EL HOMBRE DEL CARRITO (Muhomatsu no issho)

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En este artículo quiero presentaros una de mis películas japonesas favoritas, El hombre del carrito. Desde mi punto de vista, esta cinta es ya un clásico de la historia del cine de Japón, en varios aspectos: por los temas que aborda, como el amor, la gratitud y el destino; por la riqueza y hondura de sus personajes; por el período histórico que retrata, la Era Meiji, con todas sus complejidades y contradicciones, y porque representa la época dorada de los grandes estudios en el Japón de los años 50. No pretendo aquí hacer una crítica cinematográfica. Quiero contaros por qué El hombre del carrito (Muhomatsu no issho) merece ser vista, reflexionada y colocada en un lugar privilegiado entre las películas de culto. Y de paso, contaros algo de historia y cultura popular japonesa.

Matsugoro es un hombre humilde de la ciudad de Kokura, que se gana la vida conduciendo un rikisha, una suerte de carrito con dos grandes ruedas con el que transporta personas o bultos desplazándose únicamente con la fuerza de sus piernas. Peleón, pendenciero e impulsivo, pero con una nobleza innata y un enorme corazón, tiene una personalidad arrolladora. En Kokura lo conocen como “Matsu el salvaje”. Un día encuentra a un niño herido en una caída y, tras socorrerlo, lo devuelve a su casa. El padre de Toshio, el Teniente Yoshioka, agradecido y atraído por la fama del rikisha, lo recibe en su hogar, y a partir de entonces Matsu entabla una entrañable amistad con la familia.
Pero el señor Yoshioka muere repentinamente, para la desolación de su esposa, que afronta a partir de entonces la crianza de Toshio, de siete años, en solitario. La joven viuda pide a Matsugoro que la ayude al sacar adelante a un niño tímido y apocado, aportándole valor, coraje y otras cualidades que solo un hombre puede enseñar. Matsu, a pesar de la responsabilidad que supone, acepta. Y desde ese momento, con todas sus carencias a cuestas, comienza a ejercer de padre con el chico: lo protege, lo acompaña cuando se siente solo, le arregla los juguetes, le enseña a nadar…Todo sin esperar nada a cambio, sin dejar de ser un invitado. Entre el rikisha y el muchachito surge un cariño muy especial. Sin embargo, el tiempo pasa inexorable. Toshio se convierte en un hombre y comienza a avergonzarse de Matsugoro, renegando en cierta medida de todo lo vivido junto a el. A los dieciocho años, el joven es admitido en la Universidad de Kumamoto y imagetiene que marchar de Kokura; Matsu se siente solo y abandonado, iniciando un progresivo declive físico y existencial.

El hombre del carrito, dirigida por Hiroshi Inagaki y estrenada en 1958, es un remake del filme de 1943 filmado por el mismo director. Fue premiada con el León de Oro en el Festival de Venecia de ese mismo año, coincidiendo con una época en la que los estudios como Toho (productora de la cinta) exportaban por igual el chambara (cine de samuráis) y el drama de posguerra, con notable éxito y sobre todo con mucho interés por parte de las élites culturales de occidente. La película es en principio una adaptación de la novela de Shunsaku Iwashita Tomishima Matsugoro Chuan, aunque finalmente el guión cambia mucho con respecto al libro… cosas de la censura japonesa de los 40. En lo que coinciden novela y guión es en que se basan en una leyenda del folklore popular: la vida de Matsu el Salvaje, rikisha de Kokura.

Inagaki hace con esta cinta una segunda incursión en la historia de Kokura, pues venía de filmar la trilogía Samurai, basada en la vida de otro residente de la ciudad, el espadachín Miyamoto Musashi. Aunque en el caso de la serie del samurái, Inagaki lleva al cine la historia de ficción de Eiji Yoshikawa, que sitúa la acción en el Castillo de Himeji y no en el de Kokura. En El hombre del carrito, sí esta presente el Castillo de Kokura, donde el Musashi “histórico” sirvió al clan Ogasawara. Es un lugar emblemático de esta pequeña ciudad norteña de la isla de Kuyshû de la que poco queda hoy en día, salvo el mencionado castillo (profundamente reformado) y sus festivales de verano.
Castillo de Kokura (Foto: Página oficial de la ciudad de Kitakyushu)Kokura Gion Matsuri (Foto: Página oficial de la ciudad de Kitakyushu)

Los festivales y el taiko de Kokura son elementos que se describen y destacan en El hombre del carrito. En Kokura se toca el taiko (gran tambor japonés) con un ritmo llamado “de Gion” (en referencia a la música del famoso festival de Kioto), pero con un toque autóctono especial: algún cronista lo describe como midare-uchi (乱れ打ち; latido desordenado), y, realmente, yo lo he escuchado: suena como el latido del corazón.  Para muestra, este vídeo sobre el festival de Kokura. Dura ,algo más de quince minutos, pero merece la pena ver los preparativos, las actuaciones, el desfile, etcétera.

En el filme de Inagaki, Matsu sale de entre la muchedumbre en el festival de Kokura, y atándose el hachimaki o bandana a la frente, se coloca frente al gran taiko y comienza a tocarlo, para sorpresa y regocijo del público:

<<“¿Quién toca el tambor?” “Un voluntario.” ” No sabía que quedara alguien que pudiera tocarlo.” “¿Es el ritmo que decías?” “Si, ese es el auténtico Gion. Escúchalo bien.”>>

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Hay que decir que el repertorio de ritmos de Matsu es mas amplio, y no se reduce al de Kokura…empieza lento, luego acelera y al final se desboca. ¡Nada que ver! Pero así es el cine. Esta endiablada escena es extraordinaria y está llena de fuerza.

Realmente, he de decir que he intentado encontrar, de entre páginas web y medios de comunicación de Kitakyushu (ciudad matriz a la que pertenece Kokura), documentos que explicasen algo sobre el Matsu de la leyenda local. No hay casi nada. Hay una pequeña referencia, una frase en un blog, que por su escasa entidad, omitiré. ¡Una lástima! Si de entre quienes me leéis, sabéis algo, aportadlo, por favor; sería algo enriquecedor. Tengo la sensación de que la película de Inagaki fue la que mas contribuyó a la recuperación de la leyenda de Matsu el Salvaje.

Entonces, ¡volvamos a la película!, a sus múltiples mensajes. El hombre del carrito encarna el dolor de la ingratitud y el amor no correspondido. Pero el primitivo y generoso Matsu representa algo mas: una profesión dura, mal pagada y en peligro de extinción (en la película el tren, transporte estrella del inicios del siglo XX, es telón de fondo de algunas escenas); y la tradición, que se desvanece con la modernidad, simbolizada por ese tambor que nadie sabe tocar o esos muros de ladrillo, típicamente occidentales, que rodean las casas que aparecen en la película. En este filme se suceden los años, las estaciones e incluso la guerra, y los niños se van haciendo mayores de festival en festival. Hay momentos tristes, otros alegres e incluso hay episodios para morirse de risa; pero por debajo de todo ello late el dolor por el paso del tiempo. Inagaki utiliza los símbolos o imágenes alegóricas de forma magistral: la rueda del carro, el mar embravecido, la flor silvestre. Todas significan algo que tendréis que interpretar. Y hasta aquí puedo leer…

La elegante actriz Hideko Takamine realiza una impecable interpretación de la viuda Yoshioka. Consciente de su clase social, algo muy arraigado en Japón, la madre de Toshio actúa siempre de forma suave, controlada y fría; nunca jamás cruzará la línea roja que separa a una alta dama de un rikisha tosco e iletrado, por muy heroicas que sean sus cualidades. Sus ausencias con respecto a Matsu, su indiferencia en algunos momentos, causan dolor al espectador. La vida de Toshio y su evolución, representada por los dos actores, Kenji Kasahara (niño) y Kaoru Matsumoto (joven), es el hilo conductor de esta triste historia. El legendario Toshirô Mifune, en la piel de Matsu, construye a este héroe trágico de una manera para la que no hay palabras: soberbio, expresivo, desbordante de energía física y gestos (en algunas ocasiones incurre en un cierto histrionismo, advierto, sobre todo al principio), todo se le ha de perdonar. La escena del taiko, a la que ya me he referido, es para mí su declaración de intenciones, ese ansia de vivir que es Matsu. Impagable. Pero hay muchos momentos más con una enorme carga emocional. ¡Importante! Para los que os animéis a ver la película: atención a la última palabra pronunciada en el filme…¿quién la dice? ¿cómo la dice? ¿qué quiere decir? Ahí os lo dejo.
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Es por todo ello que os recomiendo su visionado. Dejando a un lado que pueda caer en ocasiones en la trampa de la sensiblería, El hombre del carrito es una gran película. Puede que no alcance el rango de obra maestra (algún famoso director español llegó a comentar que estaba sobrevalorada), pero sinceramente, no le hace falta. Con ella reiréis a gusto y lloraréis a mares. Y de paso os podréis acercar, un poco mas, al corazón de Japón.

Y recordad…el cine, a ser posible…siempre en versión original.

Nota: la película se puede adquirir en Amazon. Y para los que viváis en Madrid, hay un videoclub especializado en películas de todas las nacionalidades, donde la podéis alquilar.

8 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Mariano dice:

    Me ha encantado el artículo. Haré lo posible por ver la película, por supuesto en V.O.

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    1. No lo dudes, la voz de los personajes tiene mucha importancia para conocer su diferente extracto social, y la VO aquí tiene mucha diferencia con la versión doblada. Y en cuanto al tema, es universal, por lo que yo la recomendaría a cualquiera. ¡Ya me contarás cuando la veas! Un abrazo.

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  2. Itziar dice:

    Me ha encantado tu articulo. Voy a buscar la pelicula, que tengo ganas de verla.
    Enhorabuena.

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    1. ¡Muchas gracias, Itziar! No te arrepentirás de verla. Objetivamente tiene una alta calidad artística y el mensaje es universal. Un abrazo.

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  3. Javier dice:

    Muy buen artículo y muy bien escrito. Te felicito.

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    1. ¡Muchísimas gracias! Vendrán más…

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      1. Hortensia dice:

        Muy bueno enhorabuena

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      2. ¡Muchas gracias! Espero que haya despertado tu interés. Besos.

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