SHINTÔ (I)

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Quiero inaugurar un nuevo camino de reflexión para todos. Dándole muchas vueltas a la cabeza (si se me permite la expresión), y con no pocos temores, he decidido escribir sobre shintô. No es porque sea sobre religión que conviene tener cuidado; de hecho, creo que hay shintô en todos nosotros. Es que la materia es muy extensa y rica… Por eso, hoy me dedicaré a contaros qué es shintô y a tratar de interpretar qué significa para los japoneses.

 

El camino de los dioses

Tronco espinoso_JM Molina_wwwphotakicom

Shintô es la tradición religiosa más antigua conocida en Japón. Etimológicamente se lee “camino de los dioses” (shin/kami, 神, dios; tô/michi, 道, camino). Por tanto, en principio shintô sería “adorar a los dioses”. Pero esta explicación en sí, no aporta grandes diferencias con otras religiones si no conocemos qué es “dios” para los japoneses. No se trata de dioses, sino de kami. La presencia de los kami, como cuenta el Kojiki[1], es más antigua que el mundo mismo. Data de tiempos inmemoriales, mucho antes de que Japón, influido por la cultura china, comenzase a escribir su historia.

 

¿Qué es un kami?

Motôri Norinaga, erudito japonés del siglo XVIII, dijo que kami son “todas las cosas que inspiran asombro; pueden ser personas, por supuesto, pero también pájaros, bestias, bosques y árboles, incluso el océano y las montañas, los cuales poseen un poder superior que no se encuentra normalmente en este mundo.”

Olas sobre las piedras. (Foto: Santiago Manso)

De esta afirmación podemos concluir:

que kami son los mismos elementos de la naturaleza,

que hay miles y miles de kami (Japón es la tierra de Yaoyorozu-no-kami 八百万の神, “la miríada de dioses”),

que tienen un poder superior,

y que causan asombro.

Por tanto, el shintô supone afirmar que la naturaleza tiene poder, un poder extraordinario que supera al hombre y va más allá de su control. Este poder nos sobrecoge, en ocasiones nos da miedo, y en otras nos emociona; pero, ¿es éste un poder inteligente? ¿cuál es el “camino” que nos muestran los kami?

Lobo. Tradicionalmente asociado con la diosa Amaterasu. (Foto: Wikimedia Commons)
Lobo. Tradicionalmente asociado con la diosa Amaterasu. (Foto: Wikimedia Commons)
"Spirit of the sea". Bertha Lum (1916)
“Spirit of the sea”. Bertha Lum (1916)

En realidad, la mayoría de expertos coinciden en que el concepto de kami, curiosamente, se desarrolló con el budismo. Durante las etapas prehistóricas de Jômon y Yayoi (del año 13.000 a. C. hasta el siglo IV d. C.) se entendía la naturaleza como una fuerza suprema incontrolada e impersonal, con la que era muy difícil relacionarse: los primeros chamanes se limitaban a crear figuritas de arcilla con forma de mujer para propiciar buenas cosechas. Sin embargo, cuando en Japón (a partir del siglo VI) se oyó hablar de Buda, el cual había sido antes un hombre, se produjo una personificación de las fuerzas naturales, a las que se llamó kami; los kami tenían virtudes humanas excelsas, e incluso maldad. Comenzó a llamárseles “espíritus”. Y como podían tener buenas o malas intenciones, había que contentarlos. Ahí empezó el sintoísmo, el culto a los kami. Y se pasó de pequeños santuarios locales a templos regionales grandes, como el de Ise o el Izumo Taisha, donde se hacían ofrendas y visitas ritualizadas.

 

Sintoísmo, una religión natural

Según lo dicho anteriormente, el shintô o sintoísmo es una religión (re-ligare = unirse con fuerza), gracias en parte, al budismo.

Pero, ¿qué diferencia hay entre el budismo y el shintô? ¿Cómo han podido convivir en Japón, como aún hacen hoy? Cierto que, durante casi toda la historia del país (hasta el inicio de Meiji, siglo XIX) básicamente eran dos creencias en una:

Incienso budista
Incienso ritual budista. (Foto: Wikimedia Commons)
  • Un ser al morir se convertía en kami o espíritu;
  • según el temperamento, su poder podía ser malvado o benefactor; si optaba por hacer el bien al mundo, alcanzaba el paraíso y más tarde se convertía en Buda (nirvana);
  • si elegía hacer el mal o conservar su rencor, iba al infierno o se condenaba a vagar por el mundo como un fantasma.

 

Por eso, aún en la actualidad, encontramos a los japoneses celebrando la fiesta sintoísta del Shichi-go-san (七五三), una especie de “primera comunión” de los niños en la que se pide a los kami por su larga vida; y a su vez por otra parte, la muerte se ritualiza con un funeral budista y en verano se celebra el Obon.

Novia shintô. (Foto: Wikimedia Commons)
Novia shintô. (Foto: Wikimedia Commons)
Faroles festival Obon. (Foto: Wikimedia Commons)
Faroles festival Obon. (Foto: Wikimedia Commons)

Sin embargo puede decirse que, en cierto modo, el shintô ha acabado por imponerse sociológicamente al budismo en Japón[2]. Dos son las causas. El sintoísmo es una religión no revelada, por lo que a diferencia del budismo no tiene apenas preceptos ni dogmas; cuando un japonés visita el santuario shintô busca tan sólo la purificación espiritual y la protección del kami, y éste no exige más que ser recordado. Por otra parte, el budismo perdió hace años la batalla por el monopolio del poder (laico) y de la educación (laica y en menor medida, cristiana), y sus ritos han sufrido un proceso de secularización: son más una costumbre sociológica que fruto de la fe en Buda. Preguntándole hace poco a una mujer japonesa, me dijo que la costumbre de sus compatriotas de enterrarse según el rito budista se debía a que “los familiares de anteriores generaciones estaban enterrados así”; otros japoneses a los que abordé, se sienten confusos ante la idea de dios o Verdad revelada.

Collage Shintô

Dejando a un lado las escuelas del llamado kokugaku (Norinaga), o el shintô estatal de culto al Emperador (Hirata), puede decirse que, en definitiva, los japoneses veneran a la naturaleza y sólo a ella se encuentran “fuertemente unidos”.

 

Unos pocos kami

Susanoo se enfrenta a Orochi, la serpiente del mar. (Foto: Wikimedia Commons)
Susanoo se enfrenta a Orochi, la serpiente del mar. (Foto: Wikimedia Commons)

No voy a aburrir al lector con todo el catálogo de kami que existen en el shintô, pues, como dije al principio, son miles y están presentes en el mundo. Básicamente, los kami se dividen en:

Kami de la naturaleza; pueden ser estrellas, truenos, viento, lluvia, o bien ríos, lagos, montañas y todos sus respectivos animales, con los que se produce a veces una total identidad. Un ejemplo es el dragón o serpiente, que se asocia con el mar y protege a los marineros; otro el ciervo, identificado con la montaña; el zorro o tanuki, etcétera.

Kami de la cultura; abarcan:

  • Antepasados, que se convierten en dioses tutelares de la familia o el hogar, al estilo de los lares y los manes de la Roma clásica. Éstos se suelen adorar a diario en los kamidana o altares de la casa.
  • Espíritus protectores de los oficios y las cosechas (kami del arte del sable, kami del arroz), y también de los estados de la vida (el kami del nacimiento, por ejemplo).
  • Kami humanos, personas veneradas como kami en vida o sólo después de la muerte. Ejemplos de lo primero son curanderos y adivinos, héroes ilustres o famosos, y el mismo Emperador. A veces, el folklore tradicional ha considerado que los humanos, al morir, adoptan la forma de un espíritu que asciende hacia las montañas, y dependiendo de la estación, bajan al mundo humano en forma de kami de la siembra de arroz, kami de la cosecha…alternativamente.

 

Hay que precisar que muchos kami se hicieron tan célebres que adoptaron nombres para la literatura clásica y la cultura popular. Los kami más conocidos de la cultura clásica son:

Amaterasu:Kami del Sol”, considerada la madre de Japón. Primera de los tres hijos nobles producidos por Izanagi, creador del mundo. Se decía que de ella desciende la Familia Imperial. Venerada, entre otros lugares, en el santuario Ise Jingu.

Izanagi e Izanami: según el relato legendario del Kojiki, el kami masculino y el kami femenino, respectivamente, que crearon el mundo. Entre sus tres hijos, la mayor es Amaterasu. Hay un lugar sagrado muy especial dedicado a ellos junto al santuario de Ise, llamado “las rocas casadas”, donde muchas parejas aún hoy rezan a estos kami para que les den un matrimonio duradero.

"Izanami e Izanagi". Eitaku Kobayashi (1890). (Wikimedia Commons)
“Izanami e Izanagi”. Eitaku Kobayashi (1890). (Wikimedia Commons)
Ceremonia ante las Rocas Casadas. (Foto: www.fpcj.jp)
Ceremonia ante las Rocas Casadas. (Foto: http://www.fpcj.jp)

Ôkuninushi: Gran Señor de la Tierra, antes humano y después deificado gracias a su astucia e inteligencia. Desde la época medieval, Ôkuninushi fue identificado con el kami popular Daikoku (del que hablaremos ahora). Ôkuninushi está consagrado en Izumo Taisha y otros santuarios. Es protector de los agricultores.

Koyasu-sama: patrona del embarazo, el parto seguro y el crecimiento y desarrollo saludable de los niños. Su historia es conmovedora: casada con Ninigi (nieto de Amaterasu) quedó embarazada en una sola noche, y dio a luz a tres hijos en medio del fuego, como prueba de que no había sido infiel a su marido. Todavía existen santuarios sintoístas dedicadas a Koyasu-sama en los tiempos modernos, donde las mujeres embarazadas acuden para que todo vaya bien en el parto.

Koyasu-sama, a veces identificada con la deidad budista Kannon y con la Virgen María. (Foto: Wikimedia Commons)
Koyasu-sama, a veces identificada con la deidad budista Kannon y con la Virgen María. (Foto: Wikimedia Commons)

Y los kami más conocidos de la cultura popular son:

Daikoku de oro. (Foto: Wikimedia Commons)
Daikoku de oro. (Foto: Wikimedia Commons)

Daikoku: kami de la riqueza y la prosperidad. Lleva siempre un mazo de madera en la mano derecha, un saco con oro sobre su hombro izquierdo, y bajo sus pies siempre hay dos fardos de arroz. Esa confusión sintoísmo-budismo (dos creencias en una) de la que hablamos antes, condujo a la asociación de Daikoku con el kami Ōkuninushi. Así que Daikoku se convirtió en la deidad de la cocina para las amas de casa, los comerciantes lo adoraron como tutelar del dinero, y los agricultores como protector del arroz.

 

 

Ebisu: kami opulento que siempre lleva una caña de pescar o un besugo, muy conocido por la gente en todo Japón. Ebisu es adorado con frecuencia en pequeños santuarios de  promontorios costeros, como una deidad que trae una abundante pesca, y al comienzo de temporada de pesca capitanes de barco y hombres jóvenes bucean con los ojos vendados en el océano y traen de vuelta rocas que luego consagran en el santuario.

"Oni en ropas de monje". Kyosai Watanabe (1864). (Foto: Wikimedia Commons)
“Oni  monje”. Kyosai Watanabe (1864). (Wikimedia Commons)

Oni: un demonio sobrenatural deforme, que visita este mundo desde el mundo de los muertos, trayendo consigo un desastre o una bendición. A causa de la influencia del budismo, en Japón se interpretó que era un kami errante (“alma en pena”), condenado a vagar por sus malas acciones.

No hay que dejar de decir que estos kami famosos, sin perjuicio de ser venerados en lugares concretos, han quedado en general relegados al ámbito del folklore y no son más que símbolos del verdadero hecho religioso: la naturaleza. Naturaleza y Japón son sinónimos para la mentalidad de los japoneses.

 

La secularización “forzada” del shintô

¿Quién no se sorprende al ver, en un país tecnológico y altamente desarrollado como Japón, un altar instalado dentro de una empresa? Esto es una realidad. El aeropuerto internacional de Haneda, en Tokio, tiene un pequeño santuario donde aquél que lo desee puede presentarse a orar por un buen viaje. Otros ejemplos célebres se han recogido en el libro Kigyo no Jinja: Asahi Jinja (Destilerías Asahi), Terebi Asahi Inari Jinja (TV Asahi), Sapporo (Cervecerías Sapporo), Seiko Inari (Shiseido Co., Ltd.), Izumo Jinja (Toshiba Corporation), Hoko Jinja (Toyota Motor Corporation), entre otros. El fuerte arraigo de esta costumbre empresarial nos debe hacer pensar  que si bien los japoneses no confían su empresa a los dioses, sí hay un cierto “prurito religioso”, si queremos llamarlo así.

Altar en Aeropuerto de Haneda. (Foto: Kôji Ôsawa. Kokugakuin University, Tokio)
Altar en Aeropuerto de Haneda. (Foto: Kôji Ôsawa. Kokugakuin University, Tokio)

Y qué decir de las ceremonias de purificación o jichinsai. Antes de la inauguración de una fábrica o de un edificio, se limpia escrupulosamente el lugar y se hacen oraciones para expulsar a los posibles “malos kami”. Este rito en particular ha hecho a algunos poner el grito en el cielo. ¿Y si se está violando la necesaria separación entre la religión y el Estado? Algunos casos han llegado a juicio. Hasta el punto que el Tribunal Supremo de Japón tuvo que  pronunciarse allá por 1977. A la luz de su doctrina, puede decirse que lo que antaño fueran ritos religiosos shintô, como los altares emresariales o la purificación, hoy en día son sólo costumbres, meras convenciones sociales. Por ello, también el sintoísmo ha sufrido una cierta secularización. Aunque el shintô, insisten muchos, sigue teniendo una evidente carga espiritual.

 

¿Están los jóvenes descubriendo el shintô?

Jóvenes japoneses rezando. (Foto: Wikimedia Commons)
Jóvenes japoneses rezando. (Foto: Wikimedia Commons)

El teólogo Hiromi Shimada se hizo eco, en un artículo escrito el pasado año 2014, del aumento del número de jóvenes que visitaban los santuarios, tanto budistas como shintô, en los últimos años. Como observador, apreciaba además que éstos conocían los ritos, como el preceptivo saludo ante el torii, y los seguían a rajatabla. En afluencia a lugares como Ise superaban a los ancianos, tradicionales asiduos de estos lugares. Se preguntaba qué les estaba ocurriendo a los jóvenes en relación con su fe. ¿Está la juventud japonesa renovando su sentido religioso de la existencia?

Devoción de los jóvenes. (Foto: www.elnuevoherald.com)
Devoción de los jóvenes. (Foto: http://www.elnuevoherald.com)

Muchos expertos, incluido el propio Shimada, creen que en parte los santuarios shintô se consideran por la gente como un power spot, o lugar donde uno se puede llenar de energía vital en contacto con la naturaleza. Ésta es una moda extendida por todo el mundo. Ciertamente, puede haber algo de verdad en ello. Pero hay algo más.

Costa de Gijón (con relámpago)_TrasguPhoto_wwwphotakicom

Una joven amiga japonesa me ha dado su versión. Para ella, han ocurrido en Japón cosas muy grandes y a veces dramáticas que pueden explicar este resurgir de la religiosidad. El terremoto y tsunami de 2011 golpeó las conciencias de los japoneses y los obligó a reflexionar sobre el poder de la naturaleza y la fragilidad de la existencia humana. Y también, recalcó ella, en un contexto como el actual, donde las relaciones políticas con China o Corea son complicadas, es lógico que Japón se mire a sí mismo, reafirmándose y fortaleciéndose en la tradición. Y el shintô es el mejor símbolo de la identidad japonesa.

 

Y esto es, por hoy, lo que quería contaros. Quiero, antes de despedirme, dedicar este artículo a dos amigas. Lisa y Mariko, ¡muchas gracias por vuestras palabras! Han quedado aquí muchas cosas meramente esbozadas, sin embargo estas reflexiones pueden ser un buen punto de partida para los que deseéis adentraros a conocer el shintô. Tengo pensado hacer una segunda entrega, donde explicaré algo sobre los rituales más comunes y sobre todo, daremos un paseo por los santuarios más conocidos de Japón. Os espero. ¡Hasta la próxima!

 

(Texto: María Jesús López Beltrán)

(Fotografías sin leyenda: Tronco espinoso-J.M. Molina; Olas sobre las piedras-Santiago Manso; Costa de Gijón (relámpago)-Trasguphoto)

 

FUENTES:

k-amc.kokugakuin.ac.jp

www.greenshinto.com

https://shintoheisei.wordpress.com

elimperialismodejapon.es.tl

 

NOTAS

[1] Primera crónica histórica de Japón, elaborada en el siglo VIII d.C.

[2] Toshimaro Ama en ¿Por qué los japoneses son irreligiosos? (University Press of America, 2005)

 

 

 

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