SAMURAI REBELLION (Joiuchi-hairyô tsuma shimatsu)

Un corazón contra la ley

RebellionPortadaQuiero iniciar esta tarde hablando de otra de mis películas predilectas, Samurai Rebellion. Una historia de vidas cercenadas y esperanzas rotas por algo que es más fuerte que la espada: el sistema. Desde la primera vez que vi esta película aprecié que no es una cinta de samuráis (chambara) al uso. Porque aunque mucho cine “histórico” del Japón (jidai-geki) ha retratado el conflicto interno del samurái con el hombre que hay tras él, pocos filmes como éste de Masaki Kobayashi muestran tan abierta y descarnadamente el amor como ariete que ha de derribar los muros de la opresión y la injusticia. Por ello digo que Samurai Rebellion, más que el individuo contra el sistema, es “un corazón contra la ley”.

Samurai Rebellion se estrenó en junio de 1967 producida por Toho Company bajo la dirección de Masaki Kobayashi, el cual venía acompañado del éxito de su anterior gran película Harakiri (1962). El director quiso conservar, en el guión (de Hanobu Hashimoto) y en la cinta, el título original de la historia escrita por Takiguchi, Joiuchi-hairyô tsuma shimatsu (上意討ち 拝領妻始末), Rebelión- Por la esposa entregada, porque efectivamente, es sobre todo un drama familiar, que se salda (eso sí) con acero y sangre.

Fotograma de la película. (Imágenes propiedad de Toho Co, Ltd)
Fotograma de la película. (Imágenes propiedad de Toho Co, Ltd)

Japón, año 1725. Isaburo Sasahara, veterano samurái del clan de Aizu, lleva una vida estable y anodina junto a su familia al norte de Edo (actual Tokio). Isaburo es un excelente espadachín admirado por todos, aunque sufre en silencio un matrimonio infeliz con la displicente Suga, a cuya poderosa familia se incorporó como marido adoptado (mukoyoshi), y sueña con que su hijo mayor, Yogoro, corra mejor suerte que él. Un día de otoño, la paz se ve interrumpida: su señor (el daimyô Matsudaira) le exige que case a Yogoro con la dama Ichi,  concubina suya y madre de su segundo hijo, Kikuchiyo, que ha sido expulsada del castillo por mal comportamiento. Isaburo y su familia, tras la resistencia inicial y bajo evidente presión, acceden al matrimonio entre Ichi y Yogoro. Lo que ocurre es que, inesperadamente, los dos jóvenes se enamoran; al año siguiente, fruto de ese amor nace la pequeña Tomi.

Fotograma de la película. (Imágenes propiedad de Toho Co, Ltd)

Fotograma de la película. (Imágenes propiedad de Toho Co, Ltd)
Fotograma de la película. (Imágenes propiedad de Toho Co, Ltd)

Cuando todo parece ir bien, el primogénito de Matsudaira muere inesperadamente, y el daimyô reclama el retorno de la dama Ichi. Ante la inminente separación de la pareja, Isaburo, desolado y enfurecido, dice “basta”. Luchará a sangre y fuego contra el clan para salvar el amor de su nuera y su hijo.

 

Cortando muñecos de paja. La paz de la espada

Con la unificación de Japón de manos del shôgun Ieyasu Tokugawa en 1623 se abrió un período de paz estabilidad en todo el país, donde al mismo tiempo se produjo un aislamiento del resto del mundo, quedando las antiguas costumbres feudales, en cierto modo, congeladas en el tiempo. Existía una rígida jerarquía social, donde aún los daimyô o señores y toda la clase samurái, tenían el máximo poder coercitivo sobre el resto de la sociedad. Pero aún más fuerte era la presión ejercida dentro de la clase samurái misma: el soldado dependía de su jefe de grupo; éste del oficial de alto rango, y el oficial a su vez, del daimyô. La estructura se repetía a nivel familiar: el clan menor o apellido (ko-uji, parientes) dependía del clan del daimyô (o-uji). Para vivir, para morir, para casarse, para decidir. Esto es patente en Samurai Rebellion, donde (veréis) nadie, absolutamente nadie, vive tranquilo. Por tanto, la de Japón era, en cierto modo, “la paz de los cementerios”. Bajo una aparente normalidad, se ejercía una violencia silenciosa; los samuráis probaban sus espadas con muñecos de paja, como dice un personaje del filme, pero sus filos habían de estar dispuestos para cortar la cabeza de aquél que osara rebelarse.

Fotograma de la película. (Imágenes propiedad de Toho Co, Ltd)
Fotograma de la película. (Imágenes propiedad de Toho Co, Ltd)

Y para qué hablar de la mujer. Su sometimiento a la familia, grande o pequeña, era total. Y aún más en el entorno del daimyô. Según Lafcadio Hearn, “Para una mujer de la aristocracia la libertad no existía. (…)…la presencia de concubinas en la casa perturbaría su vida conyugal”. El señor podía tener hasta ocho mujeres que le diesen hijos , sobre los cuales ellas no tenían poder alguno y que podían serles arrebatados.

 

El tema central de Samurai Rebellion

Samurai Rebellion es un ejemplo de cómo cualidades humanas como el amor, la dignidad o la auto-realización caen aplastadas bajo el peso de una maquinaria infernal de poder, creada, precisamente, por el hombre mismo. Y es un hombre también el que lucha, solo, contra ese monstruo pétreo, sabiendo que va a perder. “Es inevitable”, frase que se repite como un mantra durante toda la película. Isaburo,  en una escena de extraordinaria sutileza, pisa el jardín de grava recién rastrillado y limpio, en lugar de pasar por el sendero pavimentado. Ya ha tomado su decisión: y con ella rompe todas las normas. Pero, insisto, esta lucha es por amor, ya no propio, sino de otros a los que se ama y por los que merece la pena el sacrificio. Aquí está la diferencia con Harakiri (1962):

“No abandonaré a Ichi, aunque los cielos lluevan fuego” (Yogoro al jefe Kotani). “¿…aunque lluevan fuego? ¿…y sangre?” (Kotani).

“¡Prometedme que nunca os separaréis! ¡Prometédmelo!” (Isaburo).

 

“Yo, Isaburo Sasahara, en toda mi vida me había sentido tan vivo”

Fotograma de la película. (Imágenes propiedad de Toho Co, Ltd)
Fotograma de la película. (Imágenes propiedad de Toho Co, Ltd)

Para mí en Samurai Rebellion se distinguen claramente dos partes. En la primera se expone el conflicto, en el seno de la familia y en el clan, y se observa el proceso que lleva a cada personaje a posicionarse sobre el mismo; es una fase fundamentalmente dialogada, pero nada sobra en ella, y la tensión se palpa en cada frase, cada gesto. En la segunda parte, Isaburo y su hijo pergeñan y ejecutan su rebelión, y es aquí cuando la acción se acelera y el dramatismo supera los límites, mostrando emociones a flor de piel: “Yo, Isaburo Sasahara, en toda mi vida me había sentido tan vivo”. Es precisamente por contraste con la atmósfera lenta y silenciosa que recrea la primera parte, que la segunda resulta a nuestros ojos más corrosiva, desesperanzada y violenta.

 

Aspectos visuales y estéticos

Es destacable la casi total ausencia de música incidental durante la primera parte del filme, antes señalada. Es al iniciarse la rebelión de Isaburo cuando se rompe ese silencio sepulcral, y suena una potente marcha militar al son del tambor y las tablas, anunciando la batalla que se librará.  Esta pieza musical, del maestro Tôru Takemitsu, es impresionante.

Fotograma de la película. (Imágenes propiedad de Toho Co, Ltd)
Fotograma de la película. (Imágenes propiedad de Toho Co, Ltd)

Visualmente, yo destacaría,  por un lado, los abundantes primeros planos en la parte primera, donde uno puede sentir las emociones de los personajes; y por otro lado, la horizontalidad de las escenas colectivas, donde gracias al blanco y negro, como dijo el crítico Donald Richie, uno parece encontrarse ante auténticas pinturas suiboku (¿recordáis mi artículo sobre la pintura en el té?) en aguada de tinta. Y algunas de esas escenas acaban en cuadros absolutamente teatrales, con poses congeladas que son obras de arte.

Fotograma de la película. (Imágenes propiedad de Toho Co, Ltd)
Fotograma de la película. (Imágenes propiedad de Toho Co, Ltd)

Y por último y no menos importante,  los actores. De Toshirô Mifune (Isaburo) ya se ha dicho todo: el corazón y la bestia en un solo cuerpo; el apuesto Go Kato (Yogoro) es paradigma de un alma honesta y limpia; Yuko Tsukasa (Ichi) interpreta con solvencia, aunque con algo de hieratismo en ocasiones, su papel de mujer doliente y traicionada; y el actor fetiche de Kobayashi, Tatsuya Nakadai (Tatewaki) protagoniza con Mifune momentos memorables, por mucho que el destino se pose como una nube negra sobre su amistad.

Y ya no debo contar más. Dejo que seáis vosotros los que, si lo deseáis,  veáis Samurai Rebellion.  Espero por lo menos haber despertado vuestra curiosidad. Si tenéis dudas, preguntad. Y si apostáis por verla, no será tiempo perdido…

Y recordad: el cine, a ser posible…siempre en versión original.

 

Bibliografía

Japón, un intento de interpretación. Lafcadio Hearn. Satori Ediciones, 2009.

Samurai Rebellion: Kobayashi’s Rebellion“. Donald Richie.  Samurai Rebellion (DVD). Ensayo. Criterion Collection. Fecha de edición: 25-10-2005.

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Hortensia dice:

    El amor. Es la mejor arma que el ser humano tiene para desterrar todo lo malo que acontece en su vida(si se sabe utilizar. Claro)

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    1. Cierto. Los mayores sacrificios se hacen por amor. Y eso exige valentía. Si no fuera por todos esos valientes, el mundo sería más infierno de lo que ya es a veces.

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  2. Muy buena reseña. Ya quiero ver la película. Es difícil encontrar una historia de sumarais que contraríe su mundo estamental de castra. Y mucho meno que eso sea por amor. Saludos.

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    1. ¡Gracias por tu aportación! En “47 ronin ” o en “Harakiri” por ejemplo, se retrata también el abuso de poder en el estamento samurái, pero como explico aquí al protagonista le mueve un sentimiento que en el Japón tradicional parecía tabú en el mundo masculino: el amor. ¡Espero que te guste la película y de paso me comentes! Hasta pronto.

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