BARBARROJA (AKAHIGE,赤ひげ)

Llevaba mucho tiempo con esta asignatura pendiente. Hoy os traigo la que, tras Los siete samuráis, es según muchos, la película más grande del director japonés Akira Kurosawa: BARBARROJA.

Barbarroja. Cartel de la película. Fuente: Wikimedia Commons
Barbarroja. Cartel de la película. Fuente: Wikimedia Commons

Es muy difícil condensar en pocas palabras lo que supone este film: tratado de existencialismo y humanismo, mensaje lanzado a la humanidad sobre cómo el amor es la medicina que, definitivamente, puede curar.

Barbarroja (Akahige, 赤ひげ ) nos cuenta cómo un joven doctor, de nombre Yasumoto (Yuzo Kayama), regresa a Edo después de haber completado sus estudios en Nagasaki, donde se ha preparado para convertirse en médico del shôgun. Al llegar, descubre con estupor que ha sido destinado a Koishikawa, una clínica pobre a la que considera muy por debajo de su capacidad y prestigio. Allí tiene que trabajar a las órdenes de un jefe médico de fuerte carácter y muy testarudo, el doctor Niide (Toshirô Mifune), al que apodan “Barbarroja”; el joven, en su engreimiento, se rebela y rechaza con vehemencia las normas de este, pero con el tiempo descubrirá en su jefe a un hombre bueno, generoso y entregado a los más débiles, que le enseñará lo que de verdad significa ser un buen médico.

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Fuente: http://www.criterion.com

Barbarroja pasará a la historia del cine japonés, entre otros motivos, porque supuso el final del idilio cinematográfico entre Akira Kurosawa (1910-1998) y su actor preferido, Toshirô Mifune (1920-1997). Tras veinte años de amistad y dieciséis películas, que dejaron momentos memorables para los anales del cine, rompieron su relación personal y profesional, la cual jamás recuperaron. Barbarroja se estrenó en 1965. Fue un fracaso comercial y una gran decepción para el director tokiota, que había invertido en rodarla dos años. Como muestra del extremo perfeccionismo de Kurosawa, contaré una anécdota: en la caracterización de Mifune, el director hizo teñir la barba de este varias veces hasta lograr el color rojo que (según su criterio) debía dar a la cámara, en una cinta que, irónicamente, está rodada en blanco y negro.

Fuente: tumblr. com
Kurosawa le arregla la barba a Mifune en un descanso del rodaje. Fotografía subida a http://www.tumblr. com

Barbarroja marcó, entre otras películas, el fin de la era dorada de las producciones de Toho Company Ltd. A finales de los años 60, el cine americano pasaría a ser rey en las preferencias del público, incluso en Japón. Y esta tendencia sige, desafortunadamente, aún hoy. Sin embargo, la trayectoria de este film está jalonada con importantes galardones: el Premio de la Organización de Críticos para la cinta y la Copa Volpi para Toshirô Mifune en el Festival de Venecia (1965), Nominación a los Globos de Oro a la mejor película extranjera (1967) y Espiga de Oro en la Seminci de Valladolid (1967).

Por fortuna, el paso del tiempo y una diferente visión aportada por los aficionados al cine de autor, han hecho justicia a Barbarroja, señalándola como una película de culto.

 

El doctor de los pobres

Fuente : www.criterion.com
Fuente : http://www.criterion.com

Barbarroja nos muestra a un médico, el doctor Niide, que atiende diariamente a pacientes  cuyo mal, además de la enfermedad física, es la pena y el abandono. En estas circunstancias, lo da todo y todo lo arriesga por esta gente pobre, llendo más allá de la mera aplicación de su ciencia. Sus pacientes son personas que, si no fuera por la solidaridad, no podrían apenas pagarse las medicinas. Barbarroja los aloja en la galería soleada de la clínica y les da todo el carbón en invierno, mientras se deja a sí mismo y a sus subordinados sin calefacción; no permite a sus médicos comer solos en sus habitaciones, para que estén siempre pendientes de los internos… Es testarudo, austero e inflexible con los propios, pero llega a saltarse las normas para salvar a sus enfermos.

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Fuentes: http://www.criterion.com, http://www.imdb.com.

Junto a Barbarroja desaparece toda soberbia; médicos y enfermeras deben prepararse para servir. Por eso, el joven médico Yasumoto, celoso de su rango y sus estudios de medicina holandesa, choca con él nada más llegar. “Los conocimientos médicos son de todos”, le contesta tajante Barbarroja. Este cobra honorarios desmesurados a los daimyô y señores feudales por una simple visita rutinaria, a fin de tener ese dinero que necesita para atender a sus pacientes necesitados… ¿Comunismo? No. Barbarroja nunca se siente legitimado en sus actos, y consciente de sus a veces dudosas actuaciones, se confiesa: “Sí, Yasumoto, he sido despreciable. Recuérdamelo.”

Fuente: www.criterion.com
“Los médicos debemos saber escuchar a la gente rica”. Fuente: http://www.criterion.com

Pero Yasumoto, al lado de Barbarroja y viviendo con él al pie de la desgracia, experimentará una paulatina transformación. “No hay nada más solemne que los últimos momentos de un hombre. Obsérvalo con atención.” El joven y soberbio discípulo, a través de la agonía del enfermo que le enseña su maestro, conocerá el verdadero sentido de la vida. El doctor Barbarroja, con su potente personalidad, que destila a su vez una gran ternura, contagiará no solo a él, sino al resto de hombres y mujeres, médicos y enfermeras de la clínica Koishikawa… entre ellos la gentil Otsugi.

 

¿Quién cura un corazón roto?

Este película no sería lo que es, no obstante, sin las hondas y dramáticas historias humanas que orbitan alrededor del doctor Barbarroja. El descubrimiento que a la realidad hace el joven Yasumoto, por medio de los ojos del espectador, se realiza a través de las vidas de los pacientes de Koishikawa: el callado sufrimiento del viejo Rokusuke, un hombre generoso que muere en soledad (la escena de su agonía es bellísima y memorable en su dureza); la historia de amor imposible del noble Sahachi, que supone un antes y un después en la actitud de Yasumoto; la curación de la joven Otoyo, enferma de pulmonía y rescatada de un burdel por Barbarroja; entre otros casos que nos hacen pensar en qué duele más, el cuerpo o el alma…

Fuente: www.sensacine.com
Fuente: http://www.sensacine.com
Fuente: www.sensacine.com
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El componente de crítica social es muy fuerte en esta cinta. Hay pasajes donde el propio Barbarroja denuncia la dejación que, entoces en pleno siglo XIX de Japón, los poderes públicos hacían de los enfermos necesitados. “Dicen que la pobreza es un problema político…¡ja!”. Quien no podía pagarse un buen médico, estaba condenado a la enfermedad de por vida. Esto también nos hace recordar a aquellos médicos que hoy, en la sanidad pública de muchos países, ignoran a sus pacientes, pero que cheque en mano y en consulta privada, ponen la “alfombra roja”. Soberbios y pagados de sí mismos, se creen dioses por encima del bien y del mal.

En Barbarroja hay dos partes, diferenciadas por el propio Kurosawa: la primera se dedica al primer impacto entre Yasumoto y Barbarroja, y la progresiva transformación del joven; en la segunda, Yasumoto, impregnado de sentido del deber y como un “alter ego” de Barbarroja, se ocupa de Otoyo. La muchacha ha sufrido abusos desde la niñez, y todo en ella es rabia y ofuscación; pero el trato continuado con Yasumoto y el resto del personal de la clínica, acaban por iluminar su vida de la esperanza de que el mundo, también puede ser bueno. Se ocupará de un pequeño rapaz, Chobo, al que hará su protegido. El personaje de Otoyo protagoniza escenas llenas de ternura, como cuando se queda dormida como un bebé intentando leer el cuaderno de notas de Yasumoto, ante la atenta mirada de este…

Fuente: www.sensacine.com
Fuente: http://www.sensacine.com

 

Aspectos técnicos

Comienzo advirtiendo que Barbarroja dura ciento ochenta y cinco minutos, o sea, tres horas. A los que pueda asustar esta cifra les diré: 1º) No le sobra ninguna escena, nada de nada. 2º) No veáis la película dividida en dos sesiones; es mucho mejor escoger una tarde de esas “en blanco”, prepararse un buen té o café fresquito, bajar las persianas… y a disfrutar de esta maravillosa parábola hecha cine.

Y, en lo técnico, qué podemos decir de la belleza de las películas de Kurosawa que no se haya dicho ya. Solo podemos reiterar lo ya contado por otros:

  • El film está rodado en blanco y negro, pero con tal calidad que (efectivamente) el rojo de la barba de Mifune se distingue;
  • Las escenas de presente se intercalan con flashbacks, que destilan una estética onírica, nebulosa, muy propia de Kurosawa (recordemos que era un admirador del surrealismo; véase El ángel ebrio, 1948);
Fuente: www.criterion.com
Fuente: http://www.criterion.com
  • Hay escenas que son verdaderos cuadros teatrales: en la cena, la disposición de Barbarroja y sus hombres en fila frente al espectador, con las sombras proyectadas en la pared como en un teatro; Sahachi extendiendo sus brazos hacia el espíritu de su amada Onaka, como una sombra chinesca;
  • Son abundantes los elementos simbólicos, como las fûrin (風鈴) o campanillas de viento, que suenan casi furiosas al reencontrarse Sahachi y Onaka; también la nieve o el vendaval, que destacan los momentos de tensión;
La nieve, la niebla, son elementos simbólicos en el cine de Kurosawa. Fotograma de Vivir (1952). Fuente: www.filmaffinity.com
La nieve, la niebla, son elementos simbólicos en el cine de Kurosawa. Fotograma de Vivir (1952). Fuente: http://www.filmaffinity.com
  • La maravillosa banda sonora, del fiel Masaru Satô, donde no solo el tema principal es excelente (con aire de western), sino también la música de algunas escenas, orquestal y que resulta conmovedora hasta el extremo;
  • Y por supuesto, los actores: Yuzo Kayama, entonces joven galán de la Toho, es tierno, y a pesar de su inicial actitud desdeñosa, resulta convincente y cae bien; y el gran Toshirô Mifune, con su inmensa presencia, es poseedor de la mirada con más poder de la historia del cine, de él ya no se puede decir más.
Fuente: www.imdb.com
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Fuente: http://www.criterion.com

 

En algunos foros espcializados se ha acusado a Kurosawa de hacer demagogia con el tema de la pobreza para justificar la deriva crítica de Barbarroja, e incluso puede que nosotros mismos, como espectadores, tengamos la sensación de que esta película dibuja un mundo simplista, casi infantil, de “buenos” y “malos”. Es posible que la famosa escena de la pelea del doctor Barbarroja con los proxenetas (al estilo de Yojimbo, 1961) esté algo fuera de lugar. Pero, a pesar de ello creo que Barbarroja es una película grandiosa, imprescindible. Denuncia social, decálogo del buen médico, lección humanista… solo puedo decir que al terminar de ver esta obra maestra, una no puede evitar pensar que, al final, el amor es la mejor medicina.

Y el cine, a ser posible… en versión original.

 

Para saber más

Ficha Filmaffinity

Barbarroja,  en Magisterio Médico

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