EL UNIVERSO DEL TÉ (V)

Ikebana confeccionado con sable corto. Fotograma de Muerte de un maestro de té (1989)
Ikebana confeccionado con sable corto. Fotograma de “Muerte de un maestro de té” (1989)

 

Hoy os hago llegar la que, con casi total seguridad, será la última entrega de la serie EL UNIVERSO DEL TÉ.  Digo “casi” porque el té nunca se acaba; tal papel jugó como elemento cohesivo de la sociedad, que estará presente en más ocasiones en que tratemos la historia de Japón. En este punto vamos a recorrer la arquitectura, la jardinería y el arreglo floral. Y os propongo hacerlo en su sentido natural, es decir, como si nosotros mismos fuéramos andando de camino a la casa de té.

Antes que nada quisiera aclarar que para hablar del lugar de celebración de la ceremonia del té voy a utilizar el término sukiya (数寄家), que es el acuñado por Sen no Rikyû (aunque la ortodoxia académica habla de chashitsu 茶室), por las ideas que esta palabra encierra y que luego explicaré. Al traducirla al castellano, me arriesgaré y no haré caso a ninguno de mis maestros, así que la llamaré “casita de té”, porque no es una casa donde trabajaban las geishas (ochaya), ni tampoco una cabaña.

 

PAISAJISMO. El roji o jardín de té

Para acceder al recinto del té hemos de atravesar su jardín. Entraremos en él por su parte exterior, porque, a partir de que lleguemos al machiai, asiento de espera, se abrirá la parte interior, la más íntima y simbólica para el chanoyû, llamada roji.

Roji de casa de té. Escuela Omotesenke (Kioto)
Roji de casa de té. Escuela Omotesenke (Kioto)

El roji, que conduce a la sukiya o recinto del té, es la representación del pasaje hacia la iluminación, en el concepto budista; por eso cuando caminemos por él, romperemos toda comunicación con el exterior, nos “limpiaremos” y nos impregnaremos del espíritu del té, entrando en una nueva dimensión de la existencia.

Camino de piedras roji_Omotesenke School of TeaEl roji representa la naturaleza pura, original. Su suelo está tapizado de verde musgo, y un sendero de piedras dispuestas de forma irregular, sostienen nuestros pies… unos cuantos árboles y arbustos perennes como pinos y abetos, recios y fuertes, son los únicos presentes. No hay flores; tan sólo se permite, en casos puntuales, un cerezo. ¿Por qué no hay flores? Kobori Enshu, maestro de té contemporáneo de Rikyû, lo explicó a sus pupilos: una sola flor, entre muchas otras, era por si misma objeto poético de la ceremonia del té. Y así debía ser para que su belleza fuera destacada y contemplada. Desde Enshu, ya no se plantaron flores en el jardín de té.

 

La gloria de la mañana

Gloria de la mañana. ( Imagen: Wikimedia Commons)
Gloria de la mañana. ( Imagen: Wikimedia Commons)

Es hermosa una anécdota sobre las flores atribuida a Sen no Rikyû. La veracidad de tal leyenda aún se discute, pero debemos conocerla para entender el sentido de lo que acabamos de ver. Toyotomi Hideyoshi (regente imperial del que ya hemos hablado) había oído que el maestro Rikyû tenía en su jardín un extraordinario árbol de glorias de la mañana, flores de hermosura singular. Un día arregló el regente una visita a la casa del maestro para ver tales flores; más cuál fue su sorpresa que, al llegar, el árbol había sido retirado. A punto de enfurecerse contra Rikyû, Hideyoshi, al entrar el la casita de té, vio colocada en la tokonoma una única gloria de la mañana, que lucía aún cubierta de rocío, bella y sola. Al visionar la flor, dice Chikamatsu en sus Stories from a tea room window, que:

…los invitados se sintieron de repente refrescados, como si despertaran…

…por lo que Hideyoshi tuvo que admitir que el maestro era un sabio.

 

ARQUITECTURA. La sukiya o casita de té

Siguiendo el sendero empedrado del roji, alcanzamos la casita de té o sukiya.

La sukiya, como lugar independiente para celebrar el chanoyû, se debe a Sen no Rikyû. Antes de él la ceremonia del té tenía lugar en una habitación dentro de una residencia, aunque ya Shukô Murata y Takeno-jô, antecesores del maestro de Osaka, intentaron regular su tamaño. Rikyû impulsó un concepto de morada donde se pudiera realizar este rito del té sin interferencias y en plena comunión con la naturaleza. Para ello era necesario que la casita de té fuera una construcción exenta, separada de las villas o palacios, pequeña, humilde y rodeada por su propio jardín.

Exteriores de casa de té estilo shoin y casa de té estilo sabi. Escuela Omotesenke
Casa de té estilo shoin y casa de té estilo sabi (exterior). Escuela Omotesenke (Kioto)
Casa de té estilo shoin (grandes dimensiones) y casa de té estilo sabi (pequeña). Escuela Omotesenke
Casa de té estilo shoin y casa de té estilo sabi (Interior). Escuela Omotesenke (Kioto)

Tengo que matizar que a pesar de su carácter independiente, la sukiya participa de elementos básicos de la arquitectura a gran escala de la época (shoin, 書院造, ver imágenes superiores): los tatami (esteras de fibra natural que cubren el suelo y miden siempre 0,90 x 1,80), las fusuma (puertas correderas), los shôji (paneles de papel de arroz con bastidores de madera a modo de ventanas y separadores), y sobre todo, la inclusión del tokonoma (que tanto hemos tratado, y seguiremos tratando). Sobre arquitectura de los siglos XIV a XVI el libro de Javier Vives Japón y su arte, I, os contará de maravilla todo lo que queráis saber.

Planta de una casa de té. "Stories from a Tearoom Window", Shigenori Chikamatsu
Planta de una casa de té. “Stories from a Tearoom Window”, Shigenori Chikamatsu

 

El caso es que Rikyû concibió la sukiya como un lugar que, en palabras de Kakuzo Okakura, podía definirse de varias maneras:

La bienvenida. Fotograma de "Muerte de un maestro de té" (1989)
La bienvenida. Fotograma de “Muerte de un maestro de té” (1989)

Morada del gusto (suki= gusto, fantasía; ya= casa); porque nace de la imaginación poética del maestro de té, y por tanto está hecha por y para él. Esto no es óbice para que sus invitados lo encuentren cortés y generoso; éstos aprecian al maestro tanto más cuanto éste dé lo mejor de sí mismo.

 

 

Asimetría de una casa de té. Imagen en el libro "El jardín del té", de Katsuhiko Mizuno
Asimetría de una casa de té. Imagen en el libro “El jardín del té”, de Katsuhiko Mizuno

Morada de la asimetría; porque la naturaleza es sabi, imperfecta, inacabada, cambiante, nada se repite dos veces. Por eso la sukiya está hecha de madera, bambú y paja, semejante a una choza. De ahí que junto al rincón del tokonoma encontremos una columna hecha de madera retorcida sin tratar. Esa belleza rústica que nos devuelve a nuestros orígenes, la tierra. Y por tanto, nos trae al presente, como el sabor del té en la boca.

 

 

 

 

Morada del Espíritu Calmado. Sede de la Escuela Urasenke (Kioto)
Morada del Espíritu Calmado. Sede de la Escuela Urasenke (Kioto)

Morada del vacío; porque el despojarnos de todo nos ayuda a alcanzar nuestra verdadera esencia, recordemos que ku (vacío, 空) es el camino del satori. Por ello la “elegante pobreza” de la casita de té; tan sólo la flor y un trazo de tinta habitan en su interior para que nos encontremos solos, frente al té.

Más no pensemos que la casita de té está hecha al azar. Es precisamente gracias a la maestría técnica de los artesanos carpinteros, altamente apreciados en Japón (en palabras de Okakura), que la inspiración del maestro puede volar libre. La sukiya es de apariencia humilde pero su estructura, tamaño y mobiliario estuvieron siempre perfectamente calculados. Es lo que el noble y maestro de té Kanamori Sowa definió como un “equilibrio entre armonía y contraste”.

Si pincháis aquí accederéis a la página de la Escuela Urasenke, que recordemos es uno de los tres linajes de Sen no Rikyû. Allí podréis ver imágenes de la sede principal de esta familia en Kioto, que ha sido calificada como Bien de Importancia Cultural por el gobierno de Japón. Consta de varios pabellones de té donde se pueden estudiar todos sus elementos. Podríamos entrar en muchas sukiyas o hiromas (habitaciones de té de grandes dimensiones), exentas o dentro de villas feudales…pero lo que debemos recordar es que son recintos de paz y gusto por lo bello.

 

TOKONOMA. Pinceladas

Durante toda esta serie hemos ido conociendo lo que la tokonoma (床の間) o alcoba de honor significa en la ceremonia del té. Sabemos que es el único rincón vestido de la casa, pero esto no es casual, sino que es el lugar designado para situar el objeto del discurso poético del té: la pintura, la caligrafía y la flor.

Tokonoma en el Templo Koto-in (Kioto)
Tokonoma en el Templo Koto-in (Kioto)

Sólo añadiré que sus orígenes se remontan al budismo zen, donde es costumbre adornar el altar de Buda con los llamados Tres Atributos (Mitsu-gosoku): el candelabro, a la izquierda; el incensario, en el centro; y las flores, a la derecha. Estos tres objetos se colocan en la tarima inferior de la tokonoma, nunca centrados, sino asimétricos, con respecto al eje vertical representado por la caligrafía o pintura (kakemono) colgada del hueco interior. Además, entre ellos también ha de hacerse el vacío. Y como ante el altar budista, la tokonoma y todos sus elementos son objeto de meditación y contemplación en el té.

 

IKEBANA. El camino de la flor

Ikebana estilo Chabana o ceremonia del té. (Foto: www.ecosdeasia.com)
Ikebana estilo Chabana o ceremonia del té. (Foto: http://www.ecosdeasia.com)

No por casualidad los japoneses llaman Kado (花道) al arte del arreglo floral. Porque esta práctica, conocida mundialmente como Ikebana (“arte de la flor cortada”), es en realidad un camino, una Vía de expresión del ser iluminado por el satori. Ka=flor; do=camino.

Acabamos de decir que el arreglo de flores tiene origen en los altares consagrados a Buda. En ellos, los monjes colocaban con mimo flores sueltas o en ramitas, las cuales habían sido arrancadas por el viento y flotaban en la corriente del río o yacían en el suelo. La flor es, según Okakura, una ofrenda de amor. Pero en Japón también conecta con el shintô y su veneración a la naturaleza; para los sintoístas los seres naturales son kami (神), espíritus. Junto a esto, el zen le ha dado a la flor el wabi-sabi: la asimetría, la naturalidad, la sencillez y el vacío. Aquí también el espacio y el azar, entre ramas y flores, exhibe su propio lenguaje.

Dejando las corrientes vanguardistas, porque quizá las aborde en un artículo separado, ahora voy a describir los principales estilos del Ikebana, desarrollados desde sus comienzos como arte independiente en el siglo VI d.C. hasta nuestros días:

  • Rikka: el más antiguo, consiste en crear con una rama un gran eje vertical que se prolonga “hacia el cielo” (Monte Shumisen en la tradición china). Alrededor de él, las ramitas y flores más pequeñas constituyen los niveles medio e inferior, como escalones hacia arriba. Este estilo era aún simétrico.
  • Seika: en él, los niveles medios e inferiores de la composición son más libres y con más movimiento. El seika se fue haciendo progresivamente asimétrico, dando lugar al heika.
  • Heika: o “echar las flores al azar”. En éste, la asimetría y el vacío se apoderan de la composición, para dejar lugar al juego (asobi), la fantasía y el capricho de su autor. Este estilo derivó en el chabana, específico para el chanoyû. En éste podrían situarse los arreglos de los maestros de té de los siglos XV y XVI, como Sen no Rikyû. Nos detendremos en este estilo, por tanto.
Ikebana estilo Chabana o ceremonia del té. (Foto: www.sden.org)
Ikebana estilo Chabana o ceremonia del té. (Foto: http://www.sden.org)

Sen no Rikyû preparaba conjuntos florales muy originales, utilizando todo tipo de recipientes naturales, incluso… calabazas. La afición por estas últimas se dice que surgió de un encuentro que el maestro tuvo con un campesino que llevaba una calabaza atada al jubón portando agua. También fueron muy célebres sus recipientes de bambú. Una historia cuenta que una de estas piezas, que él confeccionó haciendo un orificio en el lateral, provocó una vez más la ira de Hideyoshi, pues era él quien se la había encargado expresamente y no había quedado como él esperaba. El furibundo kampaku la arrojó al suelo y la rompió en pedazos. Años más tarde y ya muerto Rikyû, el disputado jarrón se vendería por una suma de dinero tan elevada que con ella se podía alimentar a un hombre de arroz durante veinte años.

Ya dijimos que para el maestro de té, una sola flor es una obra de arte en sí misma. Es por ello que dice el poema:

El cerezo florece cada año

en la montaña de Yoshino,

pero derriba el árbol y dime,

¿dónde están las flores?

 

Y con esta bonita rima concluyo EL UNIVERSO DEL TÉ. Los que conozcan la materia habrán detectado que dejé algunas cuestiones sin abordar, como el arte del bonsái, la quema de incienso en los rituales ceremoniales de Japón, el exquisito mundo de las lacas y otras muchas cosas más, pero creo que debéis ser ahora vosotros los que, si así lo deseáis, completéis lo incompleto. Profundicéis y busquéis. Es la parte más interesante. Por mi parte, muchas gracias por leerme. Estaré pronto de vuelta con más, y espero, mejor. Un abrazo a todos.

 

Fuentes

*Bibliográficas

Sabi-wabi-zen. El zen y las artes japonesas. Raymond Thomas. Ed. Visión Zen, 1983

Japón y su arte, I. Arquitectura, jardinería, pintura y escultura. Desde los orígenes hasta 1868. Javier Vives Rego. Edición Kindle Amazon

Stories from a tea room window. Shigenori Chikamatsu. Ed. Tuttle Publishing, 1982

El libro del té. Kakuzo Okakura. Project Gutenberg, 2008.

*Recursos web

http://www.omotesenke.jp/

http://www.ikenobo.jp/

www.sden.org

www.pinterest.com

www.ecosdeasia.com

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Hortensia dice:

    Precioso jardín

    Me gusta

  2. Gracias por ilustrarnos sobre la tradicional ceremonia del té y todos los detalles que la rodean. Saludos, Patricia

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    1. Patricia, ¡muchas gracias a ti por seguirme! Es toda una experiencia artística el té y me alegro de que te haya gustado mi forma de contarlo. Un saludo.

      Le gusta a 1 persona

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