JAPÓN, ¿UN PAÍS ÚNICO?

Asuka Cambridge ganó la medalla de oro para Japón en relevos, en Río 2016. (Fuente: The Japan Times)
Asuka Cambridge ganó la medalla de oro para Japón en relevos, en Río 2016. (Fuente: The Japan Times)

Hay acontecimientos o hechos que, en cualquier ámbito, hacen resurgir en todos dudas o conflictos pasados aparentemente olvidados pero que en realidad quedaron sin resolver. En el caso de Japón, las recientes Olimpiadas de Río 2016, con el triunfo de atletas como Asuka Cambridge, japonés de origen jamaicano, rescatan la cuestión de la identidad nacional del país nipón. En la anterior entrada analizamos si existía una raza japonesa. Hoy iremos más allá. Porque Japón es indudablemente una nación; pero, ¿es homogénea? ¿quiénes son, o no son, japoneses? ¿es el Japón un país único?

 

 

 

 

NIHONJINRON (日本人論, literalmente, “teorías sobre la especificidad cultural japonesa”) es una corriente de estudios dedicados a la discusión de la identidad cultural y nacional de Japón. Todos estos estudios asumen desde el inicio que Japón es único y singular, de modo que el término nihonjinron suele ser utilizado para referirse a esta visión. Abarca campos diversos como la sociología, la psicología, la antropología, la historia, la lingüística, la filosofía, la biología, la química y la física, por lo que ha dado lugar a tesis específicas que se centran en aspectos concretos: clima de Japón, lengua japonesa, etcétera. De ello vamos a hablar en este artículo, resumiendo someramente sus postulados.

Bandera de Japón ondeando

 

Orígenes

Los primeros antecedentes en el cuestionamiento de la identidad japonesa se remontan al siglo VI d.C., una época donde China comenzó a ejercer una gran influencia cultural y ello provocó confrontaciones con la tradición primitiva de Japón. Uno de los muchos ejemplos puede ser la lucha entre los clanes anti-budistas Mononobe y Nakatomi contra el clan Soga, este último pro-budista que pretendía no solo introducir la metafísica del budismo sino que también promovió la implantación de los modelos de gobierno chinos. Pero hay un hito histórico que de alguna manera evidencia la existencia de una cultura nipona primigenia y arraigada, que se manifestó a través de la lengua: el Kôjiki (“Recuento de hechos antiguos”, 712 D.C.), libro que explica de forma legendaria la creación del Japón por los kami o espíritus y la ascendencia divina del Emperador. El Kôjiki está escrito en un alfabeto ya extinto (man´yogana) y durante mil años imposible de descifrar, lo que nos indica que pudiera haber existido una lengua indígena consolidada antes de la entrada de la escritura china.

La diosa Amaterasu, adorada por los japoneses. (Fuente: Wikimedia Commons
La diosa Amaterasu, adorada por los japoneses. (Fuente: Wikimedia Commons)

Durante el siglo XVI, el contacto de Japón con Europa gracias al comercio también dio lugar a una vasta literatura proveniente de aventureros y misioneros occidentales, en la que estos explicaban con asombro la peculiaridad de comportamiento, pensamiento y costumbre de los japoneses. Esto contribuyó a que Japón se construyese una autoimagen de cultura distintiva y totalmente separada del resto del mundo conocido. Como ejemplo tenemos la afirmación que ya en el año 1551 hiciera el jesuita San Francisco Javier, que intentó evangelizar esa tierra: “no hay entre los infieles ningún pueblo más bien dotado que el japonés”.

San Pablo Miki, japonés convertido al cristianismo en el siglo XVI, fue martirizado en Nagasaki por orden del shôgun. (Fuente: Wikimedia Commons)
San Pablo Miki, japonés convertido al cristianismo en el siglo XVI, fue martirizado en Nagasaki por orden del shôgun. (Fuente: Wikimedia Commons)

 

Kokugaku (国学)
O “Estudios nativos”, fue un movimiento iniciado en el siglo XVIII como investigación académica de la lengua japonesa a través de sus textos más antiguos, y el fin último era evaluar la lengua para descifrar cuáles eran los valores auténticos que sustentaron la cultura japonesa primitiva antes de la llegada de la civilización china. Estudiosos destacados son Keichû, Motoori Norinaga o Hirata Atsutane.

Detalle de un fragmento del Manyoshu, libro poético medieval japonés. Este ejemplar, de antes de 1185, se conserva en el Museo Nacional de Kioto. (Fuente: Wikimedia Commons)
Detalle de un fragmento del Manyoshu, libro poético medieval japonés (siglo VIII). Este ejemplar, anterior a 1185, se conserva en el Museo Nacional de Kioto. (Fuente: Wikimedia Commons)

En concreto, Motoori Norinaga analizó innumerables clásicos japoneses como Genji Monogatari, acuñando un concepto filosófico-estético que él denomina mono no aware: la empatía ante lo efímero de la vida y su belleza. Este ideal, que para él ya existía en la cultura antigua y solo posee Japón, es uno de los pilares de la literatura clásica genuinamente japonesa, y nos muestra que el carácter japonés “puro” es fuertemente emocional y muy alejado del racionalismo confuciano introducido por la cultura china.

Sakurabufuki ("lluvia de pétalos de cerezo") expresa como pocas palabras el sentimiento melancólico mono no aware. (Fuente: Wikimedia Commons)
Sakurabufuki (“lluvia de pétalos de cerezo”) expresa como pocas palabras el sentimiento melancólico mono no aware. (Fuente: Wikimedia Commons)

No obstante, la principal contribución a esta teoría es el análisis que Norinaga hizo del Kôjiki. El autor estudió la obra durante treinta años (Kôjiki-den, “Comentarios al Kôjiki”). Kôjiki es considerada la única obra japonesa genuina, por estar escrita en el japonés prehistórico de la tradición oral (man´yogana) previa a la llegada de la escritura china. Norinaga afirmó que el idioma utilizado era inspirado por los kami-espíritus, y que este se había transmitido oralmente durante cientos de años hasta la irrupción china; por lo que esta lengua primitiva daba cuenta de la forma de ser japonesa y que esta sensibilidad debía de ser tenida en cuenta para elegir la forma más adecuada de gobierno y vida para Japón, alejada del confucianismo.

En principio, los estudiosos Kokugaku trabajaban de forma independiente e incluso llegaron a conclusiones con matices que los diferenciaban. Sin embargo, en el siglo XIX otros académicos agruparon todas estas tesis con una intención más calculada y programática: enfrentar la identidad única de Japón con las culturas extranjeras. En especial con China, se pretendía volver a las raíces primigenias de la cultura japonesa y arrancar de alguna forma la capa de influencia china en su sociedad.

 

Identidad en la Era Meiji

La relación entre los industriales japoneses y occidentales fue muy fructífera durante la era Meiji. (Foto: Thomas Glover e Iwasaki Yanosuke en 1900. Wikimedia Commons)
Thomas Glover e Iwasaki Yanosuke en 1900. (Fuente: Wikimedia Commons)

Durante la segunda mitad del siglo XIX con la llegada de la expedición diplomática del norteamericano Perry (1854), Japón se vio compelido a abrir sus puertos a Occidente y con ello mostrarse al mundo. Eso llevó al país a subirse al tren de las naciones modernas e industrializadas, que además eran marcadamente imperialistas. Por ello Japón tuvo que buscar su propio empoderamiento nacional, y el adversario cultural dejó de ser China y ese lugar lo ocuparon Europa y Estados Unidos.

Curiosamente, la fuente de donde bebieron los intelectuales japoneses para redescubrir su cultura fueron las ideas y opiniones que los viajeros occidentales del XIX y XX vertieron en escritos sobre Japón, que causó fascinación por su exotismo (japonismo). Los estereotipos creados por los occidentales alimentaron un debate en el propio Japón sobre su identidad nacional. Un ejemplo de ver lo propio a través de otros, es la revalorización que tuvo el grabado ukiyo-e, despreciado como un arte menor por los japoneses y que empezó a cotizarse astronómicamente en las salas de arte de París, Londres y Nueva York por su estética extraordinaria.

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Bijin japonesa, por Kitagawa Utamaro (siglo XVIII) (Arriba). Retrato de joven con kimono, de George H. Breitner (siglo XIX) (Abajo) (Fuente: Wikimedia Commons)

 

Esto llevó entre 1900 y 1912 a una exaltación del orgullo nacional y a desarrollar un instinto de superioridad cultural frente a Occidente. Los siguientes veintincinco años marcaron una cierta reconciliación, pero en los años 30, el militarismo tomó la palabra en Japón y dio paso a una era beligerante y oscura.

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Posguerra mundial
Tras la Segunda Guerra Mundial y ya durante la ocupación norteamericana, Japón comenzó un proceso de resurgimiento como potencia económica de primer nivel hasta la crisis de los 90. Los modelos culturales durante el resto del siglo XX han oscilado de forma pendular, entre épocas de una preponderancia de lo occidental y momentos de rancio tradicionalismo. En este vaivén ha habido intentos de implantar una tercera vía, lo que se ha venido en llamar wakon yôsai, “técnicas occidentales con espíritu japonés” (años 70, fundamentalmente).

Tras la II Guerra Mundial, Japón se convirtió en una potencia económica de primer nivel. (Fuente: CNN News)
Tras la II Guerra Mundial, Japón se convirtió en una potencia económica de primer nivel. (Fuente: CNN News)

Aún hoy el debate sigue abierto. Peter Dale sostiene que la autoconsciencia nacional de antes de la guerra aún pervive, y que de vez en cuando surge como un pensamiento que puede dañar los cimientos de una nación como Japón que en todo caso ha adoptado (al menos formalmente) las estructuras de la libertad y la democracia. Según su tesis, algunos intelectuales japoneses que comenzaron rechazando los idearios tradicionalistas, cuando en los 70 Japón se convirtió en potencia económica mundial, atribuyeron este éxito a “forma de ser única japonesa”.

 

Tesis específicas de nihonjinron
Aparte de la figura del eminente filósofo Kitarô Nishida (vivió en la primera mitad del siglo XX), que negaba el carácter absoluto de las culturas y que a grandes rasgos proponía un equilibrio de fuerzas entre Oriente y Occidente, hay tesis fundadas en un aspecto concreto de la identidad de Japón (clima, raza, familia). Son:
• La raza japonesa es única, y no mantiene similitud alguna con cualquier otra raza. Versiones más extremas de esta tesis sostienen que los japoneses descienden de una rama separada de primates (Shôichi Watanabe).
• La especificidad japonesa viene por sus peculiares condiciones de insularidad, por lo que a pesar de la inevitable influencia de las corrientes culturales del continente asiático (China, clima frío), se resiste a ella gracias a cualidades como la emotividad y la sensibilidad propia del carácter japonés. El archipiélago disfruta de un clima particular (fûdo), caracterizado por el sometimiento a los efectos del tifón y otros fenómenos naturales, y cuatro estaciones muy bien definidas que condicionan el aspecto y la forma de ser de los japoneses, que son emocionales e intuitivos más que racionales (Tetsurô Watsuji).

Japón azotado por un tifón en 2013. (Fuente: Wikimedia Commons)
Japón azotado por un tifón en 2013. (Fuente: Wikimedia Commons)

• La lengua japonesa tiene una morfología y sintáctica genuinas que condicionan la estructura de pensamiento de sus hablantes desde la infancia (Motoori Norinaga, Lafcadio Hearn). Por ello los extranjeros, por mucho que practiquen el idioma japonés, nunca podrán comprender del todo a un nativo.
• La psicología japonesa tiene un alto instinto de dependencia del yo hacia el otro (amae), el cual conduce a una forma única de relaciones humanas donde no hay una distinción clara entre ego y alter. El individuo suele ampararse y diluirse en el grupo (Kitarô Nishida). La familia y la nación, como escalas de la lealtad, superan al individuo. Ellas son la base a partir del cual se construyen las relaciones sociales en Japón (Tetsurô Watsuji), caracterizadas por una gran reserva e incluso hostilidad hacia todo lo externo o no “puramente japonés”.

Jóvenes japoneses trajeados

 

Críticas a nihonjinron
Académicos como Peter Dale o Kenichi Mishima tienen en general una visión muy negativa de nihonjinron. Lo consideran una herramienta usada por los dirigentes de Japón (en especial la derecha), ayer y hoy, para ejercer el control social sobre los ciudadanos. Partiendo de una idea aparentemente inofensiva de excelencia cultural y moral del pueblo japonés que hemos ya descrito, se desarrolla un etnocentrismo nacional, que a través una mezcla entre miedo y complejo de superioridad se vuelve excluyente y hostil hacia cualquier manifestación que provenga del exterior. En este caldo de cultivo se desarrolló el nacionalismo militarista que condujo a Japón a la Segunda Guerra Mundial.

Nostálgicos del ejército imperial japonés visitan con honores el Santuario Yasukuni, asociado con el militarismo. (Fuente: Junji Kurokawa para The Korean Daily
Nostálgicos del ejército imperial japonés visitan con honores el Santuario Yasukuni, asociado con el militarismo. (Fuente: Junji Kurokawa para The Korean Daily

Figuras como Shôichi Watanabe, que estuvo recientemente en el centro de la polémica por demandar al diario Asahi Shinbun con motivo del artículo sobre las esclavas sexuales coreanas durante la guerra, están vinculadas a un sector social denominado “ultraconservador” aparentemente muy próximo al gabinete del actual Primer Ministro japonés Shinzô Abe. Es ya conocido por todos el revuelo que las políticas de este sobre la autodefensa militar han suscitado en la opinión nipona especializada. Sin olvidar que aún hoy en día los hafu (mestizos entre japonés y otras etnias) que viven en Japón, se sienten discriminados en campos como el empleo y en general en el trato social.

Todo esto aviva el debate de nihonjinron, sobre quiénes son o deben ser los japoneses, y sobre cuál es el papel que Japón quiere jugar en el mundo en los años venideros.

 

Para saber más
Dale, Peter, The myth of Japanese uniqueness. Nissan Institute/Routledge Japanese Studies, 1990.
López-Vera, Jonathan, Motoori Norinaga y los kokugaku, sospechosos habituales. Kokoro, revista de difusión de la cultura japonesa, 2014. (Leer aquí)
Mishima, Kenichi, Japan: Locked in the self-assertive discourse of national uniqueness? Politik und Gesellschaft Online, 2000.
VVAA, Nishida Kitarô. Stanford Encyclopedia of Philosophy, actualizado octubre de 2005.
Watsuji, Tetsurô, A Climate. A philosophical study (Fûdo). Original escrito entre 1929 y 1935. Trad. Geoffrey Bownas. Japanese Comission for UNESCO/Ministry of Education Japan, 1961.

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