KOKORO

Inauguro por fin una sección de este blog que considero fundamental: la LITERATURA JAPONESA. Todas aquellas obras que me han ayudado a comprender mejor la cultura y el pensamiento de este país tan complejo y apasionante. Y para este estreno qué mejor que KOKORO, espléndida novela de uno de los grandes, Natsume Sôseki.

Kokoro Portada Libro
“Kokoro”. Portada de la edición de Regnery Publishing

Kokoro (こころ) fue publicada por primera vez en forma seriada durante el año 1914, en el periódico Asahi Shimbun. Si bien la palabra kokoro se puede traducir como “corazón”, la crítica mayoritaria coincide en que el sentido del título de la obra es más matizado y hace referencia a “lo profundo”, o bien a “sentimiento”. Se la considera quizá la mayor obra de madurez de Natsume Sôseki, que ya se había iniciado en la exploración del alma humana en la trilogía formada por Sanshirô (1908), Entonces (Daisuke, 1909) y La Puerta (1910).

Como la vida y obra de Natsume Sôseki son tan interesantes e intensas que darían por sí mismas para un artículo aparte, os hago una resumida nota biográfica. Natsume Sôseki (1867–1916), cuyo nombre real era Natsume Kinnosuke, fue uno de los más destacados novelistas japoneses de la Era Meiji (1868–1912). Sus obras más conocidas por el gran público son Kokoro, Botchan, Soy un gato y la póstuma Luz y Oscuridad, aunque escribió en total veintidós novelas. Profundo conocedor de la literatura inglesa, en la que se doctoró, compuso también haiku, kanshi y cuentos. Dentro de su país es considerado el más grande de los escritores del Japón moderno, siendo su obra de obligado estudio en la escuela secundaria nipona. El reconocimiento en Occidente ha venido en parte de la mano del aclamado novelista Murakami Haruki, que considera al escritor de Shinjuku como su principal referente literario; desde el año 2000 en adelante sus obras se han traducido a más de diez idiomas.

Natsume Sôseki en 1912
Natsume Sôseki en 1912

Kokoro cuenta la relación entre un joven estudiante de provincias trasladado a Tokio y un hombre maduro, que en la obra aparece bajo el nombre de Sensei (maestro). El muchacho, que es a su vez el narrador en primera persona, se siente fuertemente atraído por la enigmática personalidad de Sensei, silencioso, solitario y sobre el que se cierne una inexplicable sombra de tristeza. A pesar del desdén del “maestro”, el joven luchará por indagar sobre la vida de ese hombre al que se ha vinculado emocional y psíquicamente. Durante unas vacaciones, el padre del chico cae gravemente enfermo, lo que le obliga a regresar a su pueblo natal, y es durante esa separación cuando Sensei escribe a su discípulo una carta, en la que revelará los secretos de su atormentado pasado: la vivencia del amor y su relación con el joven K, que marcarán el destino del maestro.

En esta obra se distinguen tres partes, clara y conscientemente diferenciadas por el propio autor:

  • Primera Parte: Sensei y yo. Nos introduce en esa heterodoxa relación de tutela que se establece entre Sensei y el joven estudiante. Ambos comparten su condición de seres solitarios, pero en ningún momento son más que un “yo” junto a otro “yo”. El pupilo se siente frustrado ante el aparente muro que lo separa de su maestro.
  • Segunda Parte: Mis padres y yo. Muestra la relación del muchacho con su familia, gentes de provincias con los que no tiene ningún entendimiento y de los que le separa una enorme brecha cultural. Esta situación entristece al chico y le hace añorar aún más a Sensei.
  • Tercera Parte: El Testamento de Sensei. Dedicada por completo a la carta final del maestro, que habla en primera persona, abriendo su corazón, o sus entrañas (según tomemos la visión occidental o la japonesa) al discípulo.

Kokoro Diario

 

“Despertar”. Torii Kotondo (1932)

Kokoro trata de una forma lúcida y magistral el desarraigo y la soledad del hombre moderno. No obstante, desde el punto de vista de la que suscribe, este sentimiento de soledad tiene una vertiente universal y otra que es marcadamente japonesa. ¿Por qué digo esto? Como puede suceder en las obras de autores europeos como Henrik Ibsen o Émile Zola, los protagonistas de esta novela se sienten “engullidos” por la sociedad industrial de su tiempo, individualista y deshumanizada, y optan bien por la alienación, bien por la ruptura con el mundo, en cualquiera de sus formas. Sin embargo, el intelectual japonés de la segunda mitad del siglo XIX se enfrentó a otro problema: la lucha del “yo” contra “ellos”, la cual trajimos a colación en este blog al referirnos a la opresiva sociedad militarista medieval nipona pero que en el Japón moderno se convirtió en un verdadero tsunami (si se me permite la expresión) en las conciencias de los jóvenes. Las ideas traídas de Occidente de la mano de cristianos existencialistas como Kierkegaard, el voluntarismo de Schopenhauer o el nihilismo de Nietzsche hicieron al japonés cultivado hacerse muchas preguntas que antes no habían sido planteadas. La lucha del ser individual por abrirse paso en una sociedad colectivista como la japonesa, donde “lo debido”, “lo socialmente correcto” importaba más que los sueños y legítimas aspiraciones de la persona, es motivo de sufrimiento para los dos protagonistas de Kokoro, especialmente para Sensei. Esto es claro en la relación hermosa y doliente que tiene con Ojosan, a quien no se atreve a confesar su amor y que será fuente de toda clase de inopinados sufrimientos; asimismo, condiciona la trágica historia con su amigo K, al que considerará haber traicionado.

Otros valores que aparecen discutidos en Kokoro son la culpa, concepto relacionado con el humanismo cristiano, enfrentado al concepto de deshonor o vergüenza, más vinculado con la sujeción a las normas establecidas, de corte confuciano. Críticos como Jun Etô, frente a otras posturas que justifican el final de Sensei como una reparación de lo que él considera una “vida indigna” desde la moral tradicional japonesa, creen que Sensei sufre más bien un conflicto de culpa. Y este sentimiento lo une en el corazón a su discípulo, que se mueve más claramente en las aguas del pensamiento moderno.

“Retrato de Edward James”. René Magritte (1937)

En realidad, Sensei es la versión evolucionada de su pupilo. Los dos personajes bien podrían ser uno solo. La vida de Sensei, que él mismo relata en su carta, es la advertencia a un joven ávido y vacilante sobre la factura de dolor que paga el hombre por ser hombre. Pero creo que es algo más: si atendemos al título que le dio Sôseki a esa tercera parte, El Testamento de Sensei, bien podríamos decir que es una invitación a la búsqueda de la libertad, un legado que el maestro deposita en su alumno para el futuro. Desconocemos qué haría el muchacho tras la lectura de la carta, pero por sus antecedentes y su espíritu podríamos inferir que iría en busca de su propia liberación. Lo dejo a vuestra reflexión.

Kokoro y, en general, la obra novelística de Sôseki bebe de las fuentes del naturalismo de Zola, Flaubert o Maupassant al mostrar al hombre como un ser condicionado por la sociedad en la que vive y por sus propios instintos. Sin embargo se diferencia en un aspecto fundamental: mientras en Europa el naturalismo pone al hombre en constante relación con su entorno e interactuando con éste, en Japón el retrato es siempre interior, introspectivo, individual. Es decir, los autores japoneses nos muestran siempre la realidad vivida por el “yo”, centrándose en éste y no en la sociedad. Es por ello que la literatura de Natsume Sôseki o de Mori Ôgai se ha venido a llamar shishôsetsu o watakushi-shôsetsu (“asuntos del yo”). Una literatura intimista, de lenguaje sencillo y sin artificios, donde se desbrozan los sentimientos de los personajes.

Kokoro, en definitiva, nos devuelve una imagen del ser humano que no es la que aparece a simple vista, sino que es aquella que se encuentra en las profundidades donde la luz no entra, y la miseria ha cubierto lo que antaño era pureza. Sôseki rescata ese corazón mancillado y lo expone ante nosotros como un grito desesperado. ¿Resignación? ¿Secreto llamamiento a la libertad? Es una obra muy recomendable por los temas que aborda, a pesar de que sus dubitativos protagonistas dan muchas vueltas sobre el mismo tema y divagan demasiado a la hora de tomar sus decisiones, creando al lector una sensación de angustia y hasta de tedio en algunos momentos. Sin embargo, esto es una virtud, si se está acostumbrado a este estilo novelístico.

Kokoro Portada Libro
“Kokoro”. Portada de la versión de Gateway Editions

El ejemplar de Kokoro que en mi caso poseo, es una versión en inglés más que asequible, la cual podréis encontrar en formato e-book a través de Amazon:

Kokoro. Translated by Edwin McClellan. Regnery Publishing (1957)

Pero hay a vuestra disposición otras posibilidades. Podéis consultarlas en el siguiente enlace:

Kokoro-Narrativa

Si queréis tener una idea panorámica de la obra completa de Natsume Sôseki, es más que notable y muy recomendable la excelente semblanza que de ella hace Margarita Adobes como prólogo a otro libro del autor, Almohada de hierba, editado por Chidori Books:

http://chidoribooks.com/

Como curiosidad, os comento que esta historia ha sido varias veces llevada al cine. Recomiendo ver la película del mismo nombre, dirigida por Kon Ichikawa en 1955. Esta es su ficha:

Kokoro (Kon Ichikawa). Filmaffinity

Espero que esta reseña os anime a leer Kokoro. Y para los que no conozcáis aún la obra de Natsume Sôseki, puede ser un buen comienzo. ¡Gracias y Feliz Año 2016!

 

Para saber más

http://www.britannica.com/biography/Natsume-Soseki

Two Japanese Novelists: Sôseki & Tôson. McClellan, Edwin (2004). Tuttle Publishing.

 

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Con tu permiso, María Jesús, cabe señalar que existe otra obra literaria titulada ‘Kokoro’. Su autor es Lafcadio Hearn, y viene subtitulada como ‘Ecos y nociones de la vida interior japonesa’. En ella se recogen una serie de artículos inconexos sobre la vida e historia de Japón. La primera edición en inglés es de 1896 y se tradujo al castellano en 1907. No posee, por tanto, una trama novelada como la de Natsume Sôseki que con tanto acierto nos presentas, sino que como otras de Hearn tiene un carácter más bien periodístico y ha contribuido no poco al conocimiento del viejo Japón. Gracias.

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    1. José Antonio, efectivamente Hearn escribió un ensayo del mismo nombre, aunque en el lapso de 18 años que separan una obra de otra se puede apreciar un cambio de actitud de los propios japoneses hacia la occidentalización; la obra de Sôseki se inscribe en un período de “madurez” de este proceso, donde el intelectual ya ve a Occidente con ojos más serenos (el mundo rural es otra cosa). Lo que Hearn “vaticina” se confirma después con Sôseki. Curioso que la primera edición del libro de Hearn la tradujera el político Julián Besteiro del inglés en su etapa de doctorando en Letras…y más curioso es esto que yo no conocía :http://www.academia.edu/16333226/_Oriental_Ghosts_The_Haunting_Memory_of_Mill%C3%A1n-Astray_s_Bushido_and_Juli%C3%A1n_Besteiro_s_Kokoro._Letras_Hispanas._11_2015_5-18._Print
      ¡Feliz Año y gracias por estar ahí!!!

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      1. Una vez más, interesantes aportaciones que yo desconocía. La traducción de Hern que yo tengo es muy posterior a la de Besteiro, la del poeta cubano José Kozer, en Miraguano Ediciones, 1986.
        Indudablemente me quedo más con la visión interior del alma japonesa vista desde el corazón (kokoro) que la imperialista mirada desde la espada de Millán Astray. Sin embargo, los valores espirituales del bushido para el crecimiento interior unen y armonizan noblemente pluma y espada.
        Feliz 2016 y muchas gracias.

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