LA DIPLOMACIA DE PREGUERRA JAPONESA EN LA VISIÓN DE ERI HOTTA

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Portada del libro de Eri Hotta.

Actualmente, con la creciente escala de tensión en la que vive la política internacional, resulta cada vez menos sorprendente el ascenso al poder de personas que utilizan el elemento patriótico como vía para suplir carencias en su discurso, ya sean ideológicas o simplemente de mensaje. El caso de la II Guerra Mundial no fue diferente. Todas las piezas del tablero, en mayor o menor medida, se aprovecharon del discurso nacionalista para apoyar su intervención en el conflicto. Unos lo hicieron para hacer grande su nación (Alemania, Italia), mientras que otros lo usaron en una situación de autodefensa (Gran Bretaña, EEUU, Francia).¿Qué discurso empleó Japón en el conflicto? Parece que Eri Hotta, la autora de JAPÓN 1941. EL CAMINO A LA INFAMIA: PEARL HARBOR, nos puede dar la respuesta.

 

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Eri Hotta nació en Tokio y fue educada en Japón, Estados Unidos y Reino Unido. Es licenciada en Historia por la Universidad de Princeton y doctora en Relaciones Internacionales por la Universidad de Oxford, donde ha impartido clases así como en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Su enorme bagaje académico queda plasmado en el libro del que vamos a hablar a continuación.

 

Recientemente os ofrecimos un artículo sobre lo que es la corriente dentro de los estudios japoneses de Nihonjinron que podéis leer AQUÍ. Eri Hotta no es ajena a esta corriente, sino que parece adoptarla a la hora de la explicación de un tema tan complejo como es la entrada de Japón en la II Guerra Mundial. Si bien su libro se centra en 1941, en los meses previos al bombardeo de Pearl Harbor, la historiadora se retrotrae varios años atrás para explicar todos los factores que llevaron al país a entrar en el conflicto.

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Principales protagonistas del Tratado de Portsmouth. (Fuente: https://laguerrarusojaponesa19041905.wordpress.com/)

 

Si bien lo lógico habría sido retroceder hasta la época Meiji para comenzar la revisión de acontecimientos, la autora se centra en los años posteriores a la I Guerra Mundial. Hotta es muy clara en esta introducción a los hechos: la aparición de Japón en el tablero internacional no se entendería sin la enorme industrialización a la que se sometió al archipiélago a finales del S.XIX y comienzos del XX. Esto fue lo que, junto al tratado anglo-japonés de 1902 (en el cual ambos países acordaban una colaboración y ayuda mutua) y a las victorias en las guerras chino-japonesa de 1894 (en la cual consiguieron establecer un protectorado en Corea y el control de Taiwán) y ruso-japonesa de 1904 (en la cual se consiguió que Rusia renuncie a Manchuria y que cediese la mitad sur de la isla de Sajalín, además del control del ferrocarril meridional de Manchuria) hizo que se ganase el respeto de las naciones occidentales.

 

El Periodo de Entreguerras y el camino hacia el conflicto

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El príncipe Fumimaro Konoe. Fuente: Wikipedia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El periodo de entreguerras se caracterizó por una relajación del sentimiento nacional, que había estado a comienzos de siglo a flor de piel por las intervenciones en el continente asiático. Esta situación se daba a que en los tratados de paz de la I Guerra Mundial Japón había obtenido el mismo estatus racial que Europa, a los cuales los representantes japoneses en las conferencias tildaron de racistas debido a los chistes recibidos.

Pero esa paz sería efímera, al comenzar en los años 30 la invasión de China contra el gobierno de Chiang Kai Chek, segunda guerra chino-japonesa, en la cual el ejército japonés cometió crímenes de guerra enormes como la Masacre de Nanjing. A pesar del tira y afloja constante que tuvieron Chiang Kai Chek y el presidente del gobierno Fujimaro Konoe en la diplomacia, EriHotta nos plantea a Konoe como un hombre dubitativo y débil, que provocó que la guerra se prolongase más de lo que hubiese gustado debido a su juego a dos bandas con el gobierno chino y con los embajadores estadounidenses.

Para Hotta, Konoe se mostró afín a las tendencias fascistas que comienzan a tomar fuerza en Alemania y partidario de la idea de un Gran Japón. Sin embargo, la autora no quiere inducir a engaño: la entrada del archipiélago en la II Guerra Mundial no se debía a un exaltado sentimiento patriótico de la sociedad japonesa, dado que el pueblo era el que sufría los esfuerzos por mantener en pie un conflicto en China infructífero. Además, el pueblo japonés estaba, en su mayoría, en contra de mantener conflictos bélicos tan lejos de su hogar. Contadas excepciones dentro del mundo de la cultura se manifestaron a favor de la guerra, y pronto se dieron cuenta de que su nación no estaba preparada para una guerra de tan larga duración.

En resumen, lo anterior nos da las claves para entender la entrada de Japón en la guerra: por un lado, la afinidad que determinados miembros del gobierno y del ejército más allá de Konoe tenían con losrégimenesnazi y fascista de Italia. Por otro lado, la tibieza del presidente y la incomunicación entre los miembros de su gabinete.Otro factor clave es el sentimiento anti yankee en contraposición con la cultura tradicional japonesa. Por último, la inoperancia del emperador Hirohito para intervenir en la toma de decisiones a lo largo del proceso entre diplomacia o guerra. Se le dejaba asistir a las reuniones pero no podía tomar parte en el conflicto, si bien dejaba clara su postura anti belicista en la voz de su secretario, que sí que podía manifestar la voluntad del emperador, aunque no tenía voz en las decisiones.

Hotta nos explica capítulo tras capítulo los pormenores de las negociaciones dentro del ejecutivo nipón, y cómo las diferentes carteras (tanto civiles como militares) se dedicaban a sabotearse las alternativas de paz.

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El emperador Hirohito

 

 

Conclusiones:

Japón 1941: El camino a la Infamia: Pearl Harbor es un libro muy interesante para entender las relaciones internacionales que tuvo Japón antes de incorporarse a la II Guerra Mundial. Si bien contextualiza perfectamente la situación de Japón desde comienzos del S.XX, se antoja demasiado generalista al hablar de las guerras chino-japonesa y ruso-japonesa (por ejemplo, no explica el contexto de ambos países para explicar la victoria japonesa), y pasa por encima la situación europea durante el conflicto (si bien explica parte del conflicto, siempre es en momentos puntuales en los cuales se basaron los militares y los diplomáticos para explicar una u otra tendencia a seguir de cara a un futurible conflicto).

El dominio de la autora de la situación política del momento hace, no obstante, que la lectura sea amena para aquellos lectores que estén dispuestos a sumergirse en un libro que, a simple vista, puede resultar denso. Pero no nos llevemos a engaño: EriHotta no busca entretener a un público medio de lectores, sino que es el resultado de una investigación exhaustiva.

Por último, y a modo de crítica personal, debo dar un tirón de orejas a la editorial Galaxia Gutemberg por la edición: en un libro de temática histórica, resulta imprescindible que las notas de la autora se encuentren a pie de página, y no en un apéndice al final del libro. Esto es por mera comodidad, para evitar tener que ir y volver a un lado y al otro del libro para entender determinados puntos de la lectura.

 

Para saber más:

Mikiso Hane. Breve Historia de Japón. Alianza. 2006.
Kaibara Yukio: Historia del Japón. Fondo de Cultura económica de España. 2000.
Nigel Cawthorne: Perdedores: testimonios de alemanes y japoneses durante la II Guerra Mundial. Sello editorial. 2011.
Ian Buruma: El precio de la Culpa. Duomo Editorial. 2011.

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