KAKURE KIRISHITAN: LOS CRISTIANOS OCULTOS DE JAPÓN

La breve pero convulsa historia del cristianismo en Japón se inicia a mediados del siglo XVI con la expansión de los imperios español y portugués por América y Asia.  El cristianismo llegó de manos de los jesuitas, encabezados por el navarro Francisco Javier, en 1549 y se asentó rápidamente en la isla de Kyûshû.

Durante las siguientes décadas y aprovechando la agitada situación del país (fue una época de guerra, Sengoku Jidai, 戦国時代) el cristianismo se expandió entre nobles y vasallos, al mismo tiempo que actuaba como vínculo facilitador al acceso de tecnologías bélicas europeas para los daimyô beligerantes.

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Estandarte de Amakusa Shirô, líder de los insurgentes cristianos en la rebelión de Shimabara (1637-1638), que muestra un cáliz con una hostia, flanqueado por dos ángeles, y la inscripción en portugués “LOUVAD[O] SEJA O SACTISSIM[O] SACRAMENTO” (Loado sea el Santísimo Sacramento).  (Wikimedia Commons)
Al finalizar la guerra civil y con la unificación del país bajo el mando del Shôgun Tokugawa sería ordenada la prohibición del cristianismo y la persecución de sus fieles en el año 1640.  De esta forma comienza la historia de los cristianos ocultos, los kakure kirishitan (隠れキリシタン), hombres y mujeres humildes que siguieron profesando sus creencias ocultándolas a los ojos de todos.

 

Durante 200 años los kakure practicaron su fe a escondidas, incluso entre sus distintas comunidades.  Fruto del miedo a los estrictos castigos a los que se exponían, la discreción nacida propició una gran diversidad de grupos y ritos.  Es por esto que no podemos hablar de una religión kakure o una comunidad unificada.

El final del ocultamiento de estos cristianos y su readmisión en la iglesia católica se fue produciendo al mismo tiempo que la restauración Meiji se abría paso.  No obstante, diversos grupos situados en Ikitsuki (la información a continuación expuesta trata, principalmente, de las tradiciones de este), Sotome y las islas Gotô han continuado hasta nuestros días con sus ritos, sin adherirse a la doctrina de Roma; los llamados hanare kirishitan (o “cristianos separados”, 離れキリシタン).

 

Asimilación japonesa: cristianismo, budismo y sintoísmo

Este breve espacio de tiempo entre la llegada y la prohibición de los cristianos no permitió un profundo arraigo de la nueva religión, y tampoco ayudó la posterior ilegalización (la cual afectaba, explícitamente, a la posesión de imágenes y libros).  Fruto de esta situación y de la carencia de guías religiosos instruidos (además de la suma de la indigenización del cristianismo como método de promoción entre culturas distintas a la europea), los japoneses que continuaron con su nueva fe fueron poco a poco mezclando aspectos de las otras religiones implantadas en el país: el budismo y el sintoísmo.  Es así como nacen las extrañas oraciones kakure que mezclan portugués del siglo XVI con japonés, transmitidas de forma oral de generación en generación.

El sincretismo producido va más allá de la expresión oral para alcanzar la imaginería religiosa o los distintos ritos.  De la primera encontramos ejemplos como las imágenes de la diosa Kannon tomadas del budismo para representar a la virgen María, así como la representación de Cristo en figuras budistas de Jizô, o la caracterización del diablo en la imagen del dios sintoísta Tengu.

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Una pequeña figura de la diosa budista Koyasu Kannon, asociada al nacimiento y crianza de los niños, utilizada para simbolizar a la Virgen María con el niño Jesús.  Este tipo de imágenes permitieron a los kakure continuar sus adoraciones sin levantar sospechas. (Wikimedia Commons)

Estas imágenes, junto a otros objetos, son los llamados nandogami (納戸神) o nandosama (納戸様), y representan el centro o foco de culto en la tradición kakure.  Por nandogami se entiende objetos o utensilios de armario, pues su localización era esta, a fin de evitar su contemplación por personas ajenas a la comunidad.

Las figuras descritas, además de dibujos en rollos de papel, pertenecen a la categoría gozensama (御前様).  Existen otras cinco categorías dentro de los nandogami:

  • El agua bendita, el recipiente para la misma y un pequeño palo o trozo de madera para rociarla sobre personas, objetos o incluso zonas del hogar, pues se supone que tiene propiedades medicinales y espirituales.
  • El otenpensha (オテンペンシャ), del portugués penitença, una cuerda de cáñamo utilizada en la época de Cuaresma para infligirse daño a uno mismo a modo de autodisciplina.
  • Los omaburi (お守り), o pequeños trozos de papel cortados con forma de cruz, usados como amuletos para proteger a personas, hogares o campos agrícolas.
Omaburi. (Foto: propiedad de la Prefectura de Nagasaki. Solo distribución no lucrativa)
Omaburi. (Foto: propiedad de la Prefectura de Nagasaki. Solo distribución no lucrativa)
  • Los tamoto kami (たもと神), literalmente dioses de la manga, que eran objetos realizados en papel portados por los kakure todo el día a modo de nuestras medallas.
  • La última categoría de nandogami está compuesta por los ofuda (お札), o amuletos.  Eran pequeños piezas de madera con una cruz, números del 1 al 5, y algunos caracteres simples, utilizadas para el rezo del rosario.

En total seis categorías distintas donde se pueden observan elementos afines al budismo y sintoísmo, ya sea en su forma o significado, o bien en su utilización, facilitando la comprensión de cómo durante dos siglos y medio estos japoneses pudieron proteger sus creencias.

 

Principio y fin del kakure: ritos de bautismo y funeral

Dos ritos comunes a todas las comunidades kakure eran los de bautismo y funeral.  Además de la importancia intrínseca que tienen ya de por sí (dar la bienvenida a este mundo y facilitar el paso al siguiente), por su estructura y asimilación del sintoísmo y budismo son claves en la comprensión de estos japoneses.

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Gozensama de la anunciación de María por el ángel bajo la mirada de Dios. (Icons & Imagery Blog)

El bautismo otorgaba al niño o adulto un arima no namae (アリマの名前) o “nombre del alma”, y conllevaba una serie de normas para el kakure antes del mismo.  Estas incluían la prohibición de tocar animales, trabajar y tener relaciones sexuales.  Por supuesto, estas normas no tenían sentido en un niño, pero sí en un adulto, y más si tomamos en consideración que este rito se hacía coincidir con la ceremonia japonesa del nakae shiki, la cual parece ser que era utilizada para ocultar el rito kakure.

El rito del funeral era una mezcla de budismo y cristianismo, debido principalmente a la obligación (pasada) de todo japonés de inscribirse en un templo budista durante el periodo de persecución y a realizar un funeral por esta religión para demostrar, también, que no era cristiano.  Durante el mismo, oficiado por un monje budista, los kakure aprovechaban para entonar oraciones y así facilitar el viaje del fallecido al paraíso (oraciones, como ya se ha mencionado, mezcla inconexa de portugués y japonés).  Por último, antes de dar sepultura a la persona, se abría el féretro y se cambiaban objetos budistas por otros cristianos (cruces  y rosarios).

 

El cristianismo japonés en la actualidad

Actualmente, y según datos oficiales, la población católica de Japón asciende a poco más de medio millón de personas.  Esto convierte al catolicismo en una religión muy minoritaria.  La libertad de culto está protegida por la constitución nipona, y desde 1942 existen relaciones diplomáticas entre Japón y el Vaticano.

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Japoneses católicos. (Foto: Foros de la Virgen María)

Respecto a los kakure, o hanare, en la actualidad han casi desaparecido.  La avanzada edad de sus miembros junto con los movimientos de emigración a las ciudades producidos a lo largo del siglo XX (y especialmente en la segunda mitad) han llevado a esta situación.  Como legado nos quedan diversos estudios académicos (libros incluidos) y un documental (Otaiya) sobre los ritos de los kakure de las islas Gotô.  Un triste final para más de 200 años de silenciosa resistencia.

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Iglesia católica de Ôura, en Nagasaki (Wikimedia Commons)

Para saber más:

BIBLIOGRAFÍA:

Harrington, A.M., “The Kakure Kirishitan and their place in Japan religious tratidition”, Japanese journal of religious studies, Year:1980 vol.:7 iss:4 Pàg.:318

Toyama, I., “Dual Funeral Services: Compatibility and Consistency in the Dual Religions of Japan’s Kakure Kirishitan”, Research Institute of St. Andrew’s University, Year: 2014 vol.:40 iss:1

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