SUICIDIOS POR EXCESO DE TRABAJO EN JAPÓN

Matsuri Takahashi se suicidó en diciembre de 2015 a los 24 años. (Foto: The Japan Times)
Por Ko Tazawa

Traducción de María Jesús López-Beltrán

En la Sección Internacional de este diario del 30 de diciembre de 2016 salió publicado un artículo titulado “Dimite el presidente de una empresa nipona por el suicidio de una trabajadora. Tadashi Ishii abandonará el cargo en la agencia de publicidad más grande del país un año después de la muerte de una empleada de 24 años por exceso de trabajo”. Y el artículo explicaba después: “Japón tiene una palabra para hablar de la muerte por exceso de trabajo, karoshi“.

La joven se había suicidado tirándose de un cuarto piso. Parece que sufría una depresión causada por el exceso de trabajo. “¡Qué triste! ¡Qué tontería!” Un lector hace un comentario: “Ahora (el presidente) dimite y queda impune. Esto es homicidio, y la pena debe ser proporcional”. Esta es una reacción muy comprensible en el contexto europeo, porque al definir así karoshi, da la impresión de que la chica se veía forzada a trabajar como una esclava.

Hay mucho que matizar, sin embargo, para comprender qué es karoshi en realidad y cuál es la esencia del problema.

karoshi

 

Supongamos que tenemos un trabajo encargado por un cliente. Resulta que no podremos terminarlo antes del día convenido. ¿Qué haríamos? Hay tres opciones: decir al cliente que tardaremos un poco más a entregarlo, acabar el trabajo de cualquier manera y entregárselo dentro del plazo, o hacer muchas horas extras para cumplir el plazo. En la práctica, sin embargo, nuestro orgullo profesional no admitiría las dos primeras opciones. (Seguramente lo comprenderán los catalanes, que sienten una satisfacción mayor cuando han hecho bien un trabajo.) Además, este orgullo profesional no es solo personal sino de toda la empresa o incluso de toda la sociedad japonesa. Si no puedes respetar un plazo y si no puedes entregar un trabajo debidamente terminado, eres un perdedor.

La joven que se suicidó debía querer cumplir su deber como debía. Se había graduado en la universidad más prestigiosa de Japón, la Universidad de Tokio. Había entrado en una de las empresas en las que es más difícil de entrar en Japón. Cobraba un sueldo muy alto. Debía ser consciente de que la gente de alrededor, incluyendo su madre (que se había divorciado joven y que la había criado sola), esperaba una rentabilidad muy alta desde el primer día. Pero no podía responder a las expectativas. Se debía culpar a ella misma. No pudo encontrar otra salida que matarse… El último responsable es el presidente de la agencia. Sin embargo, no se trata de un caso de homicidio. Si se tratara de un homicidio, el autor sería la sociedad japonesa.

La gran expansión de la economía japonesa de los años 60-80 fue posible gracias a los sacrificios personales de trabajadores. Hicieron tantos esfuerzos que finalmente fueron llamados “animales económicos”. Algunos murieron por la fatiga física causada por el exceso de trabajo. Sin embargo, trastornos psíquicos había menos que ahora. Debía ser porque el sistema de trabajo era diferente. El sistema era vitalicio: es decir, una vez colocada, una persona trabajaba durante toda su vida profesional en la misma empresa. Había una jerarquía bastante fija y los superiores observaban y cuidaban bien los trabajadores de rango inferior. Trabajaban muchísimo, pero alguien les ponía límite para que no sufrieran demasiado estrés.

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Con la globalización de la economía, las empresas japonesas comenzaron a adoptar el sistema occidental y el empleo se hizo mucho menos estable. El compañerismo se volvió más escaso y los trabajadores eran cada vez más individualistas, y no tenían a nadie con quien hablar cuando tenían problemas.

Este sistema funciona en Occidente porque su sociedad tiene mucha tradición. En cambio, en Japón adoptarlo suponía hacer cambios radicales en la moral profesional y la mentalidad de los trabajadores. Comenzaron a surgir críticas contra la globalización justamente cuando se notaba el aumento de trastornos psíquicos causados por el exceso de trabajo. Mucha gente pensaba que era mejor el modelo de antes, pero ya era demasiado tarde. Un sistema abandonado, difícilmente puede ser recuperado. El caso de la chica llamó mucho la atención porque era joven, guapa, inteligente… pero ha habido muchos más casos menos comentados.

El presidente de la agencia de publicidad dijo, cuando anunció su dimisión: “El tiempo que una persona tiene no es ilimitado.” Lo sabemos todos, pero no hemos podido encontrar una solución aceptable al problema con la crisis económica y la competencia internacional que hay. La muerte de la chica ha puesto de manifiesto, de nuevo, que la sociedad japonesa está enferma y sufre.

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Ko Tazawa es filólogo especializado en lengua catalana y reside desde hace más de 30 años en Barcelona.

 

Texto original: Ko Tazawa. Extracto del artículo Publicado en el diario Ara el 8 de enero de 2017

Traducción: María Jesús López-Beltrán

Imágenes: Seleccionadas por María Jesús López-Beltrán, de The Japan Times y http://www.ara.cat)

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