Cuentos de la luna pálida de agosto (Ugetsu monogatari, 雨月物語)

Hoy vengo a hablaros de una película que sin duda es considerada uno de los clásicos del cine japonés: CUENTOS DE LA LUNA PÁLIDA DE AGOSTO (UGETSU MONOGATARI, 雨月物語). Elemento que debería formar parte de la estantería de todo amante de la cultura nipona.

Cartel japonés de Cuentos de la luna pálida tras la lluvia. (Foto: Wikimedia Commons)
Cartel japonés de Cuentos de la luna pálida de agosto. (Foto: Wikimedia Commons)

Siglo XVI en Japón. Hay una intensa y cruenta guerra civil. Dos hermanos campesinos, uno de los cuales es un habilidoso alfarero, sufren la amenaza de la guerra y la pobreza y, cegados por el ansia de prosperar, deciden marchar a la ciudad. Genjurô aspira a convertirse en un artesano rico vendiendo sus piezas de cerámica, mientras que Tobei quiere ser samurái. En la búsqueda imprudente de sus sueños, abandonarán a sus mujeres y se dejarán seducir por tentaciones y peligros. Genjurô caerá bajo el hechizo de Wakasa, una misteriosa princesa.

 

UGETSU MONOGATARI, que llegó a España como Cuentos de la luna pálida de agosto o Cuentos de la luna pálida tras la lluvia (ugetsu significa literalmente “luna tras la lluvia”), se estrenó en 1953 y fue el octogésimo octavo film en la carrera del inmortal Kenji Mizoguchi. Ganó ex aequo el León de Plata al mejor director en el Festival de Venecia (premio que Mizoguchi tuvo que compartir con el francés Marcel Carné por Teresa Raquin), así como obtuvo nominación al Óscar por mejor vestuario en 1955.

Kenji Mizoguchi en 1953. (Wikimedia Commons)
Kenji Mizoguchi en 1953. (Wikimedia Commons)
Edición española de Cuentos de lluvia y de Luna (Trotta). (Foto: Amazon)
Edición española de Cuentos de lluvia y de Luna (Trotta).

Esta película (se dice) está basada en un par de cuentos de la antología del mismo nombre, Ugetsu Monogatari, obra del siglo XVIII publicada en nuestro país por Trotta bajo el nombre de Cuentos de lluvia y de luna y que desde aquí recomiendo con devoción porque se trata de un título imprescindible (en opinión de esta redactora) para conocer el origen del imaginario mítico y moral de Japón. El film, más que adaptar El caldero de Kibitsu y La impura pasión de una serpiente, se inspira en ellos, en cuanto que narran las desgracias y maldiciones de las mujeres abandonadas por sus amantes. Cuentos de la luna pálida de agosto es un relato fantástico de las miserias de la condición humana.

 

 

 

“Quien bien tiene y mal escoge, del mal que le venga no se enoje”

Esta película, al igual que el libro en que se inspira, compendia varios géneros propios de la cultura tanto japonesa como universal: fábula, leyenda de fantasmas (kwaidan) y relato costumbrista. Pero es ante todo un cuento moral, porque advierte de las consecuencias de la codicia, de desear más de lo que se puede tener, o quizá mejor, de cuál es el precio que hemos de pagar por conseguir nuestros sueños. Genjurô y Tobei van más allá de su legítima aspiración por ganar dinero, ignorando todo lo que dejan atrás, que es mucho más valioso. En el caso de Genjurô, su avidez le llevará a ser seducido por las fuerzas de la muerte, y en consecuencia condenará a su esposa a un triste destino. Hay un dicho español: “Cambiar el oro por la plata”, o como acuñó en una ocasión Cervantes: “Quien bien tiene y mal escoge, del mal que le venga no se enoje”.

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Genjurô en brazos de Wakasa. (Foto: IMDB)

Tampoco hay que olvidar que esta película, en la línea de otros trabajos de Kenji Mizoguchi, también es un drama costumbrista, un retrato crudo de la sociedad premoderna japonesa, con un mundo rural devastado por la guerra y sometido a las arbitrariedades de los señores feudales. Mizoguchi (quizá sin generalizar) hace una semblanza mordaz de los samuráis, hombres embrutecidos y violentos que matan sin motivo, roban y abusan de las mujeres… A este respecto, la escena de la violación en presencia de una estatua de Buda, tras mostrar un plano de las sandalias rotas de la mujer sobre la playa, es más que simbólico.

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Mujeres, almas en pena

Mizoguchi ha reflejado como nadie en el cine la siempre complicada y en muchos casos infeliz vida de las mujeres, asaltadas ayer y hoy por problemas derivados del comportamiento egoísta del hombre. La mujer de Mizoguchi es habitualmente pobre, un ser secundario y relegado a una misión “decorativa” y al servicio del su marido o padre, o incluso maltratada por un extraño en una sociedad machista como era la del Japón histórico (e incluso el de hoy). En Cuentos de la luna pálida Miyagi, esposa de Genjurô, afronta en soledad la crianza de su hijo Genichi en medio de una guerra mientras el marido anda enredado en su amor adúltero; por su parte Ohama, mujer de Tobei, es ultrajada de la peor forma posible, y la misma princesa Wakasa sufre el desengaño al conocer la verdad sobre Genjurô. Mizoguchi, de extracción humilde y tortuosa historia familiar, hizo un retrato veraz de la mujer en cintas notables y ya clásicas como Vida de Ôharu (1951, sobre una joven noble condenada por amar), La calle de la vergüenza (1956, acerca de la prostitución), o Historia del último Crisantemo (1939, sobre el mundo del kabuki, película que reseñaremos más adelante). En esta última cinta, el sacrificio de la mujer es la pura expresión del amor. Por eso se dice que las películas de Kenji Mizoguchi son al Japón femenino lo que las de Akira Kurosawa al masculino: pinturas de la vida.

Miyagi es abandonada por Genjurô.
Miyagi es abandonada por Genjurô en Cuentos de la luna pálida de agosto
Haru vive un amor imposible que la llevará a la perdición en Vida de Oharu, mujer galante (1952). (Foto: Wikimedia Commons)
Haru vive con Katsunosuke un amor imposible, que la llevará a la perdición en Vida de Oharu, mujer galante (1951). (Foto: Wikimedia Commons)

Un apunte interesante al respecto de la parte sobrenatural de Cuentos de la luna pálida. Quiero destacar que en la literatura clásica japonesa, que bebe en gran parte de fuentes chinas, muchos espectros y seres sobrenaturales son mujeres. Según el pensamiento antiguo chino (fundado en el Taoísmo), la mujer, incluso después de muerta y convertida en un espíritu, necesita mantener relaciones sexuales con un hombre porque la energía femenina (ying, sombra, tierra) necesita completarse con la masculina (yang, luz, cielo) para seguir viviendo. Ella se encuentra “abajo”, él “arriba”. Por eso la mujer, incluso después de muerta es ávida e insaciable, y no cesará en su intento de seducir hasta la muerte a cualquier hombre que le salga al paso. El caso más significativo de fantasma japonés femenino que seduce a los hombres es el onryô. Pero, real o fantasmal, la mujer es un ser que por encima de todo no deja de sufrir.

Onryô (fantasma femenino) en el teatro Kabuki. (Foto: Wikimedia Commons)
Onryô (fantasma femenino) en el teatro Kabuki. (Foto: Wikimedia Commons)

 

Las sombras cobran vida

Capítulo aparte merece la técnica de esta maravillosa película. Dado que se trata de un drama donde lo real y lo fantástico se mezclan, Mizoguchi hace un uso magistral de la cámara creando bellas transiciones entre lo terrenal y lo sobrenatural, a través de una fotografía con abundante juego de luces y sombras, acoplando la longitud de los planos a las emociones y acciones de los personajes. El uso de las tinieblas es inquietante, y cómo enfoca la luz hacia el rostro de los fantasmas deja sin aliento.

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Especial mención hay que hacer a esas escenas de misterio, donde hay resabios del teatro . La pieza del baile de seducción de la princesa Wakasa combina el sonido gutural y cavernoso de los cantos utai con danza, y  a ello se une una caracterización del personaje que recuerda a la máscara femenina del teatro antiguo japonés. La niebla, las puertas desvencijadas y rotas y otros elementos, contribuyen a crear una atmósfera pavorosa que contrasta con las escenas que transcurren en el campo o la ciudad y a plena luz del día; dos caras de la misma moneda: el mundo de los muertos y el de los vivos.

El parecido de Wakasa con una máscara de Nô es asombrosa. (Fotomontaje gracias a una foto de la web Nohmask21)
El parecido de Wakasa con una máscara de Nô es asombroso. (Fotomontaje realizado gracias a una foto de la web Nohmask21)

Podríamos seguir hablando del gran reparto de actores, todos muy notables en su interpretación, de su espectacular música, del simbolismo de la película y de sus muchos mensajes subliminales. Pero no acabaríamos. Dejo que simplemente, veáis y disfrutéis Cuentos de la luna pálida de agosto. Sin duda no la olvidaréis.

Y como siempre digo: el cine, a ser posible… en versión original.

 

Para saber más

Cuentos de la luna pálida de agosto. Ficha Filmaffinity

Conoce Japón. Mitología y folklore japonés.

Kenji Mizoguchi. Asiateca

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