TALLER DE KAMISHIBAI Y HAIKU EN LA ESCUELA (I)

La semana pasada viví una de las experiencias más interesantes y divertidas desde que comenzó mi aventura como intérprete de Japón. Fue en el Colegio Madre de Dios Madrid, donde mi hija cursa sus estudios de Primaria. Su tutora me propuso hacer un taller con todos los niños del primer curso que estuviera relacionado con la cultura japonesa y con la poesía. ¡Ahí es nada! Mi cabeza se puso a cavilar, y de esos pensamientos, surgió la idea de un taller mixto Kamishibai + Haiku.

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El cuento kamishibai y el poema haiku son dos géneros clásicos del Japón; uno más popular, otro más académico. Sin embargo, creo que bien combinados pueden servir para crear interesantes dinámicas con los más pequeños, siempre que ambos tengan un denominador común: la naturaleza. Un pequeño incidente, un acontecimiento natural, da lugar a un haiku, como ya expliqué en mi artículo Haiku: Una aproximación. Es por ello que buscando, di con un cuento japonés con la naturaleza como protagonista: La Leyenda de Tanabata.

Nuestra particular "Leyenda de Tanabata"
Nuestra particular “Leyenda de Tanabata”

Tanabata o El Romance de la Vía Láctea, es un cuento popular japonés que tiene su origen en China, y que básicamente narra de forma mítica el nacimiento de dos estrellas de nuestra galaxia, Vega y Altair. El cuento representa a estas estrellas como dos amantes, que derriban toda clase de barreras para defender su amor. Esta leyenda ha dado lugar a un famoso y colorido festival que se celebra en todo Japón la primera semana de julio, y que ha sido adaptado en la literatura por autores como el japonólogo Lafcadio Hearn (El Romance de la Vía Láctea y otros relatos, Chidori Books, 2015).

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Tanabata se celebra en Japón en el mes de julio. Los japoneses cuelgan deseos, en papeles de colores.

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Con tales características, ¿por qué no escuchar este cuento y derramar unos versos sobre las estrellas y demás habitantes del cielo? Eso hicimos en nuestro taller.

 

Kamishibai o teatro de papel. Un poco de historia

Kamishibai (kami, 紙 = papel; shibai, 芝居 = drama) consiste en un teatrillo de madera sobre el que se deslizan unas láminas con dibujos de historias, que un narrador va contando con su propia voz a la vez que mueve las láminas delante del público. Es una forma de cuentacuentos que hace aflorar de forma inmediata las emociones del espectador y logra una interacción total con él.

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El kamishibai tiene origen en los emaki (rollos con dibujos) que exhibían los monjes budistas en el siglo XII para instruir moralmente a una población analfabeta; con el paso del tiempo, surgieron cuentistas o trovadores no religiosos que con el mismo método y ayudándose de la canción, empezaron a contar otra clase de historias. Pero el kamishibai tal y como se conoce ahora, tuvo su auge en los años treinta del siglo XX y en la posguerra mundial de finales de los cuarenta, cuando muchos japoneses que quedaron sin empleo por la guerra encontraron en el teatro callejero una forma de ganarse la vida dignamente. Tomaban una bicicleta, y cargando en ella el teatrillo y bolsas de dulces, recorrían pueblos para contar cuentos a los niños, su público más fiel. Se calcula que hacia 1952 existían, tan solo en Tokio, 3.000 gaito kamishibaiya (cuentistas kamishibai). Ya desde los años cuarenta, el Gobierno japonés había implantado el kamishibai en el ámbito educativo, como herramienta de transmisión de valores y de formación ética de los colegiales.

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Los kamishibaiya del Japón de posguerra.

Al llegar al pueblo o barrio, el gaito hacia sonar con un “clac, clac, clac” dos pedazos de madera (hyoshigi), y de inmediato los niños salían corriendo hacia él, para comprarle caramelos y asegurarse un buen puesto frente al teatrillo. Entonces, daba comienzo la función. El cuentista kamishibai, con su voz (modulada, al estilo del teatro kabuki), su declamación (cargada de onomatopeyas, juegos de palabras y silabeos, muy frecuentes en el idioma japonés), sus gestos, y el movimiento de las imágenes de papel, creaba un mundo de fantasía para ellos.

 

Nuestra Leyenda de Tanabata

María y yo fuimos gaito kamishibaiya.
María y yo, dos gaito kamishibaiya.

A pesar de que aún somos aprendices, en nuestro kamishibai surgió también esa fantasía, esa magia. Las láminas, que fueron confeccionadas a mano con varias técnicas y vivos colores (1), encantaron a los niños. Y la narración de los “amantes estrella” los fascinó y removió muchos sentimientos dentro de ellos. Aquí tenéis un vídeo muy breve con un fragmento de nuestra función kamishibai:

Recordando aún hoy las preguntas que hicieron los niños, el kamishibai despertó su interés desde varios ángulos:

  • Filosófico: ¿Orihime y Hikoboshi existieron en realidad? Se enfrentaban a la dicotomía mito-ciencia, lo natural frente a lo sobrenatural, y cómo en ocasiones las fronteras entre ambos pueden diluirse.
  • Cultural: ¿Por que hay tantos festivales en Japón? ¿Realmente los japoneses son tan serios y laboriosos como parece? ¿Visten siempre kimono, o solo en ocasiones especiales? Estas preguntas y otras más ayudan a derribar mitos y conceptos erróneos que se tienen sobre otras culturas.
  • Artístico: Una gran parte de los niños me preguntó sobre la técnica empleada para elaborar las láminas kamishibai. Tomaron buena nota en sus cabezas, y alguno me dijo que pensaba probar él mismo con esos vistosos materiales. Un incentivo para crear.

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Sería muy largo enumerar las enormes cualidades y riqueza del kamishibai; solo hemos contado una pequeña parte. Quiero aclararos que existe en el mercado un variado abanico de cuentos kamishibai, desde cuentos populares basados en la tradición oral de diferentes culturas (china, africana, árabe, mucho menos japonesa…es una pena), hasta adaptación de cuentos populares de Occidente (Hermanos Grimm, H.C. Andersen…), pasando por cuentos para la educación en valores. Hacerse con un teatro kamishibai en una escuela supone cierta inversión económica, pero realmente merece la pena. Destaco que el kamishibai también vale para los adolescentes y los adultos; en él se pueden contar cuentos adaptados a una población más madura.

Y aquí acaba la primera parte de la crónica de nuestro taller Kamishibai + Haiku. La semana que viene, contaremos qué ocurrió cuando comenzamos a preparar los haiku basados en la Leyenda de Tanabata. Poco a poco. Mostraré más imágenes y los haiku de mis pequeños poetas. ¡Hasta pronto!

 

Nota

(1) No conseguí encontrar el cuento La Leyenda de Tanabata en formato kamishibai, ni siquiera desde Japón. Por lo que tuve que confeccionar las ilustraciones a mano, con textos adaptados de la versión del cuento hecha por Carmen Parets.

 

Si estáis interesados en adquirir un teatrillo kamishibai y/o cuentos sueltos, consultad en la web de Dideco, que distribuye productos de Miniland, principal proveedor de kamishibai:

www.dideco.es

Para saber más sobre La Leyenda de Tanabata, consultad este artículo:

El Romance de la Vía Láctea

Fuentes bibliográficas:

Fuenmayor, Amalfy. Talleres con kamishibai. Sieteleguas Ediciones, 2010.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Preciosa experiencia. Un regalo. Gracias y felicidades.

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    1. ¡Gracias, José Antonio! Disfruté tanto…

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