BON ODORI MADRID 2015

Farolillos Bon Odori

Tengo el placer de comunicaros que ayer estuve en el festival Bon Odori 2015 de Madrid. Como todos los años desde hace mucho tiempo, el Colegio Japonés de Madrid, fundado en 1981, abrió sus puertas para celebrar una tradición muy arraigada y querida entre el pueblo japonés, y acercarla a todo el que quisiera conocerla. Bon Odori (盆 踊り) traducido literalmente vendría a ser algo así como “Baile por los que sufren”. Pero la verdad es que de triste tiene poco. Bon Odori es toda una fiesta de alegres danzas al son de la música de un tambor u otros instrumentos, que tiene lugar en Japón durante el verano, entre julio y agosto. Tiene por objeto honrar y alegrar el espíritu de los difuntos, y aunque sigue conservando parte de esa finalidad, con el tiempo ha ido evolucionando; desde hace tiempo es una excusa perfecta para tomarse unas mini-vacaciones, reunirse con la familia, acudir a las tumbas de los antepasados y de paso, comer y bailar. Eso sí, a ser posible con yukata y sandalias, que hace mucho calor.

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A la hora de vestir yukata, las japonesas salen ganando.

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Antes de contaros mi experiencia de ayer, una pequeña referencia histórica: el Obon, o Bon, tiene origen en el Budismo de China. Cuenta la tradición que un discípulo de Buda, llamado Mokuren, estaba atormentado porque en sueños había visto a su difunta madre atrapada en el Reino de los Espíritus Hambrientos, lo peor que a un muerto le podía ocurrir. Además, en esas revelaciones el hombre veía como en una película todo lo que la mujer había sufrido para sacar a su hijo adelante. Por ello Mokuren fue a buscar a un grupo de monjes que descansaban de un retiro estival a mediados de julio, y ellos, gracias a sus rezos, lo ayudaron a liberar el espíritu de su desdichada madre. Tal fue la alegría del discípulo de Buda, que de pronto empezó a bailar. Esta Danza Bon, pues, refleja la gratitud de los hijos a los padres, abuelos, bisabuelos, que tantos sacrificios han hecho por nosotros. Bon Odori se celebra no sólo en Japón, sino en otros muchos más países del mundo, entre ellos China, Estados Unidos, Argentina y como no, España. Si queréis ampliar información y sabéis un poco de inglés, esta página os contará muchas más cosas: http://www.bonodori.net/E/sekai/bonabc3.HTML.

Pues bien. Ahí en gran el patio del Colegio Japonés me encontraba yo, a las siete y media de la tarde. Un calor sofocante, a decir verdad. La canícula podía llegar a impedirte disfrutar. Pero el verano es así. Menos mal que en mi caso, la escueta ropa blanca y las sandalias que llevé me ayudaron mucho. En el centro del patio, el yagura ( 櫓), torre o escenario elevado, era el lugar donde dos jóvenes presentadores, un japonés y una española (estupenda combinación) anunciaban las diferentes actividades que tendrían lugar. Esta torre es imprescindible en el Bon Odori, ya que alrededor de la misma, siempre circularmente y en el sentido de las agujas del reloj, se realizan los bailes, y además sobre ella están los músicos. Rodeando perimetralmente la explanada, todos los puestos de comida y juegos, donde podías tomarte sin complejos un plato de ramen (fideos) y a su vez intentar pescar pececillos con una raqueta de papel. Para muestra un botón:

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Chica comiendo ramen
Juego de globos
Juego de globos

He de confesar que yo no comí ramen, sino un pequeño  dorayaki, y que intenté lo de la pesca, lo cual, como no  podía ser de otro modo tratándose de mí, fue un fracaso.  Pero me reí mucho y además, me regalaron dos peces…

La primera actuación que vi fue la marcha del mikoshi (神輿 ). El mikoshi es un altar portátil de origen sintoísta donde se transporta el espíritude los kami (y a los expertos perdón por la reiteración “espíritu del espíritu”, pero es para evitar llamar dioses a los kami o ancestros), y sacándolos del santuario, se les da un paseo, de honor, por supuesto. Seis fornidos muchachos estaban allí, en medio de un sol de justicia, cargando el altar y desfilando circularmente alrededor del yagura; al toque del tambor, tenían que levantar hacia arriba el mikoshi y gritar. Honroso, pero duro. Tan duro que una servidora, carcomida por la envidia, se presentó voluntaria para desfilar en la segunda ronda. Salí ilesa, y lo pasé muy bien. Es una pena no tener foto de mi persona realizando tal hazaña pero…igual es mejor.

Mikoshi
Mikoshi

El paseo procesional me dejó sedienta. Mi idea inicial era beber agua, pero al final opté por tomar Ramune, que es una limonada japonesa ligeramente gaseosa, muy agradable y fresca al paladar.

Bajo un sol que insistía en quedarse, comenzaron los bailes. El primero, para mi sorpresa, se realizó por los niños del Colegio Japonés. Ni decir tiene que era toda una estampa ver a los pequeños, todos juntos sentados en el suelo esperando a que comenzase la danza; con sus yukata o jinbei (conjunto de yukata corto y pantalón) de mil colores, parecían florecillas. Al poco tiempo, estaban bailando en círculo al son de una sencilla y alegre canción, la cual, al parecer y según mi duro oído captó, tenía la letra mitad en japonés y mitad en español. El estribillo decía “¡Baila, baila!”. Fue muy tierno, y los chiquillos parecían disfrutar. Lamento no poder insertar el vídeo que hice de su actuación, porque el respeto a su imagen está primero. Aún así, os recomiendo venir el año que viene sólo por verlos a ellos.

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Luego vinieron muchos, muchos más bailes. En lo sucesivo, de adultos, aunque nada impedía que los niños se sumaran a la danza. En el Bon Odori conviven la antigua música Nembutsu (de invocación de Buda) y la Fûryû tradicional sintoísta, con el folk de la etapa de posguerra. Ayer en concreto, se oyeron varias canciones de corte tradicional al son del taiko (tambor japonés, del que ya hablé en otra entrada), brillantemente interpretadas por uno de los integrantes del grupo Seiwa Taiko, que demostró una fuerza rayana en heroísmo al tener que golpear el tambor bajo el sol abrasador. También hubo hueco para canciones contemporáneas. Aunque, sabido mi gusto por lo añejo, me quedo con las canciones tradicionales. En las piezas que se bailaron, las mujeres y chicas japonesas, en su mayoría expertas en estos lances, servían de orientación al resto, casi todos españoles y españolas  con ganas de aprender y que demostraron que… en España ningún ritmo se nos resiste. Pero todos, japoneses y españoles, tenían un denominador común: las ganas de pasarlo bien. Espero que podáis ver este vídeo que preparé sobre uno de estos bailes, que fue mi favorito:

http://www.youtube.com/watch?v=HnWnkUTEKUE

He de hacer otra confesión: yo no bailé. ¿Por qué? No por falta de ganas. Pero estaba muy interesada en tomar imágenes interesantes del evento para luego colgarlas y hacerlas llegar a vosotros. Me quedé con las ganas, pues a mí entre otras cosas me encanta bailar. Sin embargo, mereció la pena. El próximo año prometo vestir con yukata y arrancarme unos pasos. Seguro.

El señor Koshikawa y yo.
El señor Koshikawa y yo.

El final de mi estancia me tenía reservada una sorpresa. Bajo una pequeña sombra, sentado como uno más, estaba el Excmo. Señor Kazuhiko Koshikawa, Embajador de Japón en España. Después de pensarlo un poco decidí acercarme a él para saludarle y conocerlo en persona. Tuve el enorme privilegio de charlar con él animadamente sobre diversos asuntos, y pude comprobar que es una persona extremadamente amable, educada y accesible. Y esa conversación tan agradable me confirmó una vez más que dos países como España y Japón, tan distantes en el espacio, están unidos por fuertes lazos de simpatía, respeto y amistad, porque nuestra diversidad es una riqueza que atrae a ambas culturas a un entendimiento mutuo. ¡También hubo información privilegiada, que no puedo revelar! Bueno, no es para tanto. Sólo os digo que estéis atentos; hay un proyecto sobre teatro. Si toma forma, os lo haré saber.

Una cosa es clara. En este Bon Odori, nadie se quedó esperando. Japoneses y españoles vivieron juntos una velada divertida y calurosa, en el buen sentido de la palabra. En España gusta mucho Japón, y eso se notó ayer. En todos los sentidos.

Al caer el sol, tuve que marcharme . Precisamente cuando empezaba a correr aire fresco. Pero me fui satisfecha, porque lo pasé muy bien, tomé abundante material para mis investigaciones sobre Japón y hablé con el Embajador. ¿Qué más se puede pedir? Sólo una cosa, quizá. Que para el Bon Odori 2016, la organización del Colegio Japonés tenga plantado algún arbolito en el patio. No pienso en mí. También los alumnos se beneficiarían de esa refrescante sombra para la posteridad. Que los ancestros me oigan.

Portada Final Bonodori

Nota: Las fotografías han sido tomadas por la autora, Maria Jesús López Beltrán.

Fuentes bibliográficas:

 *What is Obon, 1998, Shingon Buddhist International Institute, California, http://www.shingon.org/library/archive/Obon.html

*Bon A-B-C, 2002, Bonodori.net, Japan, http://www.bonodori.net/E/sekai/bonabc3.HTML

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