EL UNIVERSO DEL TÉ (I)

Taza de té 4

Cuando me planteé escribir sobre la ceremonia del té, y con este motivo inicié un camino de búsqueda de fuentes, descubrí todo un arte. El té en Japón es algo más que una bebida; es un modo de vivir. Porque alrededor del té se han transformado la filosofía, la estética y la ética aportando una visión diferente del mundo que nos rodea, y que es genuinamente japonesa.

Y como se trata de algo tan amplio, os lo voy a contar en varias entregas y de una forma sencilla y amena. Hoy nos centraremos en los orígenes del té, de la Vía del Té y las escuelas que surgieron en Japón en torno a este arte.

Kakuzo Okakura, polifacético filósofo y escritor japonés del siglo XIX, hablaba del término Teísmo: Teísmo es el culto dedicado a apreciar la belleza en medio de la sordidez de la existencia. Pero, ¿tanto da de sí una taza de té? Él afirma en su obra El libro del té, que esto podría ser difícil de comprender para un occidental. Y ciertamente puede serlo. En países como Inglaterra se toma el té como costumbre desde finales del XVIII; y aunque no faltan los filósofos del té en ese país, presumo que el sentido que ellos le dan pudiera ser diferente. Okakura, siguiendo la estela de sabios chinos muy anteriores en el tiempo, nos explica por qué el té nos invita a pensar.

Taza de té 1El té es sutil. Y esa sutileza es el secreto de su encanto. Aquel que se aproxima al té ha de esforzarse por descubrirlo del todo; su sabor no se muestra, se sugiere. Es como la vida misma. Diariamente hay detalles que pasan desapercibidos para nosotros, y que si nos parásemos a contemplar nos dirían y aportarían mucho. Hay belleza en las pequeñas cosas de la vida. Esta apreciación de lo natural e imperfecto, wabi- sabi, es la filosofía ética y estética japonesa desde que el Zen hizo su aparición. Y la Vía del Té, chanoyû (茶の湯) es la madre de esta filosofía.

Quisiera aclarar que cuando hablo de té en el contexto japonés, me refiero al matcha (抹茶), es decir, “té verde molido”. No me voy a extender en la botánica. Sólo os diré que la planta del té es originaria de China, y en breve os contaré cómo se extendió su uso a Japón.

Recorrido histórico del té por Japón y China

Cha-ching, Lu Yu.
Cha-ching, Lu Yu.

Ahora paso a explicar de forma somera la evolución del té. En China la planta se conoce desde muy antiguo; se afirma que al menos mil años antes de que llegara a Japón, en el siglo octavo después de Cristo. Era en principio una medicina que servía para arreglar toda clase de males, desde la fatiga hasta el reuma. Fue en el siglo V de nuestra era cuando los emperadores chinos lo elevaron a tesoro, artículo de lujo con el que se premiaba a los funcionarios y militares por sus méritos. Este té no tenía nada que ver con lo que conocemos ahora: era una especie de pastel donde se mezclaban semitrituradas las hojas del té con otras especias e ingredientes, incluso…cebolla. Fue con la dinastía Tang, siglo VIII y coincidiendo con la llegada del budismo a Japón, cuando el filósofo y poeta chino Lu Yu estableció por primera vez un “código del té”, llamado Cha-ching. En él compendiaba los tipos de té, definía el proceso de preparación (tres hervores) y enumeraba el equipaje de utensilios para su servicio y degustación. Todo esto era necesario para lograr las ya célebres sensaciones que un conocido poeta Tang describió:

“La primera taza suaviza mis labios y mi garganta, la segunda acaba con mi soledad, la tercera hurga en mi estéril mente para encontrar las palabras adecuadas. La cuarta me provoca una ligera transpiración- todas las cosas negativas se esfuman por mis poros. A la quinta taza estoy purificado; la sexta me llama al reino de los inmortales. La séptima- ¡ah! no debería tomar más!-. Sólo siento una brisa fresca desde el interior de mis mangas. (….) Que me dejen cabalgar sobre esa dulce brisa y volar más allá.”

Tal era el beneficio espiritual que este “jade líquido” reportaba, que sus seguidores se incrementaron cada centuria. A partir del siglo noveno la historia del té en China y Japón discurría casi paralela; al archipiélago nipón había llegado la planta gracias a los embajadores japoneses para la corte china. Más, el momento cumbre se situó en el siglo XII, Período Kamakura en Japón (Sung en China), cuando se pasó del té sólido al tenchâ (点茶) o té en polvo, que se prepara en agua previamente hervida y se sirve en una habitación desnuda, austera y silenciosa. Esta nueva escuela de té tiene origen en el budismo Zen, pero también en el taoísmo:

Ondas sobre el agua“…descubrir lo grande en lo pequeño…” (Kakuzo Okakura, Libro del té)

“…(el hombre del Tao) es prudente, como el que cruza un arroyo en pleno invierno; dubitativo, como aquél que se previene del vecino; respetuoso, como un invitado; tembloroso como el hielo que se ha de derretir; indefinido, como un trozo de madera sin tallar; vacío como un valle; sin forma, como las aguas bravas”. (Lao Tse, Tao te Ching)

…y la ceremonia del té alcanzó su plena realización en el siglo XVI de manos del maestro Sen no Rikyû. Él fue el responsable de instituir en Japón la Vía del Té, o chanoyû.

“El té es un buen árbol al sur”

Sen no Rikyû. Tôhaku Hasegawa
Sen no Rikyû

Sen no Rikyû (1522-1591 d.C.), monje zen originario de Osaka, ha sido en la ceremonia del té el maestro de maestros. Estableció para el ritual del té los principios de sencillez, naturalidad, austeridad y el discreto encanto de los objetos cotidianos. Wabi (侘) significa “natural”. Si bien no fue exactamente creación suya, él elevó la naturalidad a lo más alto. Su estilo huía de la ostentación y del lujo, eliminando el adorno superfluo. Por eso su escuela de té era el wabi-cha.

En la pequeña y recóndita alcoba donde celebraba los chakai o chaji (las ceremonias del té) nunca había nada; tan sólo una flor cuidadosamente arreglada para el momento, que era el único objeto de contemplación y sobre el que debía hacerse un comentario. En otras ocasiones era un kakemono, delicada pintura o caligrafía colgada de la pared. Pero nunca ambas cosas. Nada, absolutamente nada, podía perturbar la mente del anfitrión ni del huésped. Así hablaba de las sensaciones del té desde la alcoba:

“El patio está cubierto de hojas caídas del pino;

ni una mota de polvo se mueve, ¡y la calma reina en mi mente!

la luz de la luna, allá a lo lejos, sobre el cielo, mirando a través del alero, brilla en una mente sin remordimiento;

el camino de nieve hacia la montaña, silbando entre las rocas, llega a su fin;

he aquí una choza, el maestro está en soledad;

no tiene invitados, ni tampoco los espera.”

La sabiduría de Sen No Rikyû lo hizo alcanzar pronto el reconocimiento de las élites gobernantes de un país aún dividido. Tal era su fama que el señor feudal Oda Nobunaga instituyó en 1573 la ceremonia del té como un rito samurái, llamándolo ochanoyû goseido (茶の湯 御制度, sistema del té); los guerreros, antes de salir al campo de batalla, seguramente a morir, tomaban su última taza de té. Pero la impronta de Rikyû se dejó ver en todas las artes relacionadas con el chanoyû, como la cerámica; él volvió a poner de moda la austera alfarería raku coreano-japonesa, por encima de otros estilos más recargados que provenían de China. Pero, vayamos paso a paso. Al influjo del wabi-cha en las artes dedicaré varias entregas, próximamente.

La historia de Sen no Rikyû es verdaderamente interesante. No sólo en detalles puramente biográficos, que también, sino en todos los personajes que se acogieron bajo su aura. Será recordado sobre todo por su amistad con Toyotomi Hideyoshi, que al ser nombrado regente del Emperador hizo del maestro de té su consejero personal y preceptor allá por 1585. En la pequeña alcoba de su choza instalada en Kioto cerca del palacio de Hideyoshi se congregaban sabios, poetas y samuráis de alta estirpe, y todos perdían por un momento sus privilegios y poder mientras se encontraban alrededor del té en la morada del maestro. Hideyoshi admiraba, y temía, a Sen no Rikyû. El maestro no era nada complaciente, y no tenía reparo alguno en decir al kampaku lo que pensaba realmente, aunque esto supusiera contradecir los deseos de Hideyoshi; tampoco se plegaba a sus gustos estéticos: en la casa de té, Rikyû era la autoridad. A este respecto hay alguna anécdota curiosa que seguro os arrancaría una sonrisa…en El libro del té de Okakura podréis encontrar alguna. Lo cierto es que, bien fuera por celos, bien por sospechas de simpatizar con el cristianismo (que germinó en algunas zonas del Japón por la llegada de extranjeros), o por fuertes diferencias de criterio, Hideyoshi decidió sacrificar a Sen no Rikyû. Alegando sospechas de traición, lo obligó a practicar seppuku. El maestro de té, siempre inalterable en sus principios, cumplió su sentencia. Congregando a sus más queridos discípulos, celebró su última ceremonia de té. Y tras despedirlos a todos, permitió que sólo uno de ellos, joven monje zen, presenciara su honrosa muerte. Este muchacho, al morir, dejaría en su casa lo que una corriente de historiadores considera la obra escrita de Sen no Rikyû, Nanpo-roku, que comienza así:

“El té es un buen árbol al sur…”

Si queréis disfrutar conociendo la figura de Sen no Rikyû, os aconsejo que veáis la película “Muerte de un maestro de té”, dirigida por Kei Kumai en 1989 y protagonizada por Toshirô Mifune. Dejando a un lado su mayor o menor rigor histórico (es altamente fiable) es una película bellísima, con una fotografía y una puesta en escena que invita a contemplarla con calma.

Por suerte para todos, está colgada íntegramente en Youtube. Aquí os dejo el enlace:

 

Y aquí finaliza esta primera entrega. Espero que hayáis disfrutado con el artículo. En la segunda parte explicaré la ceremonia del té paso a paso y conoceremos los utensilios imprescindibles en este arte. Muchas gracias por estar ahí.

Fuentes:

*El Libro del Té, Kakuzo Okakura. Project Gutenberg, 2008

*Tao te Ching, Lao Tse. Traducción de Phillip Bates, 2013

*The Urasenke Legacy: Family Lineage, in Urasenke website

(Traducciones: María Jesús López Beltrán)

 

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Hortensia dice:

    La verdad es que no entiendo nada del tema pero viniendo de ti hace que me interese,y siento mucho respeto por todo lo que hagas porque. Seguro que lo harás muy bien., “Mama”

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    1. ¡Como la palabra de una madre no hay otra igual! Muchas gracias, mamá, por tu aliento. Me alegra que te guste. Besos

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  2. Javier dice:

    Muy interesante María Jesús, espero con impaciencia tus siguientes artículos sobre la ceremonia de té. ¿Conoces la otra película sobre Sen no Rikyu de Hiroshi Teshigara? también está en YouTube.

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    1. Javier, ¡me alegra mucho que te guste! La verdad es que no sabía que esa versión estuviera también en youtube…lo miraré.
      Ya estoy con el siguiente artículo y voy a dedicarlo a las artes influidas por el chanoyû. Pronto me verás preguntándote cosas, seguro que me surgirán dudas. Un fuerte abrazo

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