CHINDÔGU Y ALGUNOS INVENTOS RAROS DE JAPÓN: ¿POR QUÉ?

Resulta recurrente, al menos una vez por año, encontrarte con el típico artículo sobre “inventos curiosos de Japón”por la red. Suelen ser objetos imposibles, cuya existencia sirve perfectamente para solucionar un problema determinado, pero que es absolutamente poco práctico para todo lo demás. En realidad, reciben el nombre de chindôgu (珍道具“herramienta extraña o deformada”) y no son objetos que en sí se comercialicen o se utilicen de forma cotidiana. De hecho, podría interpretarse como una forma de expresión artística propia de Japón y de la década de 1980 (si nos fijamos, la mayor parte de objetos seleccionados suelen aparecer en fotos de lo más retro). Y es que, ¿quién saldría a la calle con un paraguas que recicla el agua en una bolsa? ¿O usaría unos palillos con ventilador incorporado durante las comidas?

Sin embargo, sí existen utensilios japoneses que pueden llegar a resultar extraños (e incluso inútiles) desde el punto de vista occidental, pero que para ellos sí contienen un significado totalmente válido. Y tienen un uso cotidiano o perfectamente integrados en el imaginario colectivo nipón.

Es el caso de los Kit Kat, que en Japón se venden en múltiples sabores debido a su extensa popularidad. Ésta viene dada por el juego de palabras Kitto Katsu (きっと勝つ), que vendría a significar “ganarás seguro”. Por ello, suelen darse como regalo antes de un examen o prueba, a modo de amuleto. Es tanta la devoción por el Kit Kat en el país del sol naciente, que hasta han surgido sabores como el de wasabi, tofu de almendra o té verde; así como Kit Kat temáticos por determinados eventos, entre los que se encuentran Halloween o el florecimiento de los sakura (cerezos), a finales de octubre y en torno al mes de abril, respectivamente. Tal es la fama y la abundancia de estas chocolatinas que hasta tienen sus propias tiendas, dedicadas exclusivamente a los Kit Kat. Allí son toda una franquicia y se reparten a lo largo y ancho del territorio nacional.

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Cambiando algo de tercio, en Japón también nos encontramos con las ya famosas en todas las redes sociales “almohadas abrazadoras” (hizamakura). Estas son, como su propio nombre indica, almohadas que tienen forma de brazos y torsos humanos. En los casos más extremos, también los hay con la forma de pechos y piernas femeninos. En medio de la llamada “generación herbívora”, con jóvenes cada vez más desapegados de los contactos físicos y sociales reales en favor de los virtuales, no es de extrañar que puedan existir (porque hay demanda y se venden) este tipo de almohadas.

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Hablando de realidades virtuales, Japón también ha alcanzado nuevos horizontes en dicho campo. Hablemos, por ejemplo, de Miku Hatsune (初音ミク Hatsune Miku), una idol (アイドル, aidoru) virtual basada en la más pura estética anime. Con su pelo verdoso a la altura de los tobillos, ojos enormes azules y piernas y cintura imposibles, Miku Hatsune es capaz de llenar estadios enteros en el país nipón. No se puede tocar, evidentemente; pero sí ver y oír. El estilo que canta es J-Pop (ジェイポップ, jeipoppu), melodías pegadizas y simples con voz aniñada que sale del banco de datos del programa VOCALOID2, VOCALOID3 y VOCALOID4. Todo pura tecnología y realidad virtual: en Japón la cantante de moda no es Lady Gaga, sino Miku Hatsune. Debido a dicho éxito, le han seguido otras idols virtuales más, pero sin haber alcanzado los mismos niveles de fama.

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Si seguimos tirando de la cuerda tecnológica, muchos amantes (y no tanto) del país del sol naciente habrá oído hablar de los famosos baños públicos. Son todo un mundo aparte, otra galaxia: los váter tienen chorros de colores que limpian traseros, musiquita a elegir para evitar ruidos incómodos y olores variopintos (ninguno desagradable, por supuesto). Pero una empresa japonesa, DoCoMo, ha dado un paso adelante: ahora también hay papel higiénico para nuestros smartphones. No puede ser menos en el mundo de la tecnología y el auge de la era digital. De hecho, en Japón la importancia del teléfono móvil es tal que ha llegado a suplantar (o casi) en el mercado a los ordenadores y videoconsolas de mesa. También tiene su lógica, puesto que el japonés promedio pasa la mayor parte de su tiempo fuera del hogar. Pueden llegar a trabajar 70 horas a la semana de media, contando las horas extra y sin añadir el tiempo que se tiran en el transporte público, que es a su vez considerable debido a las largas distancias en lugares como el gran Tokio. De este modo, mejor tener a buen recaudo y limpio tu teléfono móvil inteligente, el cual probablemente te acompañará a todas partes.

El hecho de pasarse tantas horas fuera de casa trae consigo, además, otros curiosos inventos como los llamados “salones de siesta”, donde nipones y niponas pueden echarse un descansito entre medias de la jornada laboral (que, como decíamos, puede llegar a prolongarse más allá de las ocho horas diarias habituales). Es el caso del Ohirune Café Center, en Tokio, que además dispone de camas con sábanas blancas y hasta 14 tipos distintos de almohadas. El precio resulta bastante asequible (150 yenes, menos de 1,50 al cambio en euros, por cada 10 minutos de descanso) y ofrece asesoramiento y seguimiento del historial de descanso de los clientes. Teniendo en cuenta que Japón, con una media de 6 horas y 22 minutos de sueño al día en promedio (según la Fundación dedicada al Sueño de Estados Unidos), es el país desarrollado con menor cantidad de horas dedicadas al descanso, no es de extrañar que hayan surgido estos salones. De hecho, cada vez más empresas japonesas abogan por la siesta de entre 15 y 20 minutos en medio de la jornada laboral, puesto que se considera que ayuda a aumentar el rendimiento y la productividad del trabajador.

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Dentro de este estilo de vida típico del sararîman (サラリーマン, “hombre asalariado”, ejecutivo), es habitual, todavía en la actualidad, encontrarse con que la mujer dentro del matrimonio es la encargada de llevar las cuentas y la administración dentro de la casa. Para ello ya se inventó, en el año 1904, el “método Kakebo”. Denominado así por Motoko Hani (1873-1957), su inventora y una de las primeras periodistas y feministas en Japón, la idea es ir anotando los gastos para distintos apartados como la supervivencia, ocio, vicios o transporte, entre otros, en una libreta al más puro estilo agenda. Este invento, aparentemente muy simple, supuso toda una innovación en los hogares y en la vida doméstica japonesas, hasta el punto de llevar múltiples ediciones y formatos editados en el país del sol naciente. Si se piensa un poco más a fondo, puede llegar a resultar realmente útil para la mujer e, incluso, suponerle algo más de independencia a la hora de ahorrar dinero para sus propios gastos. Quizás esto a ojos de un occidental suene a algo anticuado, pero hay que tener en cuenta que en Japón, aún hoy en día, en más del 50% de los matrimonios es la mujer quien exclusivamente administra todas las cuentas del hogar. Es más: en ocasiones son ellas las que le dan al marido algo del dinero sobrante para sus propios caprichos, algo que allí es denominado okozukai (お小遣い).

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Otra característica en una parte de la juventud japonesa es su fijación por los rasgos occidentales, que para ellos suelen estar protagonizados por grandes ojos de diversos colores, prominentes narices y cabellos de formas y tonos que van mucho más lejos del negro caoba lacio. Evidentemente, solo una porción de esta juventud nipona querría parecerse a un occidental, pero para ello el mercado japonés también ha estado avispado, y es que en ciertos lugares pueden llegar a encontrarse “pegamento para ojos” y “varillas para la nariz”. Sin contar, claro está, los tintes de pelo (que abundan en cualquier lado). El objetivo se vislumbra claro: los ojos se buscan agrandados y la nariz más levantada. Como los de un occidental. O quizás como los de un protagonista de anime, que tampoco se queda muy a la zaga en el objetivo.

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Como vemos a partir de esta pequeña muestra, puede que en Japón haya objetos que a nosotros, occidentales, nos resulten provenientes de otra galaxia. Pero en la mayor parte de los casos tiene su propio lógica interna, dentro de la sociedad y cultura niponas. Otra cosa son los ya mencionados chindôgus, protagonistas de tantos artículos y entradas de blogs. Pero que, para la sociedad japonesa, continúan siendo tan divertidos, variopintos y poco prácticos como para los que estamos al otro lado del globo terráqueo. Como anécdota destacar que incluso llegaron a tachar, aún en la década de 1990, un objeto en concreto como de “inútil”: el palo para hacer selfies.

Otros “inventos curiosos” japoneses (y el motivo principal de su existencia) incluyen…

1.Pantalones con aire acondicionado,  para soportar las temperaturas veraniegas de Japón:
inventos-4_pantalones-ac_wwwblackiebookscom
2.La cabina-pecera, para relajar la vista de los transeúntes estresados de Tokio:
inventos-3_pecera_wwwblackiebookscom
3.La servilleta de la cortesía, porque a las japonesas les da mucha vergüenza enseñar la boca mientras comen una hamburguesa:
inventos-2_servilleta_wwwtrueactivistcom
5.Las sandías cuadradas, para facilitar su almacenaje en casa, ya que los hogares japoneses son muy pequeños:
inventos-5_sandia_wwwblackiebookscom

Para saber más

True Activist: Wackiest Japanese Inventions You Have to See to Believe

Nota

Todas las imágenes son de dominio público.

 

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