¿A DÓNDE VAN LOS ANCIANOS JAPONESES?

(Foto cortesía de St Columbans Mission Society)Según una antigua leyenda popular, existía en el Japón feudal una montaña conocida como Ubasute-yama (姨捨山), donde, en épocas de hambruna o guerra, se abandonaba a los padres al cumplir los sesenta años. Tal costumbre impuesta por la autoridad, cuya veracidad la historiografía japonesa discute, dio lugar a un famoso relato titulado La balada de Narayama (1956) de Shichirô Fukazawa. En esta historia, la sabiduría de una vieja madre salva la vida de su hijo y al reino entero al dar con la solución a un acertijo, momento a partir del cual el señor feudal decide proteger a los ancianos. No es leyenda, sin embargo, que todos los años durante el tercer lunes de septiembre, en Japón se celebra el Día de Respeto a los Ancianos (Keirō no hi, 敬老の日). En esta fiesta se  honra a los mayores por su servicio a la familia y a la sociedad, prestándoles una atención especial en forma de festival, donde los jóvenes les preparan comida y se realizan cantos y bailes en su honor. Los hijos ya alejados de sus ancianos padres aprovechan este largo fin de semana para visitarlos y descansar junto a ellos. Pero, ¿cuál es la realidad diaria de los mayores de Japón? ¿Qué problemas económicos y sociales se derivan del envejecimiento?

Hace tan sólo un par de días, el diario Yomiuri Shimbun publicaba un reportaje sobre la creciente tendencia a trasladar a los ancianos fuera de su entorno, en residencias periféricas, cuando su deterioro físico y mental es irreversible. En tal artículo se cuenta la historia de un hombre de 77 años, el cual, tras haber vivido y trabajado en el barrio de Shinagawa (Tokio) durante más de cuarenta, ha sido trasladado a una residencia rural que está lejos, muy lejos de su casa y de sus amigos, su único apoyo. Con motivo de una enfermedad, había sido internado en un hospital en Tokio, pero al poco tiempo se le “dio de alta” al considerar que sus dolencias requerían cuidados geriátricos específicos y el centro, saturado de pacientes, no podía atenderlos. Lo mismo le ocurrió a una mujer tokiota de 70 años, que ya muestra síntomas de demencia y ha peregrinado de hospital en hospital hasta que ha “migrado” a un sanatorio de la prefectura de Ibaraki. En estos y otros casos, los hijos o nietos no tienen tiempo ni dinero para atender a sus mayores; y al menos en la actualidad, estas residencias “periféricas” están en lugares desiertos y sin ningún tipo de estímulo para el ocio, el deporte, etcétera. Es lo único que se puede costear con una pensión mensual de 100.000 yen (aproximadamente 740 Euros), teniendo en cuenta los prohibitivos precios de los servicios en Tokio.

Ancianos en una residencia. (Foto: www.nippon.com)

El diario Asahi Shimbun, en un editorial muy reciente, se ha hecho también eco del ya célebre Informe Masuda (cuyo nombre se debe al ex-Ministro de Interior Hiroya Masuda) elaborado por el centro de estudios Nippon Sosei Kaigi, que sostenía la necesidad de animar a los mayores a trasladarse a residencias fuera de las metrópoli, en zonas rurales, lo que redundaría en su bienestar y en una revitalización económica de áreas de Japón “en peligro de extinción” por su bajísima población; según el informe, este proceso ayudaría a la creación de empresas dedicadas a los cuidados geriátricos, impulsando un sector con futuro. El Asahi Shimbun se ha posicionado, en cierta medida, en contra de tal iniciativa; habla de “desarraigo” y de “daño a la preciada memoria personal” de los ancianos, sosteniendo que sacar a los mayores de su hábitat les puede causar un sufrimiento adicional que podría, incluso, acelerar los procesos de demencia. En fin, la polémica está servida.

Lo que es una realidad son las cifras. En el año 2010, la población de Japón con más de 75 años ya superaba los 29 millones de habitantes, sobre los 128 millones del conjunto total (más de un 23 por ciento). Se calcula que en 2025 los ancianos serán 37 millones, lo que unido a la baja natalidad disparará el índice de envejecimiento del país. Aquí tenemos los Indicadores Básicos de Población con una previsión hasta el año 2060:

Indicadores básicos de la población de Japón (1960-2060)

(unidad: 10.000 habitantes)

(Fuente: http://www.nippon.com)

Años 1960 1985 2010 2035 2060
A: Población total antes 9,342
(73.0)
12,105
(94.5)
12,806
(100)
11,212
(87.6)
8,674
(67.7)
Bandas de edad B: Niños (menos de 15 años) 2,807
(166.7)
2,603
(154.6)
1,684
(100)
1,129
(67.0)
791
(47.0)
C: Edad laboral (entre 15 y 64 años) 6,000
(73.4)
8,251
(101.0)
8,173
(100)
6,343
(77.6)
4,418
(54.1)
D: Mayores (65 o más años) 535
(18.1)
1,247
(42.3)
2,948
(100)
3,741
(126.9)
3,464
(117.5)
Mayores de 75 (incluidos en D) 163
(11.5)
471
(33.2)
1,419
(100)
2,278
(160.5)
2,336
(164.6)
Número de defunciones 71
(59.0)
75
(62.8)
120
(100)
166
(138.3)
154
(128.3)
Número de nacimientos 161
(149.9)
143
(133.6)
107
(100)
71
(66.5)
48
(45.0)
Índice de envejecimiento 5.7% 10.3% 23.0% 33.4% 39.9%
Proporción de ancianos dependientes
(D/C)
8.9%
(11 sostienen a cada anciano)
15.1%
(7 sostienen a cada anciano)
36.1%
(2.8 sostienen a cada anciano)
59.0%
(1.7 sostienen a cada anciano)
78.4%
(1.3 sostienen a cada anciano)
Proporción de ancianos dependientes (tomando como población en edad laboral a la de edades comprendidas entre los 20 y los 69 años, y por ancianos a los de 70 o más años) 6.0%
(17 sostienen a cada anciano)
10.6%
(9 sostienen a cada anciano)
25.3%
(4.0 sostienen a cada anciano)
43.9%
(2.3 sostienen a cada anciano)
62.2%
(1.6 sostienen a cada anciano)

(*)Nota: Las cifras de población total y bandas de edad que aparecen entre paréntesis representan el índice, otorgando a los datos de 2010 un valor 100.
Tabla elaborada por el profesor Kenji Shimazaki (Instituto Nacional de Doctorados para Estudios Políticos) a partir de las proyecciones hechas con los supuestos medios de natalidad y mortalidad en el informe Proyecciones demográficas para Japón (enero de 2012), del Instituto Nacional de Investigaciones Demográficas y de la Seguridad Social, y del Censo nacional del Ministerio de Interior y Comunicaciones.

 

El hecho de que, dentro de veinte años, por cada anciano dependiente haya menos de dos trabajadores en activo, debe al menos dar que pensar y poner en marcha medidas contundentes. Porque este acelerado envejecimiento puede dar lugar a un colapso en el gasto público, especialmente en el derivado del sistema de Seguridad Social; de los costes en esta partida, los relacionados con la población anciana suponían un 67,2 % sobre el coste total en 2011.

Gráfica gastos SS Japón

Hay voces en Japón que llaman a la “racionalización” del sistema de cobertura social de los mayores. Muchos expertos apuestan por fomentar el envejecimiento “activo”, animando a los mayores de 60 años a seguir trabajando y participando en la vida social. Hay que diferenciar claramente, dicen, entre un mayor de 60  y un anciano, y esto se debe reflejar en los niveles de cobertura. En el libro La reconstrucción del sistema de la seguridad social, el autor Naohiro Yashiro sostiene que hay una gran parte de japoneses de 65 años que gozan de excelente salud y siguen trabajando voluntariamente (un sorprendente 76 por ciento), condición idónea para retrasar la edad de jubilación, que en Japón se sitúa en los 60 años. Esta medida, que previsiblemente se pondrá en marcha en 2025, reducirá el período de pago de las pensiones y provocará un aumento de los ingresos públicos, que podrán destinarse, con más calidad, a atender a los ancianos que ya no puedan trabajar ni valerse por sí mismos. Expertos como Taro Miyamoto, Profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Chûô, van más allá: es necesaria una reconversión estructural de la asistencia sociosanitaria, y en concreto de la asistencia geriátrica. Según el profesor Miyamoto, sería deseable la convivencia de un sistema público de protección con un sistema privado (o de protección adicional), lo cual pasaría por modificar el actual seguro de atención geriátrica a largo plazo (creado en el 2000) y por adoptar una serie de medidas:

– Limitar el número máximo de atenciones de cobertura pública para mayores independientes

– En el seno de la asistencia pública, construir complejos de viviendas para mayores dependientes y abastecerlas con servicios de atención a domicilio, sistema mucho más eficiente que el actual de centros geriátricos o atención personalizada a domicilio.

– Instrumentar una desregulación de precios entre centros públicos y privados, para facilitar la competitividad de los servicios y crear empleo en el sector geriátrico.

La idea de un sistema mixto de asistencia sanitaria pública y asistencia privada ya ha tenido su reflejo en Abenomics, el ambicioso programa de medidas económicas del Primer Ministro Japonés Shinzô Abe. En el mes de mayo de este mismo año 2015 se ha aprobado una ley que sienta las bases para implantar esta nueva forma de entender el aseguramiento social.

Keirô no hi (Foto: www.muza-chan.net)Queda ahora esperar a que esta nueva política comience su andadura para comprobar sus resultados y para ver si responde con eficacia al gran problema del elevado gasto social. Y, en lo que respecta a la asistencia a la ancianidad, hemos de confiar que las medidas que se adopten respeten la dignidad de los mayores de Japón y les garanticen  una calidad de vida que, sin duda, se merecen.

 

 

 

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