HAIKU. UNA APROXIMACIÓN

Cae del árbolCamelia agua

y derrama su agua

una camelia.

Bashô (1)

 

No hay pequeñez más grande que la del haiku. Un universo contenido en una pequeña hoja, que en su vuelo al viento primaveral refleja por un momento la luz.

Haiku (俳句) es un poema que trata de un acontecimiento, aparentemente sin importancia, que llama la atención del poeta (aware), el cual la inmortaliza a través de tres versos, y lo dota de espiritualidad y trascendencia. Es la apreciación de lo sagrado en lo cotidiano, de lo eterno en lo contingente. El haiku nace en Japón, una tierra donde la naturaleza es dios.

La estructura del haiku es la de un terceto, poema breve de tres versos sin puntuación ni rima, donde el primero y el tercero tiene cinco moras, y el segundo, siete. Simplificando en aras de una mejor comprensión, una mora es un sonido independiente que se pronuncia de una sola vez. Y el haiku condensa en sus diecisiete moras una emoción:

Haiku de Matsuo Bashô (izda.): “Silencio / los cantos de las cigarras/penetran en la roca”

Shizukasa ya

iwa ni shimiru

semi no koe.

Bashô

 

 

 

 

 

Como hemos dicho, el haiku se basa en el aware, o asombro ante un hecho que acontece ante la mirada del poeta. Habitualmente se trata de un acontecimiento de la naturaleza. Por eso, según la tradición japonesa, es necesario en el poema el kigo  (季語), palabra que alude directa o indirectamente a la estación del año en que tal hecho se produce:

En la bahía

también la primavera:

flores de olas.

Bashô

Podría prescindirse del kigo, pero el poeta se arriesga a que sus versos no tengan haimi, esto es, gusto a haiku. Un gusto que refleja el propósito del poema: la naturaleza como trascendencia.

Olas sobre las piedras. (Foto: Santiago Manso)
Manso, Santiago. Olas sobre las piedras.

Como la finalidad de este artículo es orientar para comprender el haiku y cómo se compone, vamos a hacer tan solo una brevísima referencia a su historia. Antes de que en el siglo XIX Masaoka Shiki acuñara el término haiku, este delicado tercetillo,  llamado haikai (literalmente, “solaz”), ya estaba presente como parte inserta en los tanka (poemas) y los waka  (canciones) del siglo VII d.C. Su máximo apogeo y pureza se dio con Matsuo Bashô (siglo XVII), que hizo del haiku expresión de la naturaleza sagrada de las cosas. Yosa Buson, pintor que vivió en en siglo siguiente, persiguió en sus versos escenarios de belleza. Y Kobayashi Issa, a caballo entre el siglo XVIII y el XIX, hombre atormentado, consiguió dotar al haiku de una humanidad y ternura infinita hacia todos los seres. Con ellos, hubo otros muchos haijin (2), hombres y también mujeres, como Chiyo-Ni (fallecida en 1775), que antes de morir compuso esta bella estrofa:

El agua se cristaliza

las luciérnagas se apagan

nada existe.

 

En el haiku, el aware o emoción se expresa a través de la yuxtaposición de ideas, que van en versos diferentes. Pueden ser dos fenómenos que están teniendo lugar al mismo tiempo, dos seres que se encuentran en un instante, o dos cualidades contradictorias:

Ohara Koson, Cuervo sobre una rama nevada (1910). (www.ukiyoe.org)
Ohara Koson, Cuervo sobre una rama nevada (1910). (www.ukiyoe.org)

 

El cuervo horrible

¡qué hermoso esta mañana

sobre la nieve!

Bashô

 

 

 

 

El “yo” en el haiku

Jizô

Como decimos, el aware es conmoción, asombro. Pero nunca el haiku ha de ser una excusa para que el poeta hable de sí mismo. El “yo”, por su propia naturaleza, está excluido del haiku. La emoción, sí, generada en el que contempla, solo pura y desprendida de todo egoísmo, va a fundirse con el objeto contemplado, la naturaleza, formando parte de ella.

Viento de otoño:

un mendigo me mira

y se compara.

K. Issa

Aunque en este haiku el propio poeta está incluido en la escena, el protagonista es otro: el mendigo, que es quien mira, y acciona. La idea es, pues, que la naturaleza y sus criaturas sean el objeto poético, externo al haijin. Veamos este otro ejemplo, uno de mis favoritos:

La libélula

intenta en vano posarse

sobre una brizna de hierba.

Bashô

Aquí la naturaleza es el puro objeto de contemplación. Entre el poema anterior y este hay matices distintivos, marcados por el diferente estilo de sus autores. El creador del primero, Kobayashi Issa, fue el maestro del haiku humano, quizá el más personalista de los haijin japoneses; el autor del segundo, Matsuo Bashô, era el poeta de la contemplación mística. En este género, a pesar de los elementos fijos como el kigo, hay notables diferencias entre autores: unos son más plásticos, otros más abstractos, e incluso melancólicos. Issa, en concreto, fue uno de los más transgresores de los principios del haiku, hasta el punto de convertirlo en una estrofa sentimental:

El ciruelo florece,

el ruiseñor canta,

pero yo estoy solo.

Solo grandes maestros como Issa podrían logar introducir el “yo” en un haiku sin mancillar su naturaleza contemplativa y universal. Hablar de uno mismo o introducir aspectos filosóficos en el haiku es, cuando menos, una empresa arriesgada, si no “una traición”, en palabras del investigador Vicente Haya. Es más fiel desprendernos de nosotros mismos para descubrir el espíritu, la esencia (kokoro, ) de las cosas:

Ohara Koson, Pájaro bajo la luna creciente (1920)
Ohara Koson, Pájaro bajo la luna creciente (1920)

En medio del campo

sin apego de ningún tipo

canta la alondra.

Bashô

Solo así captaremos el instante, el momento, dejando que la naturaleza invada los sentidos del poeta, haciéndole uno con ella.

Con el rocío de la mañana

sucio, fresco…

el barro del melón.

Bashô

 

Creo que a este respecto, por mi parte, como humilde compositora de haiku, he logrado en ocasiones expresar este sentimiento de diluirse, evadirse de uno mismo:

Los niños cuentan

Eliseeva, Elena. Paisaje de invierno al sol
Eliseeva, Elena. Paisaje de invierno al sol

historias de fantasmas.

Afuera nieva.

 

Hojas crepitan

en un lecho bajo el sol,

invierno dulce.

 

¡Los pies hermosos!

El viento que levantan

yo lo recojo.

Maria Jesús López-Beltrán

 

Haiga

Haiga es el nombre por el que se conoce a un tipo de pinturas o dibujos con los que, muy habitualmente, los poetas acompañaban sus haiku. El propio Bashô frecuentó esta práctica, que se extendió durante toda la época de Edo (1623-1868); pero sin duda el más significativo creador de haiga sería Yosa Buson. Del mismo modo en que el haiku yuxtapone internamente sus imágenes, el haiga también contiene una yuxtaposición entre el haiku y la pintura, siendo ésta más que descriptiva del poema, complementaria a él. De hecho, el haiga no necesariamente representa de forma directa las imágenes presentadas en el haiku. Hoy en día, aunque haijin modernos también usan el recurso de la pintura, esta a menudo es sustituida por fotografías u otras formas modernas de expresión plástica.

Haiku y haiga de Watanabe Kazan: Gloria de la mañana, / si es mi mano vacilante/ ¡tanto más triste!
Haiku y haiga de Watanabe Kazan: “Gloria de la mañana, / si es mi mano vacilante/ ¡tanto más triste!”

El género del haiku, tras su recuperación por Masaoka Shiki, no ha hecho más que crecer y expandirse a otras latitudes. En Occidente se ha producido, desde mediados del siglo XX, un gran entusiasmo por este tipo de poesía: desde Méjico, con José Juan Tablada y el mismísimo Octavio Paz, que tradujo al castellano uno de los clásicos (Matsuo Bashô, Sendas de Oku, Barral Editores, Barcelona, 1970), hasta Mario Benedetti (Rincón de haikus, Visor de poesía, 2007) en Uruguay, sin olvidar a autores españoles de haiku como Luis Corrales o Susana Benet (Un viejo estanque, Susana Benet, Granada, 2014) y las magníficas traducciones de Vicente Haya, se ha producido una difusión entusiasta y profundamente renovadora del haiku. Es un género individual y especial dentro del universo poético, que tiene legiones de seguidores.

En España concretamente, hay muchos grupos de aficionados y profesionales del haiku. Por citar algunos, menciono la Asociación de Amigos del Haiku en Albacete, la Asociación Haiku de Madrid, y ANAKU en Navarra.

Cada poeta ha de buscar su camino. Como diría Shiki, “lee todo lo que hay escrito sobre haiku (…) Ten tu propio estilo.” Y también nos aconseja: “Se natural”. Natural significa dejarse llevar por la corriente de la inspiración, recreando lo que vemos y sentimos. Y para terminar, me permito aconsejaros con este sencillo haiku de Yosa Buson:

Lluvia de primavera;

¡pobre de aquel

que nada escribe!

 

Notas

(1) Los haiku aquí mostrados son traducciones al español de los autores clásicos japoneses, realizadas por varios autores bajo el auspicio de la revista digital http://www.elrincondelhaiku.org , que tiene todos los derechos reservados. La excepción son los haikus de la autora del artículo, María Jesús López-Beltrán, y la traducción del poema de Watanabe, hecha también por la mencionada.

(2) Nombre con que se conoce al poeta de haiku.

(3) Las imágenes propiedad de autores tienen cedido el derecho limitado de uso, habiéndose abonado el canon correspondiente. Aquellas que provienen de clásicos como las pinturas haiga, así como las que no llevan leyenda, son de uso libre.

 

Para saber más

http://elrincondelhaiku.org

Matsuo Bashô, Sendas de Oku (The narrow road to the Deep North). Traducido al inglés por Nobuyuki Yuasa. Harmondsworth, Penguin, 1966.

Yosa Buson, En un sueño pintado. Traducido por Fernando Rodriguez-Izquierdo. Satori Ediciones, 2015.

Benedetti, Mario, Rincón de haikus, Visor de poesía, 2007.

 

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