MUERTE Y PÉRDIDA EN JAPÓN: OTRA PERSPECTIVA

El concepto de la muerte en nuestra cultura (y en la mayor parte de Occidente) resulta mayoritariamente oscuro, triste y lúgubre. Es un tema tabú, de algo que se procura no hablar. Sin embargo, ¿cómo ven en Japón la muerte? ¿Cómo sobrellevan el duelo y la pérdida de un ser querido?

Tumbas de fallecidos por el tsunami de 2011. (Fuente: CNN Mexico)
Tumbas de fallecidos por el tsunami de 2011. (Fuente: CNN Mexico)

La muerte (shi 死) para los japoneses proviene de distintas formas de pensamiento, vinculadas a tres religiones diferentes. Estas son, fundamentalmente, el sintoísmo, budismo y confucionismo. En la actualidad, todo ello viene mezclado con influencias de Occidente y de la industrialización. Sin embargo, Japón sigue conservando fuertes tradiciones en relación con la muerte y la pérdida. ¿Quién no ha visto, en alguna película nipona o anime, el típico altarcillo en las viviendas familiares? Veamos ahora de dónde proviene esta y otras costumbres relacionadas con la muerte en el país del Sol naciente.

Vela de un difunto. Grabado japonés del siglo XIX.
Cremación antigua de un difunto. Grabado japonés del siglo XIX.

En el sintoísmo más tradicional, hay una especie de inframundo, lugar a donde acuden los muertos: un sitio subterráneo, oscuro y sucio (muy similar en ese sentido al inframundo de las culturas clásicas). No obstante, no es el único lugar a donde pueden acudir los fallecidos, según el sintoísmo. Para los okinawenses, por ejemplo, existe el nirai kanai, situado en lo más profundo del mar. Tiene su lógica, debido a la importancia que tiene el océano (y las hermosas playas) en Okinawa.

Butsudan o altar familiar. (Fuente: Wikimedia Commons)
Butsudan o altar familiar. (Fuente: Wikimedia Commons)
Urnas funerarias de Okinawa (Fuente: www.greenshinto.com)
Urnas funerarias de Okinawa (Fuente: http://www.greenshinto.com)

Por último, hallamos la creencia de una montaña (la más cercana a la comunidad rural en cuestión), a cuya cima acuden las almas de los difuntos. Esta última creencia quizás esté relacionada, de alguna forma, con la cantidad de suicidios que suceden en montañas japonesas (La balada de Narayama (1983), de Shohei Imamura, trata asimismo este aspecto de la muerte en las cimas de las montañas).

Es destacable en el shinto el ritual funerario llamado nokanshi. Esta práctica está cargada del sentido o religiosidad sintoísta de “limpieza-pureza”, porque en el sintoísmo , como hemos señalado, la muerte se considera está revestida de cierta suciedad que ha de ser purificada, y por tanto es necesario limpiar, aromatizar, vestir, maquillar y preparar con aspecto lo más digno posible el cadáver del humano que muere y cuya alma está yéndose al mundo del más allá. Esta ceremonia de limpieza se refleja en películas como Despedidas (Okuribito, 2008), donde un joven músico en paro se marcha a vivir a un pequeño pueblo y encuentra su sustento como nokanshi, preparador de cadáveres. Es un comportamiento esencialmente japonés: preparar, envolver y presentar de la forma mejor posible cualquier cosa, también el cuerpo humano que acaba de poner punto final a su vida en este mundo.

Despedidas (Okuribito, 2008). Fotograma de la película. (www. asiateam.com)
Despedidas (Okuribito, 2008). Fotograma de la película. (www. asiateam.com)

En cuanto a la otra religión mayoritaria en Japón, el budismo, al convivir con el sintoísmo, surgieron varias formas de sincretismo religioso, que a su vez aparecen reflejadas en la perspectiva sobre la muerte y lo posterior a ella. Así, se formaron conceptos como el inga ôjô, muy similar al famoso karma; es decir, el que comete una buena acción recibirá un premio, y al que haga lo propio pero en mala, le corresponderá un castigo. Al igual que sucediera con el sintoísmo, no hay juicio de por medio, sino que es más bien una serie causa-efecto. Actualmente, se tiende a creer más en que los premios y castigos se reciben en vida (por ejemplo, una vida próspera y sana si se ha obrado bien), y no en la muerte. Nos encontramos también con el concepto mudyô, basado en la transitoriedad de la vida material, incluyendo la humana. Éste último sigue siendo muy habitual en la sociedad japonesa, entre otras cosas debido a la cantidad de accidentes geográficos y variaciones climatológicas que pueblan sus islas: es lo inevitable del paso del tiempo y la insignificancia del ser humano frente la naturaleza.

Sin embargo, el budismo en Japón, al igual que en otros lugares, también cree en el concepto del nirvana. Es decir, aquél que haya actuado bien en vida, alcanzará el nirvana al morir, y su alma se reencarnará en otro cuerpo. Una vez más, no se trata tanto de juicios ni de meter miedo a los vivos con conceptos como el pecado, sino en más bien un sentido de reciprocidad natural.

Murakami Gagaku, Amida. 1916
Murakami Gagaku, Amida. 1916

Una corriente alternativa que surgió del sincretismo religioso (sintoísmo y budismo) fue la secta dyodô, la más popular en el país nipón. Esta basa su fe en Amida, una versión alternativa de Buda. La creencia e invocación a Amida logrará que uno se gane su entrada en el Paraíso (al más puro estilo Paraíso Occidental), no mediante juicio, sino con la simple invocación de la divinidad mediante versos como Namu Amida Butsu. Todavía en la actualidad esta creencia consta de gran popularidad y en los rituales funerarios budistas suelen recitarse dichas palabras.
En la actualidad, los japoneses todavía mantienen buena parte de estas creencias. No obstante, y debido a conceptos como el mudyô que mencionábamos, o a formas de pensamiento como la corriente zen, en general la sociedad japonesa se encuentra más preocupada por cuestiones existenciales (a un nivel filosófico) que por lo que pueda haber detrás de la muerte. Es una de las principales diferencias con Occidente, donde desde siglos atrás nos hemos cuestionado qué tipo de vida puede esperarnos después de fallecer. Por otro lado, la sociedad japonesa tiene bastante creencia en los fantasmas. No “fantasma” en el sentido que le damos en Occidente, sino como espíritu que permanece más allá de la muerte, volviendo a la naturaleza animista (dentro del sintoísmo, los espíritus de los fallecidos pasan a ser kami). Por ello, y como adelantábamos en el primer párrafo, es típico encontrarse en las viviendas japonesas un butsudan (仏壇), un pequeño altar sintoísta que sirve de ofrenda al alma del difunto, y en donde se le puede rezar u ofrecer alimento y/o bebida.

Incienso budista
Otra forma de comunicación con los difuntos es mediante la fiesta nacional Obon (お盆), donde una vez al año los japoneses buscan este tipo de comunicación y dedican el día a los seres queridos que ya no se encuentran entre los vivos. Sería similar al día de nuestros santos inocentes, con la diferencia fundamental de que ellos suelen pasar el día frente a los butsudan o las tumbas de los fallecidos, limpiándolas u ofreciéndoles nuevamente su comida y bebida favorita en vida.

Obon. (Fuente: www.nippon.com)
Obon. (Fuente: http://www.nippon.com)

Naturalmente, en ocasiones estas almas pueden descarriarse y volverse vengativas y violentas. En estos casos (que son minoritarios) se acude a un sacerdote sintoísta para que purifique o exorcice al fantasma en cuestión.

Alma fantasmal. (Fuente: Wikimedia Commons)
Alma fantasmal. (Fuente: Wikimedia Commons)

En conclusión, y a diferencia de la muerte en Occidente, donde (generalmente) se trata de un tema prácticamente tabú y que se procura ocultar o alejar, en Japón la muerte y la pérdida son considerados como algo inevitable (mudyô), y en donde lo importante es lo que se realizó en vida. No suele haber exagerados melodramatismos (más allá de la evidente tristeza por la pérdida), y se suele considerar que el alma del difunto sigue entre nosotros de una forma u otra, de manera natural.

Para saber más
Shuuichi, Katô, “El concepto de la muerte en Japón”, en El concepto de la muerte en dos culturas: Japón y México, El Colegio de México, 1986.
Yamaori, Tetsuo, “Tres enfoques sobre la visión japonesa de la vida y la muerte”, en Nippon, 18 de marzo del 2014.

 

Ana AlonsoAna Alonso Giménez
Mi nombre es Ana Alonso y soy licenciada en Historia, con especialidad en antropología. Desde que apenas sabía caminar, Japón empezó a fascinarme, con sus imágenes llenas de luces, templos, sakuras y rascacielos. En la actualidad, Japón ya forma parte de mí, y me encanta aprender sobre su cultura y su sociedad. Mi mail de contacto es nanadogiap@gmail.com

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