LEYENDO A KAWABATA (II): LAS MÁSCARAS NÔ Y EL IDEAL DE JUVENTUD

Brenda Wong Aoki en una pieza Nô. (Wikimedia Commons)
Brenda Wong Aoki en una pieza Nô. (Wikimedia Commons)

El teatro es uno de los géneros dramáticos distintivos de la cultura japonesa. Su ancestral peculiaridad sigue representándose hoy en el país, pero cuenta en los últimos tiempos con una dinámica revitalización desde que lo nô se ha puesto de moda más allá del archipiélago, en un momento en el que el teatro clásico japonés empieza a influir en los ademanes y ritmos de los montajes contemporáneos más experimentales. El , como todo teatro, vive a costa de otras artes que, acompañando a la dramatización y la música, vehiculan su puesta en escena. El espectador de nô ha de prestar por tanto atención a la decoración, al vestuario, a la disposición del escenario. A su vez, el nô nutre e inspira a otras artes, como la pintura, a la que una sala municipal en Valladolid dedica estos días una interesante exposición, titulada Elogio del silencio: arte japonés y teatro nô, de la que podréis saber más en este enlace.

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Máscara de mujer donde se aprecian los dientes ennegrecidos y la preferencia japonesa por las cejas depiladas y pintadas cerca de la línea del pelo. (Foto: http://www.the-noh.com)

De todos los componentes del nô quizá sean las máscaras, o nômen, uno de los más afamados. Solía utilizarse como materia prima para su fabricación el ciprés japonés, y su acabado presenta un rango de calidades que las hace, en algunos casos, auténticos objetos de lujo poseídos solo por las mejores colecciones de arte. Yasunari Kawabata, que habitualmente sorprende al lector occidental con la introducción de elementos tradicionales japoneses, utiliza el motivo de las máscaras en su novela EL RUMOR DE LA MONTAÑA (cuyo argumento ya introdujimos aquí) y nos sirve de nuevo como un autor excelente para estudiar elementos de la cultura japonesa.

El fragmento en el que nos vamos a basar es protagonizado por Shingo y Suzumoto, un viejo amigo de la juventud. Recientemente ha fallecido Mizuta, otro de sus antiguas amistades, y la viuda de este le ha encargado a Suzumoto que valore tres máscaras de nô del fallecido. Sobre dos de ellas inician la siguiente conversación:

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Máscara “jido”, que representa a un niño. (Foto: http://www.wikimedia commons.org)

 

 

-Esta es la máscara jido, según me dijeron, y esta es la máscara kasshiki. Ambas representan a niños.

-¿Esto es un niño?

Shingo cogió la máscara kasshiki por la cuerda de papel que iba de oreja a oreja.

-Tiene el cabello pintado. ¿Lo ves? Con la forma de una hoja de ginkgo. Es la marca de un joven que no ha alcanzado aún la mayoría de edad. Aquí están los hoyuelos.

-¿Sí? –Shingo la sostuvo a la distancia de su brazo extendido-. Tanizaki, mis gafas, por favor.

-No es necesario, está bien así. Dicen que hay que sostenerlas un poco más arriba del nivel de los ojos con el brazo extendido. Y que para hombres viejos como nosotros es mejor inclinarlas un poco hacia abajo y verlas difusamente.

-Se parece mucho a alguien que conozco. Es muy realista.

-Inclinar ligeramente hacia abajo una máscara de Noh se denomina “nublarla” –explicaba Suzumoto-, pues la máscara adquiere un aspecto melancólico; volverla hacia arriba es “iluminarla”, pues su expresión se vuelve brillante y feliz. Dirigirla hacia la izquierda o hacia la derecha se designa como “usar“ o “cortar” o algo por el estilo.

-Se parece a alguien que conozco –repitió Shingo-. Me resulta difícil ver que representa a un niño. Me parece más bien un joven.

-Los niños eran precoces en esa época. Y el rostro realista de un niño no sería adecuado para el Noh. Pero obsérvala con más atención, es un niño. Me dijeron que el jido es una aparición. Algo así como el símbolo de la eterna juventud.

Como podemos ver en el texto, una nômen o máscara , hecha de un pedazo de madera inerte, adquiere sorprendentes capacidades de expresión gracias a la inclinación que realice el actor que la lleva puesta. Se dice que la máscara es creada con un gesto de expresión neutral, y que por tanto corresponde al actor dotarle de emociones y de expresión. Esta facultad de las máscaras nos da buena cuenta de la delicadeza que exigía su manufactura y, más que su calidad estética, la capacidad de cambiar de expresión es la que deleita a cualquier espectador de un drama nô . El efecto, quien lo ha visto lo sabe, solo puede describirse como una ilusión, pues la máscara parece cobrar vida y alterar su rígido ademán para exhibir una expresividad ultraterrena. Los montajes presentan además una cadencia muy especial: el ritmo es lento, armonioso, pausado en casi todo momento, porque el espectador está asistiendo en realidad a una liturgia, al principio de los tiempos del teatro. Cuando la acción se acelera lo hace muy significativamente, y esto tiene consecuencias expresivas importantes, que casi siempre redundan en una mayor intensidad emocional.

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Tres perspectivas de la misma máscara de nô que nos muestran cómo la expresión cambia con un leve movimiento inclinatorio. El foco de luz es el mismo para las tres. (Foto: http://www.wikimediacommons.org)


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Máscara de Kagekiyo, un guerrero derrotado por el clan Genji que quedó ciego y tuvo que dedicarse a la mendicidad, condición que bien refleja su expresión “nublada” en esta imagen (Foto: http://www.the-noh.com)

Pero la magia del nô radica en su capacidad de evocar e insinuar las emociones humanas, y una forma de lograrlo es precisamente el meditado uso de las máscaras. En el fragmento de El rumor de la montaña, Shingo y Suzumoto charlan sobre el efecto que les causa la máscara jido, que representa a un niño, “símbolo de la eterna juventud”. No es de extrañar que sea esta la que más les fascine, dado que el tema de la obra es la vejez de Shingo, y cómo este tiene que lidiar con impulsos amorosos hacia su joven nuera desde su senescente condición.

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Esta máscara de Hakushiki-jô representa a una deidad afable que otorga prosperidad, cosechas abundantes, larga vida y paz, como sugiere la sonrisa de sus ojos y labios (Foto: http://www.the-noh.com)

El teatro nô , por pertenecer a la tradición clásica, lejos de querer innovar recurre a una serie de arquetipos de personajes: el demonio, la joven bella, la anciana, fantasmas, espíritus, mujeres y hombres de diversos tipos… Un precioso legado que constituye otra de las mejores muestras de la riqueza cultural japonesa.

 

 

 

Para saber más

Leyendo a Kawabata (I). El Tao y la estética literaria del autor

www.the-noh.com

5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Precioso… da para pensar profundamente en las capacidades expresivas de lo inerte y de lo viviente, y de lo poderoso de la expresión en toda comunicación. Muy muy bonito.

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    1. Benito Elías García-Valero dice:

      Me alegro de que te haya gustado, Leyre. El teatro nô es un género exquisito y trascendental, que se disfruta con poquito que sepamos sobre él. Saludos!

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  2. Reblogueó esto en cuaderno de orientey comentado:
    Al calor de la exposición Elogio del Silencio de Valladolid, traigo este magnífico artículo de María Jesús López Beltrán publicado en Japan’s Eye. Gracias.

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    1. ¡Querido José Antonio! Gracias por tu apoyo. No obstante el artículo no es mío, sino de nuestro compañero Benito Elías García. Un saludo.

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