UN JARDÍN JAPONÉS EN ROMA

Esta semana, la costumbre ancestral del Hanami, o el visionamento de los cerezos japoneses en flor (Sakura) ha tenido lugar ¡en Roma! Quizás algunos de vosotros habéis estado en esta ciudad europea tan llena de historia y belleza únicas, pero a lo mejor no conocéis uno de los  rincones más bellos y especiales y que se encuentra en el mismo corazón de la cuidad – el Jardín Japonés del Museo del Jardín Botánico.

He tenido el placer de visitar este jardín hace un año, casi en la misma época, así que ¡me propongo contaros un poco más sobre  el mismo y así animaros a que lo incluyáis a vuestra agenda en el próximo viaje!

Al conocer al responsable técnico del jardín, el Sr. Paco Donato, puedo añadir algunas fotos del evento de este pasado fin de semana (abajo en la galería de fotos) y adicionar información sobre la historia y diseño que él amablemente me ha enviado (al que debo agradecer por su colaboración) y que incluiré en lo que es mi visión personal, a través de la cual espero que me acompañéis… ¡Nos vamos de paseo!!

Introducción

Este jardín es obra de Ken Nakajima (1914-2000) uno de los arquitectos paisajistas japoneses que ha dejado como legado algunos de los jardines japoneses más importantes fuera de Japón tal como el del Jardín Botánico de Montreal en Canadá, el Jardín Cowra en Australia o Jardín Japonés de Moscú, además de otra pequeña joya en la misma Roma que se encuentra en el Instituto Cultural Japonés que también he tenido la oportunidad de visitar.

El Jardín Botánico, construido de 1990 a 1994, es muy céntrico, está al lado del mismo Vaticano, pero como no tengáis un interés especial en jardines perfectamente podríais pasar por delante de su puerta sin siquiera daros cuenta de que estáis al lado de un jardín botánico y, para decir la verdad, lo último que esperaríais seria que en el mismo alto, del llamado Monte Janiculum, en la parte más alta, hubiera un jardín japonés con la mejor vista a la zona histórica de la ciudad.

¡En mi caso, (bastante particular debo reconocer), he reservado todo un día para visitar los dos jardines japoneses de esta ciudad y no me arrepiento de haber cambiado las ruinas romanas por estos dos maravillosos jardines!

Hoy me centraré en uno de ellos, quizás el que más me ha impresionado…

Los jardines japoneses tienen la capacidad de deslumbrarnos con su belleza natural, esa forma de paisaje que condensa en una mirada todo un torrente de sentimientos… el primer sentimiento para mi fue, sin duda, la sorpresa… no me esperaba que en un área, que es relativamente pequeña (sobre 3000 m2), verme dentro de un escenario que es una fiel reproducción del paisaje japonés… sus colinas verdes, sus ríos y cascadas rocosas, sus lagos espejo decorados de sus joyas vivientes llamadas carpas Koi.

La belleza de este jardín se debe indudablemente a la maestría de su maestro paisajista y jardinero. El uso de algunas de las técnicas propias del diseño en la jardinería japonesa son la razón por la que el jardín juega con nuestras percepciones y sensaciones y eso es lo que a mi me enamora de estas obras de arte vivientes.

¿Me acompañáis?

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Un bosque denso de bambú y un camino serpenteante nos acercan al corazón del jardín en un juego del escondite que nos encamina el paso y la mirada por la colocación meticulosa de arboles y plantas que, por momentos nos relaja o nos atrapa la mirada, ya sea por su color o por sus flores. Pude ver como desde la sencillez de sus verdes arbustos, meticulosamente podados según la técnica tradicional llamada Okarikomi, emergían coloridos arces japoneses y  pequeños pero exuberantes cerezos que justo en ese momento empezaban a florecer.

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Al entrar en esta zona podemos maravillarnos con una sencilla cascada y un pequeño puente de piedra que cruzamos para encontrarnos con una colina que más bien parece una montaña…

 

 

El diseño nos remite para un tipo jardín “de montaña o colina artificial” llamado Tsukiyama en el juego de profundidad creado por las azaleas colocadas a lo largo de la colina, nos conduce la mirada hacia un pabellón de jardín – Azumaya – que esta justo en la cima, jugando con la escala real y haciendo que todo adquiera una dimensión mucho más grande y profunda.

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Roma18Una vez más es el jardín el que claramente nos encamina  y nuestros pies siguen esa mirada, subiendo entre los cerezos en flor  para llegar a otro espacio que una vez más nos sorprende – una impresionante cascada y un lago pueden ser apreciados mientras uno se sienta tranquilamente en ese edificio de estilo y construcción tradicionalmente japoneses…

Pinos cuidadosamente podados según las técnicas japonesas adquieren la imagen de ancianos guardianes del lago, llevándonos a pensar que estamos delante de un paisaje ancestral al cual también nosotros pertenecemos, porque ahí también encontramos nuestro sitio para descansar y relajarnos, mientras disfrutamos de las carpas koi que deslizan en el lago.

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Este el un llamado jardín de paseo, o Kayu-shiki-teien, en el cual el diseño del mismo esta pensado para que las personas hagan un recorrido… para muchos, llegados a este punto,  volverían a bajar la colina por otro camino desde la Azumaya, sin darse cuenta que el mayor tesoro de este jardín es un secreto conocido por pocos… pero tal como en la vida misma, a veces esos tesoros sólo son para algunos… ¡Los más atentos podrán ser recompensados con una vista digna del mismo Olimpo de los dioses! ¡En mi caso debo confesar que he tenido la suerte de cruzarme un una pareja de españoles que sabían del secreto y me dijeran que siguiera subiendo, jejeje!

¡El tesoro, no es una palabra usada en vano! El tesoro es quizás uno de los tesoros más queridos del paisajismo Japonés y se llama  借景 Shakkei .

Shakkei, o paisaje prestado, es el arte de incorporar a un jardín una parte el paisaje natural de su entorno, que siempre ha estado ahí desde el principio de los tiempos, o sea, Shakkei es convertir ese paisaje en un elemento integrante del paisaje diseñado y creado por el hombre. Casi siempre, en Japón, el paisaje prestado es un paisaje considerado sagrado o que contiene en si mismo un simbolismo propio, ya sea por una cuestión de carácter religioso o por una leyenda ancestral que se quiere preservar. Le he llamado un tesoro, si un tesoro natural pero que también es un tesoro cultural significativo para el hombre que, en último análisis, es el que va a disfrutar del jardín.

En el caso particular del Jardín Japonés del botánico de Roma, el tesoro es ¡la misma Civilización Romana! El centro de la ciudad puede ser apreciado desde la cima del jardín con la cumbre de los Montes Apeninos como escenario de fondo .

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Yo diría que, remitiéndome la misma historia y leyendas del Japón, este es el fin que muchos desearíamos alcanzar, un paraíso desde el cual podamos tener esta visión casi divina de un escenario de ensueño, una condición de “iluminados” que nos deje ver más allá de lo mundano que nos rodea. Interpretando el jardín, intentando percibir las intenciones del paisajista, considero que subiendo los dos niveles del jardín (desde la pequeña cascada/ puente de piedra hacia la Azumaya y el estanque superior), se podría considerar como una ascensión, desde una condición humana a una condición (casi) divina.

Nuestro recorrido por el jardín no se termina aquí y podemos bajar por otro camino, más estrecho, más intimista que nos lleva casi de vuelta al punto inicial, a una zona que se encontraba oculta desde el pequeño puente de piedra sobre el riachuelo de la primera cascada.

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Unos iris acuáticos de un alto considerable ocultaban, desde esa primera vista, otro pequeño lago rodeado por cerezos y con una única y pequeña linterna de piedra, oki-dōrō.

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Curiosamente, y aunque el jardín en general me ha encantado, esta ultima área me ha emocionado, por su belleza y sencillez y quizás por ser el preludio de la despedida.

Las piedras en un jardín japonés son muy importantes, tienen una entidad propia que le habla al maestro jardinero que, a su turno debe saber escuchar y seguir la demanda/pedido de la piedra “ishi no Kowan ni Shitagahite(1) y, en efecto, la colocación de las mismas en este jardín, le confieren carácter a la vez que la estudiada ubicación según su tamaño juega con las perspectivas, y lleva la mente a creer que estamos en un paisaje natural que juega con las dimensiones de las cosas, y en el que un pequeño espacio, como el de este pequeño lago, puede reproducir todo un autentico paisaje en miniatura, que parece a nuestros ojos mucho más grande y autentico de lo que es en realidad.

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Foto de Paco Donato

En el libro maestro de la jardinería japonesa Sakuteiki (escrito durante la Era Heian 794-1184) se describe por primera vez el termino Fuzei – la sutil atmósfera, el espíritu del lugar perceptible a través de la sensibilidad estética del observador (o maestro jardinero) –  y quizás en ese instante yo pude percibir a ese “Ent”…

En este libro (que recomiendo a todos vosotros en la versión revisada por Michael P. Keane) se dice que un jardín japonés siempre esta inacabado, (yo añadiría incompleto), hasta que alguien lo disfruta y lo aprecia, lo completa y interpreta su historia (un jardín japonés siempre, siempre tiene una historia que contar… pero eso lo dejamos para una futura entrada).

 

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En ese momento, casi intimista, yo, el jardín y esa pequeña linterna, fuimos Uno con ese momento, con la belleza de todo lo que me rodeaba… me marché despacio por el camino que me había traído hasta ahí, como si dejará atrás un pedacito de mí, suspenso en ese instante.

¡Os dejo con un pequeño vídeo que hice, espero que os guste!

¡Hasta breve!

                                                                         Carla Amorim

 

(1) – Fragmento de: Takei, Jiro. “Sakuteiki: Visions of the Japanese Garden (Tuttle Classics)”. iBooks.

Todas las fotos son © CarlaAmorim

Referencias online de este jardín by Carla Amorim:

My Japanese Garden – European Association Group on Facebook

 

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Julia Amparo García Bolaños dice:

    Te felicito tu narración fue espontánea y me llevó a imaginar el lugar, complementado por el vídeo y las fotografías.

    Le gusta a 1 persona

    1. mjgcarlamorim dice:

      ¡Muchas gracias Julia! Me alegro mucho y espero que me acompañe en otras mucha visitas. ¡Un saludo!

      Me gusta

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