CUENTOS DE AMOR

Junichirô Tanizaki. Cuentos de Amor (2016), Editorial Alfaguara
Junichirô Tanizaki. Cuentos de Amor (2016), Editorial Alfaguara

Hoy propongo hacer una revisión e interpretación de la última publicación japonesa de Alfaguara, CUENTOS DE AMOR, de Junichirô Tanizaki. Es parada obligada. Y en este caso no porque el libro me haya gustado o sea para mí exactamente una novedad, sino porque estamos ante un escritor revolucionario, el autor más brillante de la prosa japonesa de la primera mitad del siglo XX, y sobre todo porque Junichirô Tanizaki es el padre de la obra maestra de estética El elogio de la sombra.

CUENTOS DE AMOR es una recopilación de relatos, de diferente extensión, que nos retratan mil formas de obsesión y pasión. Fueron escritos por Tanizaki en un intervalo temporal que va de 1912 a 1936, esto es, toda la Era Taishô de Japón. Simplificando mucho, estos cuentos reflejan el paso de una juventud, la del propio escritor, inmersa en la euforia por lo “moderno”, la moda occidental, las noches de desenfreno y la decrépita sociedad oculta en los bajos fondos de Tokio, hacia una primera madurez, donde el escritor buscará la paz y volverá una mirada de nostalgia e incluso de cariño hacia lo mejor de la antigua sociedad japonesa.

Junichirô Tanizaki
Junichirô Tanizaki

Junichirô Tanizaki (1886-1965) fue un hombre que vivió su tiempo, en el más pleno sentido de la palabra. Su vida, azarosa y repleta de devaneos amorosos, transcurrió a caballo entre la imparable occidentalización de su país y el grueso poso de la cultura japonesa, por esencia aislacionista y resistente a infinidad de vendavales históricos que han amenazado con borrar sus rasgos esenciales. Durante más de cincuenta años cultivó la novela, el cuento, el ensayo e incluso la poesía. Tras estos cuentos de amor vendrían obras geniales como Las hermanas Makioka, La llave y otros. Sin embargo, esta antología que hoy nos presenta Alfaguara tiene una virtud, que es la de observar el contraste entre las maldades y bondades de una sociedad en transición. Y eternamente, como fondo, Japón, siempre Japón, único lugar en el mundo.

Para mí, el título Cuentos de amor es desafortunado. Y que conste que lo digo sin aportar una alternativa mejor. Pero prefiero la rúbrica Cuentos crueles que dio Seix Barral en 1968. ¿Por qué? Porque de los once cuentos, los nueve primeros no hablan de amor. Si entendemos el amor como un sentimiento idealístico, que se proyecta más allá del apego de las pasiones, y de inevitable raigambre cristiano-occidental, al estilo de Fromm. El caso del baño Yanagi o La flor azul, no tratan de relaciones de amor, sino de deseo sexual mezclado con obsesión por otro ser humano. Habrá quienes, de forma totalmente respetable, tomen este sentimiento por amor. El único cuento que, a juicio de quien suscribe, habla de amor idealizado hasta el extremo, es El segador de cañas.

Fotograma de Giants and Toys (1964), de Yasuzo Masumura
Escena de fetichismo en el cine de Yasuzo Masumura. Masumura (1924-1986) adaptó al cine muchos “cuentos crueles” de Tanizaki, abordando el sadomasoquismo y otras obsesiones sexuales.

Los nueve primeros relatos constituyen el bloque de la baja pasión. En los mendigos, estudiantes descarriados, prostitutas, maridos pendencieros y viejos fetichistas retratados en ellos, se notan las influencias del Decadentismo romántico que había triunfado en Europa treinta y cinco años antes. El propio Tanizaki reconoce en El fulgor de un trapo viejo ser tributario del poema de Charles Baudelaire “A una mendiga pelirroja”. Sin querer aleccionarnos moralmente, ni hacer denuncia social, Tanizaki nos muestra las más variadas y extremas formas de búsqueda del placer, que llevan a los personajes a vivir al límite, coqueteando con la muerte y en ocasiones, hallándola. En Tatuaje el dolor físico es la vía para alcanzar una obra maestra del arte; el dandismo, lúgubre manifestación de la belleza, toma forma en el despreciable personaje de K en El Guapo, fino maltratador de mujeres. Los triángulos, e incluso cuartetos amorosos (tema que Tanizaki repetiría en sus más insignes obras) son el centro de El mechón; incluso el divertidísimo relato La gata, el amo y sus mujeres es en realidad un triángulo amoroso. Y sobre todo, las obsesiones sexuales: el sadomasoquismo y el fetichismo son objeto de febril estudio por Tanizaki, lo que se manifiesta en cuentos como El caso del baño Yanagi, Los pies de Fumiko y El caso Crippen a la japonesa. Todos estos relatos se desarrollan en el marco de la occidentalización de Japón, pero no nos equivoquemos: estas formas degeneradas del sentimiento no son consecuencia de la misma, creo que solo es un contexto estético o si se quiere, cómplice. Pero las bajas pasiones lo son de cualquier sociedad: en este caso, la japonesa, donde tatuarse de los pies a la cabeza, frecuentar prostíbulos y beber hasta morir forman parte de la cultura popular desde viejos tiempos.

Fotograma de Irezumi (Tatuaje, 1966), de Yasuzo Masumura.
Fotograma de Irezumi (Tatuaje, 1966), de Yasuzo Masumura.
Kobakayawa Kiyoshi. Curved line of the instant (1934). Representación de la frívola modan garu (chica moderna).
Kobakayawa Kiyoshi. Curved line of the instant (1934). Representación de la frívola modan garu (chica moderna).
Tatuaje de mujer
Tatuaje de mujer

El segador de cañas, escrito ya en 1936, es punto y aparte en esta antología. Es ese retorno nostálgico a los tiempos antiguos, al siglo X; a Kioto, de fastuosos palacios y enormes templos. El discurso de Tanizaki se suaviza y nos cuenta un amor ideal puesto por encima de sus propios protagonistas. En el contexto estético miyabi de la época Heian (794-1185), que el autor describe con grandísimo detalle durante casi un tercio de este largo cuento, se nos plantea un amor de a tres (una vez más), donde cada uno de los personajes sacrifica algo de sí mismo en pos de un concepto espiritual, estratosférico, del amor. Los excesos que en tal búsqueda estos seres humanos protagonizan, que son muchos, no dejan de ser una forma “degenerada” del amor. Pero a salvo de las extravagancias (por otro lado, muy “Heian”), El segador de cañas es un precioso relato onírico que, a diferencia del bloque de “cuentos crueles”, deja buen sabor de boca y hace soñar.

Hombre y mujer Heian
El amor tras el velo, en Heian

El estilo de este gran cuento, me atrevería a decir, es de un realismo mágico, donde la realidad y la fantasía llegan a fundirse, desarrollándose la trama en una doble dimensión. Coincido plenamente con el prologuista de este libro, Carlos Rubio, en que estamos ante un drama : el narrador de la historia, es el personaje terrenal, a quien el “otro”, que no es más que un espíritu, transmite esa historia. Ambos personajes se encuentran en un punto, más allá de los dos mundos que los separan.

Todo el libro, a pesar de sus contrastes, es presidido por la rica prosa de Tanizaki, su claridad y determinación al abordar los temas, y sus preciosas descripciones de ambientes y bellezas, sobre todo femeninas. La pluma de Junichirô Tanizaki, que a ratos nos daña en la sensibilidad y a ratos nos acaricia, es simplemente brillante.

Por último, quiero destacar el magnífico prólogo a la obra, a cargo de Carlos Rubio. De lectura imprescindible. Como suele ser habitual en este gran experto en literatura japonesa.

Como expliqué al principio, uno no se puede quedar sin leer estos CUENTOS DE AMOR. El título…¿le hace justicia? Bueno. Leed y juzgad por vosotros mismos.

 

Para saber más

Gessel, Van C. Three Modern Novelists. Kodansha International (1994)

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