere es manejado por tres operadores. ¿Nos podría explicar brevemente cuál es el cometido de cada uno de estos tres hombres y cómo se coordinan para que el personaje sea armónico, auténtico y realista?

KK: El manejo por tres personas en el bunraku se llama san-nin-zukai. Esta modalidad se creó en 1734 en Osaka y a los dos años ya estaba asumido por todos los teatros de Japón; además, en la actualidad este tipo de manejo está extendido internacionalmente a otras formas de teatro con títeres. Desde que se adoptó esta forma en Japón, no ha cambiado. En primer lugar está el omozukai, que es quien maneja la cabeza (kashira) y la mano derecha del títere; después junto a él se sitúa el ashizukai, quien con las dos manos maneja las piernas, y por último el hidarizukai, quien manipula la mano izquierda del títere. Antiguamente, cuando el manejo se realizaba con un solo operador, los títeres eran más o menos la mitad de altos de lo que son ahora, pero, al adoptarse la nueva forma de manejo, los títeres crecieron considerablemente de tamaño. Creo que esta técnica de san-nin-zukai ha resultado muy valiosa e interesante para nosotros, y desde un punto de vista personal aplaudo su creación. Hay que destacar que todo titiritero comienza estudiando ashizukai, para lo que debe invertir diez años; otros diez o quince más para ser hidarizukai, y tras esto, convertirse en omozukai. Por tanto, son por lo menos de veinticinco años de práctica lo que debe invertir una persona para adquirir las habilidades que le permitan interpretar a un personaje protagonista de bunraku.

Y ¿cómo se coordinan los tres operadores? Todos se mueven por las indicaciones del omozukai. Como naturalmente estamos en escena y no se puede hablar, estas indicaciones son gestos, señales no verbales que sólo los titiriteros conocen.

 

JE: Una de las cosas más llamativas es que el omozukai, o titiritero en jefe, tiene siempre un rictus muy serio mientras el títere se mueve. Este está expresando multitud de emociones, y el omozukai, que en teoría es el artífice de esas emociones, muestra siempre una cara muy rígida, de palo, vamos. ¿Por qué? ¿Es un recurso?

KK: Sí, forma parte de la enseñanza. A mí también mi maestro me indicaba que no debía mostrar mi expresividad personal. Cuando era joven, y tenía que realizar en el títere algún movimiento que reflejase enfado, yo también me enfadaba con él; cuando el títere estaba triste, yo también me ponía triste… (Ríe). Pero con la práctica he conseguido respetar la regla de mis maestros. Si voy a mostrar mis emociones, ¿para qué quiero un títere?

 

JE: ¡Vaya! Es una técnica, pues, para volcar todas las emociones en el títere.

KK: Exacto. Y mi mano izquierda es quien debe transmitir esas emociones.

 

JE: En cuanto a la temática del teatro bunraku, existen las obras de tema histórico (jidaimono) y las sewamono, dramas del pueblo llano en el siglo XVIII, lo más parecido a los los “dorama” en Japón o las series de televisión. ¿Cuáles son a su modo de ver, las historias que conectan más con el público actual, o las que tienen más éxito?

KK: Los dos tipos son populares. La única diferencia es que las obras sewamono son muy abundantes y más fáciles de comprender, de modo que para las personas que se inician en el bunraku o lo ven por primera vez, quizá sea más fácil conectar con sewamono. Por otro lado, los jidaimono son historias que gustan por su profundidad y su importancia histórica. Así que no creo que estemos ante un género más popular que otro. Por cierto, a mí me encantan los dos (Ríe).

 

JE: Para terminar. Aparte de la breve visita que va a realizar con la actuación de esta tarde en Matadero Madrid, y la misma que hará mañana con motivo de la Semana Cultural Japonesa de Salamanca, ¿para cuándo cree que tendremos una obra completa de bunraku organizada e interpretada por usted, o un workshop, para que todos los que amamos el bunraku podamos aprender más aspectos o bien se capten nuevos talentos para el género? ¿Cuándo cree que volverá?

KK: A mí me encantaría hacer algo, por supuesto. Y estaré feliz de aceptar las propuestas e invitaciones que me hagan al respecto. El próximo otoño estaré de nuevo en Francia, así que…

 

El maestro nos mira a mí y a Kosuke de hito en hito. Me siento invadida por una enorme responsabilidad. ¡Si de mí dependiera…!

 

JE: Sensei, de nuevo muchas gracias por haber estado con nosotros. Deseamos sinceramente que siga la estela de triunfos en su carrera y que el evento de esta tarde sea un éxito. Lo disfrutaremos, sin duda.

KK: Muchas gracias. Yo también espero que la actuación de Salamanca, y esta de Madrid, sean un primer paso para eventos futuros.

 

De pronto, Kanjuro coge la cabeza de Bunshichi y me la tiende.

KK: ¿Lo sujetas?

JE: ¡Sí! A ver…¡huy! Si le he visto hacerlo. ¿Hay que empujar?

Pretende que ejerza de omozukai. Yo toco la palanca que hay detrás del dôgushi, el “cuello” del títere, para moverle los ojos. Nada, aquí no se mueve nada… El maestro constata mi falta de luces. Yo río de puro nervio.

JE: Madre mía, que torpe soy.

KK: Ahora las cejas.

 

El samurái, por fin comienza a mover los ojos. Luego las cejas. Este títere tiene una cara de enfado adorable. Todos los presentes se ríen.

JE: Maestro, esto es un privilegio para mí.

Nuestro tiempo se ha acabado. El señor Kanjuro tiene una larga tarde por delante. Así que nos hacemos la última foto juntos, y emito un “Hasta luego, maestro, ganbatte kudasai!”. No sé si he dicho bien. Pero el maestro nos sonríe. Parece tranquilo y satisfecho.

 

Créditos

Entrevista y redacción: María Jesús López-Beltrán

Fotografías: Kanjuro Kiritake III, Jorge Salvador, María Jesús López-Beltrán

Traducción simultánea: Kosuke Nakamori


NUESTRO AGRADECIMIENTO

Nunca tendremos palabras suficientes para agradecer al maestro Kanjuro Kiritake III (y por extensión a todo su equipo), su gran generosidad al atender a Japan´s Eye.  Gracias también a Fundación Japón y a su representante Risa Imamura por su amabilidad y disposición a ayudarnos a hacer este reportaje. Y muy agradecidos a Kosuke Nakamori, que ha hecho la traducción simultánea para nosotros.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Magnífica entrada, María Jesús. Muchas gracias.

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