SHIN-HANGA, NATURALIDAD Y POESÍA

Barco en medio de la lluvia primaveral. Kawase Hasui (1920)
Barco en medio de la lluvia primaveral. Kawase Hasui (1920)

Shin-hanga (新版画, literalmente “Nuevo grabado”), fue una corriente artística que floreció en Japón durante las Eras de Taishô y de Shôwa (1915 a 1941 aproximadamente), y que renovó la estampa japonesa que tanta popularidad había alcanzado durante Edo y Meiji  (siglos XVII a XIX D.C). Heredero en su temática del ukiyo-e, este Nuevo Grabado era una forma de impresionismo, donde los espacios y las formas se abordaban con una nueva sensibilidad: la occidental. El artista incorporó a la estampa los efectos de la luz, el volumen  y la expresión de rasgos individuales, en la búsqueda del naturalismo. Con estas técnicas, dio a los tradicionales paisajes  (fukei-ga),  a los lugares famosos (meishō), las mujeres (bijin-ga), los actores (yakusha-e), y a los pájaros y flores (kachô-ga) una nueva humanidad.

El término shin-hanga lo acuñó en 1915 alguien que no era precisamente  artista, sino editor. Watanabe Shôzaburô[1] (1885-1962), dedicado desde siempre a la publicación de ukiyo-e, quiso hacer del shin-hanga una forma refinada de arte alejada del carácter popular y masivo del ukiyo-e.  Con gran habilidad, consiguió convocar a varios artistas considerados “pasados de moda” por las tendencias del momento y los puso a trabajar en este tipo de grabado naturalista con el ánimo de exportarlo a Occidente. Sospechaba que el  atractivo exótico que el grabado japonés de por sí tenía para los extranjeros, unido a unas técnicas que lo humanizaban, darían lugar a un producto sumamente atractivo. Y acertó. Coleccionistas, compradores y expertos de Europa y los Estados Unidos quedaron fascinados por estos nuevos grabados, y ellos mismos lo promocionaron  en territorio japonés.

Porque, curiosamente, en Japón no gustaban de este tipo de grabado; se le veía una adaptación del ukiyo-e clásico y no se le prestaba atención. Desde finales del siglo XIX, mientras Europa y América abrazaban el Japonismo, el Japón se rendía a la pintura, la arquitectura y la escultura venidas del Oeste del globo. Los estudiantes de arte japoneses se empezaron a formar en el óleo y la pintura occidental (yōga), que fue elevada oficialmente a la categoría de arte, mientras el grabado japonés en general era sólo considerado un oficio.

El shin-hanga se oponía también, en cuanto al sistema de trabajo, al sôsaku-hanga (“grabado creativo”), un movimiento también surgido al inicio del siglo XX que abogaba por concentrar todas las fases del proceso de grabado en una sola persona: “yo lo dibujo” (jiga), “yo lo grabo” (jikoku) and “yo lo imprimo” (jizuri), en la creencia de que el ” yo”[2] individual era el único creador de arte. Contra esto, el shin-hanga defendía un sistema de ejecución grupal del grabado, al igual que su predecesor, el ukiyo-e. Ambas formas, shin-hanga y sôsaku-hanga, se disputaban el patrocinio de organismos oficiales como el Ministerio de Educación[3]; sin embargo, como hemos dicho, ningún tipo de hanga estaba clasificado como arte.

Shin-hanga tuvo una vida corta, pues el militarismo de Japón surgido a mediados de los años 30 del siglo XX interrumpió en gran medida las exportaciones y provocó que los esfuerzos artísticos se centraran en un arte destinado a la propaganda de guerra. Sin embargo, nos ha dejado unas obras sumamente delicadas y atemporales.

 

SENSIBILIDAD DEL SHIN-HANGA

Los grabados shin-hanga destilan una nostalgia y una melancolía que reflejan en cierto modo la añoranza de su autor[4] por tiempos y lugares pasados. Esta aura de “romanticismo” (si lo podemos llamar así) se plasma, por ejemplo,  en los paisajes, a través de estampas apacibles donde el juego de luces y sombras es una constante. Para conseguir este efecto de paz y misterio el artista se valía de esas técnicas occidentales de transparencia, degradado, claroscuro y volumen, las cuales beben de las fuentes de la pintura occidental.

En las representaciones de mujeres (bijin-ga) y de actores (yakusha-e) lograban el naturalismo en la luz y en el movimiento a través de la aplicación de tonos degradados para intensificar el carácter tridimensional de las figuras.

 

FIGURAS DESTACADAS Y ANÁLISIS DE OBRAS

A pesar de su carácter efímero hubo muchos artistas que llevaron al shin-hanga a altas cotas de calidad. Hacer una selección es complicado, por lo que para el análisis de los grabados me he permitido la libertad de elegir a mis cinco favoritos. Y de cada uno he seleccionado una o dos obras. Éstas a su vez representan una de las cinco temáticas clásicas de la estampa japonesa. Y voy más allá: compararé cada estampa con una similar de ukiyo-e clásico.

 

Kawase Hasui (1883-1957) se unió al movimiento shin-hanga en 1919. Su especialidad fue, con toda claridad, el paisaje. Recreó con gran maestría el paso de las estaciones, el efecto del sol, la luna y los astros, captando atmósferas de un enorme poder evocador. Sus paisajes “después de la lluvia” son espectaculares. En 1956, un año antes de su muerte, Kawase Hasui fue declarado Tesoro Nacional Viviente por el gobierno de Japón.

"Después de la lluvia en Akashi". Kawase Hasui (1928)
Imagen 1. Después de la lluvia en Akashi. Kawase Hasui (1928)

Imagen 1. En esta escena marítima, el efecto de las luces del puerto sobre el agua es de una naturalidad apabullante, que Kawase consigue a través de manchas de azul que se van tornando cada vez más transparentes hasta fundirse con un gris perlado que representa a la niebla a los pies de las casas. Gracias al degradé de gris, el pintor consigue situar éstas en segundo plano, recortando el cielo y creando una atmósfera de lejanía y paz.

Puerto de Aburatsu. Utagawa Hiroshige
Imagen 2. Puerto de Aburatsu. Utagawa Hiroshige

Imagen 2. Comparado con la estampa anterior, este paisaje es de tonalidades casi planas. Si bien el paso de la luz a las sombras se refleja con un ligerísimo degradado en los bordes de las figuras, no se aplica ningún tipo de transparencia para los brillos del agua ni para las rugosidades de las rocas. Se trata de una imagen en la que Hiroshige aplica con maestría la perspectiva a la generalidad de la escena, pero sin lograr un efecto visual de volumen en sus diferentes elementos.

 

Goyô Hasiguchi (1880-1921), nieto de samuráis, se formó en arte occidental en la Escuela de Bellas Artes de Tokio. En 1915 realizó su primer shin-hanga, Mujer en el Baño. Desgraciadamente su prematura muerte a causa de la meningitis interrumpió una carrera virtuosa; aunque antes de morir había publicado unos treinta grabados, y sus herederos sacaron a la luz aproximadamente siete. Se podría decir que su tema principal eran las mujeres, bijin, que retrató con naturalidad y una gran sensibilidad.

En el balneario. Hashiguchi Goyô (1920)
Imagen 1(1). En el balneario. Hashiguchi Goyô (1920)
Mujer en kimono de verano. Hasiguchi Goyô (1920)
Imagen 1(2). Mujer en kimono de verano. Hasiguchi Goyô (1920)

Imágenes 1 (1-2). En la imagen de estas dos mujeres se refleja el lenguaje gestual que representa los estados de ánimo, dando a sus rostros y cuerpos una expresividad completamente natural. Además el artista ha dotado a sus rasgos faciales de una total individualidad. Si echásemos un vistazo a todas sus estampas de bijin veríamos que hay rostros distintos y que algunos se repiten, lo que nos da lugar a pensar que tenía modelos habituales que eran sus preferidas, de las que conocía perfectamente cada gesto. También es destacable el uso de degradado de color, especialmente en los pliegues de la ropa de la segunda imagen.

Mujer en su dormitorio en una noche de lluvia. Kitagawa Utamaro
Imagen 2(1). Mujer en su dormitorio en una noche de lluvia. Kitagawa Utamaro
Mujer fumando. Kitagawa Utamaro
Imagen 2(2). Mujer fumando. Kitagawa Utamaro

Imágenes 2 (1-2). Utamaro era especialista en retratar con realismo a las mujeres del mundo flotante. Las damas representadas estaban dotadas de rotundidad y movimiento. Sin embargo en el siglo XVIII el ukiyo-e tenía unos cánones aún muy rígidos en lo referente a los rasgos faciales, que en estas dos mujeres son prácticamente iguales. Así mismo, el color es absolutamente plano, estando ausentes los volúmenes.

 

Ohara Koson (1877-1945) comenzó su carrera con grabados relacionados con la Guerra Ruso-Japonesa, que en la época eran muy apreciados y mejor pagados. Más tarde se unió al shin-hanga, centrando su creación en la representación de flores, pájaros y otros animales. Su talento fue enormemente valorado en Estados Unidos.

Carpa dorada. Ohara Koson. (Publicado por Kokkeido)
Imagen 1. Carpa dorada. Ohara Koson. (Publicado por Kokkeido)

Imagen 1. La transparencia en el color es el rasgo principal de esta estampa de carpas. Aquí Ohara Koson sacrifica la línea a favor de la mancha, suavizando los contornos y creando volúmenes. El predominio de los tonos pastel dota de dulzura y serenidad a la escena, en la que las figuras de las carpas se arquean graciosamente.

Carpa. Utagawa Hiroshige
Imagen 2. Carpa. Utagawa Hiroshige

Imagen 2. En esta carpa de Utagawa Hiroshige hay gran movimiento. Pero se diferencia de la imagen anterior en las marcadas líneas de las escamas del pez, que otorgan a la figura del animal de una gran definición y fuerza (casi agresiva) en contraste con el agua, que parece estática. El color azul del fondo es plano y sólo se aprecia una leve sombra en uno de los flancos de la carpa.

 

Ota Masamitsu (también llamado Ota Gako, 1892-1975), es uno de los pocos miembros del movimiento shin-hanga que se dedicó casi en exclusiva a representar actores de kabuki. En este campo, es todo un referente para coleccionistas del grabado en general y para aficionados al yakusha-e.

Ichikawa Ebizo como Sukeroku. Masamitsu Ota (1954)
Imagen 1. Ichikawa Ebizo como Sukeroku. Masamitsu Ota (1954)

Imagen 1. En la estampa de Ichikawa Ebizo representando al mítico Sukeroku, la luz se refleja magistralmente en los ropajes del actor así como en la bandana que adorna su frente. Así mismo, los rasgos genuinos y únicos del personaje se reflejan con toda claridad, alejándolo de las uniformidades que presidían las estampas ukiyo-e de los yakusha.

Heitaro Yoshikado disfrazado de rana. Utagawa Kunisada
Imagen 2. Heitaro Yoshikado disfrazado de rana. Utagawa Kunisada

Imagen 2. En esta llamativa estampa realizada por Utagawa Kunisada, el uso del color es plano, sin matices y sin que la luz incida de ningún modo en la figura representada. La imagen es prácticamente unidimensional, y la individualización de los rasgos queda aún lejos.

 

Yoshida Hiroshi (1876-1950). No nos sorprenderá encontrar un grabado de este artista retratando a un elefante indio o una montaña en Suiza. Hiroshi Yoshida amaba viajar. Antes de que pudiera comenzar un proyecto llamado Cien Vistas del Mundo, falleció. Yoshida se especializó en paisajes y en lugares famosos. Era un maestro en el juego de los colores y de la luz. Muchas de sus estampas muestran el mismo lugar en diferentes momentos del día o al paso de las estaciones. A pesar de pertenecer al shin-hanga, tras su vuelta de Estados Unidos exploró formas nuevas que implicaban asumir directamente la fase del grabado de la imagen en madera por sus propios medios.

Puerta Daido. Yoshida Hiroshi (1937)
Imagen 1. Puerta Daido. Yoshida Hiroshi (1937)

Imagen 1. Yoshida utiliza, de forma similar a Kawase Hasui, la transparencia como recurso para el logro del brillo del agua en esta laguna iluminada por la luz matinal. Para ello aplica manchas grandes de azul cuya intensidad va gradando según la posición frente a esa luz. Lo mismo sucede, aunque de forma más discreta, con las sombras que proyectan los aleros de las casas y del templo. A su vez, el cielo es objeto de un sutil degradado. En cuanto a las figuras humanas, a pesar de su carácter secundario frente el tema paisajístico, tienen mayor detalle que en las estampas ukiyo-e (ropas, cabeza).

Enoshima, provincia de Sagami. Utagawa Hiroshige
Imagen 2. Enoshima, provincia de Sagami. Utagawa Hiroshige

Imagen 2. En esta vivaz representación de una de las 36 Vistas del Monte Fuji de Utagawa Hiroshige, la línea y el punto son la técnica empleada para lograr las tonalidades, los brillos las sombras, en contraposición a la mancha que veíamos en la imagen de Yoshida Hiroshi. Cada elemento del paisaje se delinea claramente frente a la tendencia al fundido que tendrían en general las obras paisajísticas shin-hanga. En esta escena los personajes humanos están muy esquematizados, quedando como complemento a la vista del espectador.

 

Como dije anteriormente, hay un catálogo ciertamente amplio de artistas de shin-hanga, cuya obra está disponible en Internet. Otros protagonistas muy importantes de este movimiento fueron:

  • Itô Shinsui. Especialista en paisaje.
  • Charles W. Bartlett. Un extranjero en este arte, con una creación que merece la pena que examinéis.
  • Kaburagi Kiyokata
  • Hirano Hakuhô
  • Torii Kotondo
  • Natori Shunsen. Enfocado al retrato de actores de kabuki.
  • Hiroaki Takahashi (Shotei)
  • Yamamura Toyonari
  • Elizabeth Keith
  • Fritz Capelari
  • Shiro Kasamatsu
  • Takeji Asano
  • Koichi Okada
  • Tsuchiya Koitsu

Todos son excelentes.

 

Para concluir, dejo aquí una de mis estampas favoritas. Ésta, como tantas otras, despertó en mí sensaciones que pude llevar al verso:

Viento en calma. Yoshida Hiroshi (1937)
Viento en calma. Yoshida Hiroshi (1937)

Brillan las aguas

bajo el velero blanco…

no estoy soñando.

 

Que disfrutéis el shin-hanga, y si os evoca un sentimiento, ya estamos de acuerdo. Mata ne!

 

Para saber más

www.hanga.com

www.ukiyo-e.org

www.shogungallery.com

www.artelino.com

(Todas las imágenes pertenecen a estas web, siendo su uso meramente divulgativo y no lucrativo)

Notas

[1] En este artículo utilizaremos el sistema onomástico japonés, en el cual el apellido precede al nombre. Así es más fácil identificar a los artistas.

[2]  Allá por 1912, en el artículo Bunten y las Artes Creativas (Bunten to Geijutsu), Natsume Sôseki (1867–1916) afirma que “el arte comienza y termina con la  expresión del yo”.

[3] Bunten (Exhibición de Bellas Artes del Ministerio de Educación).

[4] Cuando hablamos de “autor” o “artista” nos referimos al dibujante.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Magnífica entrada. No son frecuentes estudios comparativos tan literales como los que aportas, entre la vieja y la nueva estampa. Admiro el virtuosismo técnico del shin-hanga y los logros de estos artistas que por un momento lograron revitalizar un arte considerado ya caduco. No obstante, personalmente, me quedo con el viejo ukiyo-e, ya realmente ‘flotante’ porque su anacronismo los hace eternos, suspendidos en la ingravidez del siempre jamás.
    Gracias, Mª Jesús.

    Le gusta a 1 persona

    1. Muchas gracias por tu comentario, José Antonio. Me alegra que te haya gustado esta visión tan particular. Obviamente el shin-hanga se desmarcaba de ciertos parámetros estéticos puramente japoneses en un intento de conectar con la sensibilidad occidental. Yo tengo el corazón dividido y no tendría claro qué elegir. Pero coincido contigo en la enorme fuerza y poder sugestivo del ukiyo-e. Un saludo y gracias por seguirme.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s